• imágenes sobre la presentación del grupo Bacilos en el Mérida Open la noche del 26 de febrero.
  • Dos imágenes del prendido concierto que ofreció el grupo Bacilos en el Country Club, anteayer, como parte del torneo femenil WTA 500

La noche del jueves, el Mérida Open dejó atrás el eco seco de los raquetazos y la tensión de la competencia para transformarse en una celebración musical que envolvió el foro del Yucatán Country Club, dentro de las actividades del torneo femenil WTA 500.

Tras el último encuentro de la jornada, cientos se reunieron frente al escenario, mientras se encendía con luces cálidas y la expectativa crecía ante la espera. Bastaron las primeras notas para que Bacilos tomara el espacio y lo transformara en un gran coro colectivo.

El concierto inició con “Pasos de gigante”, tema que envolvió con cercanía optimista. El vocalista y compositor Jorge Villamizar se mostró emocionado de pisar nuevamente suelo yucateco y, entre aplausos, agradeció la invitación al torneo, destacando la calidez del público local.

La energía continuó con “Por hacerme el bueno”, interpretada con un ritmo que pronto hizo que los brazos se alzaran y la gente cantara y bailara sin reservas.

El ambiente se volvió plenamente festivo cuando sonaron los acordes de “Perderme contigo”.

Amorosas parejas, grupos de amigos, aficionados al tenis y seguidores de la banda de todas las edades, se entregaron en una pista improvisada, donde todos bailaban y coreaban como si la noche se hubiera detenido por un momento.

Villamizar recordó su faceta como autor y presentó el tema que popularizó el salsero Luis Enrique, “Yo no sé mañana”. El público respondió de inmediato, la melodía amplió la pista colectiva donde las almas bailaron con entusiasmo, mientras la también gozaba en el escenario.

La presentación continuó con un guiño multicultural cuando el bajista André Lopes invitó a los asistentes, particularmente a las tenistas brasileñas presentes, a cantar en portugués “Oh Lalá”. El momento tuvo un carácter casi carnavalesco, reforzado por la participación escénica de la corista Mónica Sierra, cuya potencia vocal y presencia escénica añadieron dinamismo y energía visual al espectáculo.

La noche avanzó entre anécdotas y reflexiones. Villamizar invitó al público a no dejar pasar las oportunidades cuando se trata del amor, introduciendo así “Bésela ya”, uno de los pasajes más emotivos del concierto, en el que se escucharon coros que sonaron en el recinto.

De inmediato, el violinista Pedro Alfonso protagonizó una entrada destacada que dio pie a “Tabaco y Chanel”, uno de los temas más emblemáticos de la agrupación, cantado con intensidad y acompañado por rítmicos aplausos.

La euforia alcanzó uno de sus picos con “Mi primer millón”, presentado por Villamizar como su “himno al capitalismo” y personalizado con la frase “desde Mérida hasta Nueva York”, lo que causó risas, gritos y una respuesta inmediata del público, que coreó cada verso con entusiasmo.

Tras poco más de una hora de música continua, el cierre llegó con “Caraluna”, precedido por fragmentos de “Un montón de estrellas”.

En un gesto que conmovió a los asistentes, la banda invitó a un niño del público a subir al escenario.

El pequeño cantó y bailó con soltura, convirtiéndose en símbolo vivo de la vigencia generacional del grupo y provocando una ovación generalizada.

La producción del concierto se mantuvo sobria pero muy efectiva un juego de luces cálidas, pantallas con visuales dinámicos y la ejecución musical sólida de los músicos que permitió que la esencia de las canciones y la conexión con el público fueran los protagonistas.

La velada reflejó la capacidad de la música para transformar el ambiente, pues lo que horas antes había sido un espacio de competencia deportiva se convirtió en un territorio de celebración y emociones.

Así concluyó la jornada del jueves en el Mérida Open 2026, con una noche en la que el deporte cedió el protagonismo a la música y la nostalgia.

En medio de coros cantados a todo pulmón, ritmos caribeños y una atmósfera festiva que se extendió más allá del último acorde, quedó claro que en Mérida la pasión por el tenis y el espectáculo puede convivir en una misma fiesta que late al mismo ritmo. Luego hubo música de Dj para quienes deseaban seguir bailando.— DARINKA RUIZ Morimoto

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