El golfista estadounidense Gary Woodland, campeón del Abierto de Estados Unidos de 2019, reveló que sufre trastorno de estrés postraumático (TEPT) debido a la operación a la que se sometió en septiembre de 2023 por un tumor cerebral y que, a pesar de haber vuelto a las competencias, no ha logrado recuperarse emocionalmente, reporta la agencia EFE.
“Ya no puedo malgastar energías ocultándolo, y tengo la suerte de contar con mucho apoyo aquí en el (PGA) Tour. Cada semana salgo y todos están muy emocionados y felices de que haya vuelto. Lo escucho todas las semanas: es tan agradable haber superado esto, es tan agradable verte al cien por cien… y agradezco ese cariño y apoyo. Pero por dentro, siento que me muero, que estoy viviendo una mentira”, confesó Woodland en una entrevista con el canal de televisión Golf Channel.
En la víspera de su participación en el torneo The Players en Florida, del PGA Tour, que comienza mañana, el jugador de Kansas, de 41 años y 148 del ránking mundial, quiso dar a conocer la realidad que vive a diario.
Detección
El calvario de Woodland comenzó en 2023, cuando se le detectó un tumor en la cabeza que le llevó al quirófano el 18 de septiembre de ese año para someterse a una craneotomía y extirparle el tejido afectado.
En enero de 2024, regresó al circuito estadounidense con “una cabeza robótica”, como él describió, por las placas y tornillos que le pusieron durante la cirugía, cerrados con treinta grapas.
La operación pareció poner fin al vía crucis para qien llegó a ser el número doce del mundo en el verano de 2019; sin embargo, las secuelas persisten en su mente.
Hace un año se le diagnosticó el TEPT, una afección de salud mental motivada, en su caso, por lo que supuso su lesión cerebral, cuyo tratamiento ha compaginado con la competencia en la liga de más prestigio del golf.
En la entrevista, relató lo que le ocurrió en el torneo Procore del circuito estadounidense, en Napa (California), en septiembre.
“Estaba hipervigilante. Un anotador me sobresaltó, se me acercó por detrás. Tiré de mi cadi y le dije: ‘No puedes dejar que nadie se ponga detrás de mí’. De repente, no podía recordar lo que estaba haciendo. Mi vista comenzó a nublarse. Era mi turno de golpear y no pude”, dijo.
Finalizó la ronda, pero no se recuperó: “Me pasé el resto del día llorando en todos los baños. Cuando terminé, me subí al coche y salí de allí. Hay días difíciles: llorar en la oficina de puntuación, correr al coche solo para esconderlo. Ya no quiero vivir así”.
El PGA Tour ha implementado protocolos de seguridad para que Woodland se sienta más seguro en los torneos.
Confió en que su caso y su voluntad de seguir jugando animen a otros que puedan tener trastornos similares: “Espero que alguien que esté luchando me vea aquí luchando, luchando e intentando vivir mis sueños (…) No puedes lograr esto solo, por muy fuerte que creas ser”.
Aunque admitió que los médicos le sugirieron que evitar entornos de estrés sería beneficioso para su salud, no se plantea dejar la competición.
“En un mundo ideal, probablemente no jugaría. Este es mi sueño. Tengo mucha fuerza de voluntad y no voy a dejar que esto gane (…) Quiero vivir mis sueños y tener éxito aquí. Pero también quiero ayudar a la gente. Ahora me doy cuenta de que primero tengo que ayudarme a mí mismo, y espero que este sea el primer paso para lograrlo”, indicó.
Al dar a conocer su enfermedad, Woodland expresó su deseo de que pueda liberarse del agotador esfuerzo de fingir que todo está bien.
En el palmarés de Woodland lucen cuatro victorias en el PGA Tour, todas anteriores al Abierto de Estados Unidos que conquistó en 2019.
