La escritora Carmen Villoro Ruiz presentó la reedición de dos de sus trabajos más emblemáticos, “Jugo de Naranja” y “Obra Negra”, obras que comparten una característica particular: la capacidad de hacer poesía a partir de elementos que, en apariencia, podrían considerarse intrascendentes.
En el caso de “Jugo de Naranja”, la autora explicó que se trata de un conjunto de poemas que invita a reconocer lo maravilloso del arte en la vida cotidiana, incluso en aquello que parece simple. Señaló que en estos textos se encuentran “esos tragos a veces dulces, otros agrios y algunas veces amargos”.
El libro es una compilación de 100 textos poéticos centrados en objetos cotidianos que, dentro del discurso literario, evolucionan hacia una acción o una emoción antes de dar paso a otro objeto, creando así una cadena de asociaciones y significados.
Durante la presentación, la doctora Sara Poot Herrera fue la encargada de comentar la obra. La académica describió el espíritu del libro como “un cúmulo de las reminiscencias de la autora y que nos hacen rememorar las nuestras”, pues en él se observan escenas ordinarias que, al ser evocadas, revelan la dimensión extraordinaria que tiene la experiencia de vivirlas, aunque con frecuencia se pasen por alto.
La también profesora e investigadora definió la propuesta literaria como una “estética de lo aleatorio”, al considerar que en la obra se manifiesta la propia aleatoriedad de la vida de la autora combinada con su perspectiva personal. Como ejemplo mencionó la manera en que se pueden entrelazar elementos tan distintos como un tendedero y la música.
Por otra parte, “Obra Negra” se presenta como una propuesta más conceptual. La autora explicó que el libro se centra en “lo que no se ve en la puesta en escena”, es decir, en aquello que permanece detrás del escenario. En esta obra, Villoro construye poesía a partir de elementos como los signos de interrogación, a los que otorga un sentido simbólico.
En ese sentido, establece analogías en las que el signo inicial de interrogación funciona como el elemento que descorcha la duda de la pregunta, mientras que el signo final representa el momento en que se cierra ese despliegue de incertidumbre y queda abierta la expectativa de una respuesta que puede o no satisfacerse.
De esta manera, la autora observa en los elementos que conforman una obra la posibilidad de convertirlos en protagonistas de una reflexión poética.
El poeta y ensayista Roger Metri Duarte también comentó la obra de Carmen Villoro y destacó la capacidad de la autora para encontrar poesía en objetos con los que él mismo trabaja, como líneas, puntos y trazos. Asimismo, expresó su admiración por la habilidad y el dominio de la escritura presentes en cada uno de sus trabajos.
Metri Duarte señaló que “si bien nos habla de los espacios, estos surgen del corazón mismo”. Añadió que, con el pretexto de la geometría y los signos de puntuación, la autora pone sobre la mesa las contradicciones humanas, destacando su facilidad para expresar y plasmar aquello que los objetos aparentemente mundanos pueden provocar.
Por su parte, Carmen Villoro Ruiz comentó que uno de sus retos constantes es hacer que la poesía sea percibida como algo más accesible para todas las personas, especialmente mediante trabajos como estos, en los que elementos simples pueden convertirse en fuente de creación poética.— PABLO MAY PECH
