La presión social por tener pareja puede convertirse en una fuente constante de ansiedad, tristeza y sentimientos de soledad, especialmente en contextos en que el amor romántico se vive desde la dependencia y no desde la estabilidad emocional.
De acuerdo con el psicoterapeuta Jorge Canul Ramírez, durante el llamado “mes del amor” —llamado así principalmente por el 14 de febrero—, esta presión no surge de manera espontánea, sino que se construye desde edades tempranas.
“Solo nos enseñan a depender de las personas y a repetir un patrón de conducta”, lo que más adelante se traduce en ansiedad al momento de elegir o sostener una relación de pareja.
Apego ansioso
Aunque este fenómeno no es exclusivo de la entidad, el especialista advierte que en Yucatán se observa una particularidad: un apego ansioso muy arraigado, producto de la forma en que se educa emocionalmente. “Aquí generamos mucho apego ansioso”, señala.
Esta dinámica lleva a anteponer siempre a la pareja por encima de uno mismo y a vivir las relaciones desde la necesidad afectiva. Expresiones normalizadas como “sin ti no soy nada” o “eres el hombre de mi vida”, escuchadas desde la infancia, refuerzan esta idea de dependencia.
Este tipo de apego, explica Canul Ramírez, propicia relaciones insanas y dificulta la autonomía emocional. En Yucatán es común que la vida social esté completamente ligada a la pareja. “Aquí no puedes salir sin tu pareja, aquí no puedes tener otra vida si no es con tu pareja”, una dinámica que contrasta con lo que ocurre en otros contextos culturales.
Huir del desamor
Desde esta lógica, el desamor se vive como “una amenaza profunda”. La ruptura o la traición no solo duelen, sino que suelen interpretarse como un fracaso personal. “El desamor nos hunde en una depresión y un estado de ansiedad muy fuerte”, señala el especialista, quien agrega que, en lugar de vivir el duelo como un proceso de análisis y aprendizaje, muchas personas caen en el autosabotaje, cuestionando su propio valor y reforzando el miedo patológico a la soledad.
Fechas como el 14 de febrero intensifican estas emociones. Para Canul Ramírez, se trata de una expectativa social insana que coloca el amor en un solo día del año. “Es una fecha que no debería de existir”, afirma. Él considera que el afecto en pareja es una construcción cotidiana y no un evento anual.
La cercanía de esta celebración incluso lleva a algunas personas a postergar decisiones importantes, como terminar una relación que ya no es sana, con tal de no enfrentarse a la fecha en soledad.
A esta carga emocional se suma la presión económica: la idea de demostrar amor a través de regalos puede generar un fuerte estrés financiero, sobre todo cuando los ingresos son limitados.
“Se va a esforzar a darle un golpe a su economía con tal de llevarle un regalo que no es una muestra de amor”, lo que puede derivar en conflictos de pareja cuando el consumo se asocia erróneamente con el afecto.
En cuanto a la demanda de atención psicológica durante este mes, Canul aclara que no se ha observado un aumento significativo en febrero. Por el contrario, asegura que los repuntes más marcados suelen darse en diciembre y enero, períodos en que se concentran más duelos y estados ansiosos.
Además, refiere que los estudios apuntan a que la expectativa de que el 14 de febrero “sea perfecto” genera más ansiedad que depresión.
Respecto a cómo las nuevas generaciones manejan estas situaciones, Canul reconoce avances importantes, como la normalización de la terapia psicológica. Sin embargo, advierte de un panorama preocupante: muchos niños y adolescentes crecen en contextos de abandono emocional y vínculos destructivos.
“No romantizan el amor, sino romantizan vínculos insanos”. Lo que podría traducirse en adultos con relaciones dependientes y patrones repetitivos de sufrimiento emocional.— Karla Acosta Castillo
De un vistazo
Estabilidad emocional
Desde su experiencia clínica, el psicoterapeuta Jorge Canul Ramírez subraya la importancia de trabajar la estabilidad emocional antes de buscar una relación de pareja.
Vínculos más sanos
Aprender a estar solos, ver la soledad como un estado de tranquilidad y no como una carencia, y sanar las propias heridas son pasos claves para construir vínculos más sanos y menos condicionados por la presión social que, cada febrero, vuelve a ponerse sobre la mesa.
