A través de su novela “La ausencia”, la escritora Mónica Lavín explora una pregunta que atraviesa a muchos autores a lo largo de su trayectoria: ¿De dónde nacen las historias y qué ocurre cuando alguien que ha dedicado su vida a escribir se enfrenta al silencio de la página en blanco?
A partir de esa inquietud, la obra se construye entre ficción, memoria e imaginación que incluso permite a su protagonista viajar en el tiempo para encontrarse con autoras que admira.
El libro fue presentado durante el programa de actividades de la Feria Internacional de la Lectura Yucatán, en una charla en la que la autora conversó con el escritor Carlos Martín Briceño, donde abordaron con el público algunas reflexiones sobre la historia y su estructura narrativa.
Martín Briceño explicó que se trata de una metanovela. La protagonista, Lavinia Melín —nombre construido a partir del de la autora—, es una escritora que intenta escribir una novela, pero se enfrenta a un bloqueo creativo.
“Vamos a asistir a cómo Lavinia Melín está escribiendo una novela que además no puede escribir”, comentó el presentador. Además, agregó que la protagonista “siente el deseo vehemente de escribir, pero no puede hacerlo, bloquea sus capacidades y llega a sentirse culpable”.
La trama toma un giro cuando el personaje tiene la posibilidad de viajar al Estados Unidos de mediados del siglo XX para conocer a tres escritoras que admira, —Carson McCullers, Katherine Anne Porter y Eudora Welty—-. A partir de esos encuentros, la autora entrelaza ficción, investigación y referencias literarias para recrear episodios de la vida de estas autoras y reflexionar sobre el oficio de escribir.
Durante la conversación, Lavín explicó que el libro surge de una inquietud sobre el origen de las ideas. “Es una novela sobre la escritura de la novela y sobre el surgir de dónde nacen las ideas”, señaló.
La autora comentó que parte de la inspiración surgió de una estancia que realizó hace años en una residencia artística en el norte del estado de Nueva York. En ese espacio convivían escritores, pintores y otros creadores que compartían conversaciones sobre sus procesos creativos.
Ese lugar, junto con una fotografía histórica en la que aparecían varias escritoras reunidas ahí en 1941, detonó la idea de imaginar un encuentro entre su personaje y aquellas autoras, así como un diálogo entre distintas épocas. Lavín también dijo que la novela juega con el artificio literario. “La novela es artificio, un juego entre ficción y realidad”. Para ella, escribir implica la posibilidad de construir mundos imaginarios donde los personajes cobran vida y permiten explorar preguntas sobre la memoria, el tiempo y la identidad.
En un momento de la charla, Martín Briceño preguntó a la autora sobre el sentido de la literatura en tiempos complejos. “Creo que escribir es resistir. Es creer en lo humano que tenemos”, afirmó en referencia al valor que tienen tanto la escritura como la lectura para comprender la realidad y seguir imaginando otros mundos posibles.— Karla Acosta Castillo
