La presentación del libro “El dedal y la aguja”, del doctor Carlos Martínez Bolio, anteanoche en la Filey. Al médico y escritor (al centro) lo acompañan Marcos Reynoso Flores y Carlos Martínez Trujillo
La presentación del libro “El dedal y la aguja”, del doctor Carlos Martínez Bolio, anteanoche en la Filey. Al médico y escritor (al centro) lo acompañan Marcos Reynoso Flores y Carlos Martínez Trujillo

¿Pueden una aguja, un dedal y un hilo de henequén protagonizar una historia? La respuesta fue afirmativa en la presentación de la novela “El dedal y la aguja”, del doctor Carlos Martínez Bolio, anteanoche en la Feria Internacional de la Lectura Yucatán (Filey).

Ante numeroso público congregado en el módulo de la Uady, el conocido oftalmólogo yucateco compartió los hilos de esta historia y cómo los fue tejiendo.

En la presentación participaron también Carlos Martínez Trujillo, hijo del autor, y Marcos Reynoso Flores, editor del libro.

“El dedal y la aguja” nació “de recuerdos de mi niñez, especialmente cuando mis padres nos llevaban a Campeche para visitar a unos tíos; aquello siempre se convertía en una experiencia inolvidable”, dijo el doctor Martínez Bolio.

“En compañía de mis hermanos y de nuestros primos caminábamos de su casa, ubicada en el Centro, a la playa. Nos gustaba correr y jugar en una zona cercana, aparte de su imponente y centenaria muralla, de la que nos maravillaban su altura y el grosor de sus muros”.

“Recuerdo lo divertido de saltar y brincar con grandes zancadas, procurando no perder el equilibrio, sobre los varios cañones antiguos que, oxidados, yacían tirados en formación casi paralela, quizás olvidados, semiocultos en la arena”.

“Hoy, cuando relato esto a mis hijos y nietos se sorprenden y hasta sospecho que dudan de su veracidad. He regresado al sitio, pero muchas cosas han cambiado”, añadió sobre la fuente de inspiración de esta obra, de más de un centenar de páginas.

“Lo vívido de esos recuerdos me llevó de la mano a escribir esta novela; las ideas fueron discurriendo y las palabras fluyendo”.

“Los recuerdos de remojar los pies en las tranquilas aguas del océano campechano, pisar aquellas arenas y caminar por las calles de la ciudad, tocar las paredes amarillas de la casa de mis parientes, competir entre todos los niños para ver quién llegaba primero para tocar la muralla me ayudaron a hacer acopio de elementos para armar la narrativa”.

“Rescaté de mi memoria a personas maravillosas que, de una u otra forma, aún existen y seguirán presentes. A algunos los ‘hice’ actores, les cambié sus nombres e inventé otros. No creo haber mentido porque en una novela se vale casi todo, empezando por fantasear, pero intento resaltar partes de una vida pasada que de alguna manera nos recuerda buenos y malos sucesos”.

“Estar en Campeche y no pensar en la piratería es imposible. Ese flagelo no solo sigue presente en la península de Yucatán, materializada en algunos puntos históricos. La piratería continúa viva y goza de ‘buena salud’ en muchos lugares del planeta. No se ha ido, más bien se ha transformado y adaptado a nuevas expresiones igualmente crueles y perversas, como también lo ha hecho la antigua figura de la patente de corso, consistente en el otorgamiento oficial de una licencia, por algunos gobiernos, a ciertos individuos, para robar y asesinar”.

“Pensar en este tema me transportó, de alguna manera, a los últimos cuatro siglos, al Mar Caribe y al Golfo de México, a la injusticia, al dolor y sufrimiento causados por despiadados rufianes venidos de otros lugares quienes, a veces coludidos con gente de la localidad, asolaron y devastaron poblaciones costeras donde robaron, mataron, secuestraron mujeres y niños, traficaron esclavos y depredaron salvajemente nuestras selvas peninsulares”.

“De todo esto, me aflige una inquietante pregunta: amigos, ¿habrá cambiado algo en nuestro país y en nuestro mundo?”.

Aseguró que su nueva novela, “además de ser un tejido de aventuras y de acción, enmarcado en un telón histórico de fondo, nos recrea el valor, la bondad, la humildad, el humor, la dignidad, el respeto por la naturaleza y el amor entre los seres humanos, valores que, afortunadamente, resisten la prueba del tiempo”.

“En medio de ese pasado con reflejos cotidianos en nuestro presente tomé tres pequeños y sencillos objetos: un dedal, una aguja y una hebra de henequén. La aguja atraviesa, el dedal la empuja y el hilo une. Con esto desarrollé una historia humana formada por dos culturas”.

“Un libro no está completo nunca, ni cuando crees que se terminó de escribir, porque siempre surgen ideas y vertientes en su contenido, desarrollo y forma, convirtiéndose en algo inacabado. De lo que estoy seguro es que solo estará terminado cuando ustedes, apreciados lectores, lo hagan suyo”, añadió al invitar a leer la historia, que con precio de $280 se vende en el módulo de la Uady.

Carlos Martínez Trujillo dijo que su padre es un cuentacuentos. “Podríamos hablar de su formación académica, de sus mentores como Carlos Castillo Peraza, de sus textos en Diario de Yucatán y en otros medios, pero yo recuerdo otra cosa: recuerdo sus historias”.

“También es médico, es padre, hermano, gran esposo. Es un hombre espiritual y atento, un promotor de la conciencia que ha aprendido a estar cada vez más presente y también es alguien que se levanta todos los días, a las 5 a.m., a trabajar. Siempre trabajando, siempre creando”, reveló Martínez Trujillo, quien en la novela es el personaje de Calín Bombín.

Por su parte, Marcos Reynoso destacó que el doctor Martínez Bolio es “un escritor versátil” al que hay que aprovechar.

Al dar paso a los comentarios del público, una asistente pidió consejo al autor sobre cómo escribir.

El doctor Martínez Bolio respondió recordando cuando su padre usaba la máquina de escribir y que él aprendió a redactar mensajes como forma de comunicación.

Asimismo, la invitó a escribir su biografía y la de los integrantes de su familia.— CLAUDIA SIERRA MEDINA

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