Juan Villoro en su reciente visita a Mérida para participar en la Filey
Juan Villoro en su reciente visita a Mérida para participar en la Filey

En su regreso a Mérida, ciudad que reconoce como una extensión íntima de su propia biografía, Juan Villoro encontró de nuevo en la Feria Internacional de la Lectura Yucatán, la Filey, un espacio de reunión con lectores y un territorio de sus propias memorias. Hijo de yucateca y nieto de una familia originaria de Progreso, el autor evoca su vínculo afectivo con la región, al tiempo que recuerda el significado especial que ha tenido este evento literario en su trayectoria, en el que ha sido distinguido con el Premio Excelencia en las Letras “José Emilio Pacheco” y participado en homenajes a escritores como David Toscana.

Su relación con Yucatán, incluso, se entrelaza con su otra gran pasión, el fútbol, desde aquellos años en que el Necaxa tenía al “Yuca” Peniche en sus filas.

Invitado a presentar sus más recientes obras, “No soy un robot” y “Los héroes numerados”, Villoro comparte con el Diario una mirada cercana sobre el balompié, presente en su trayectoria y en este último libro. No como espectáculo deportivo, sino como un fenómeno cultural y emocional.

Juan Villoro explica la pasión por el fútbol

En su perspectiva, el interés no radica únicamente en el juego, sino en la intensidad de la pasión que despierta, en la manera en que las personas depositan en un equipo sus anhelos y frustraciones.

Retomando una idea de Javier Marías, definió al fútbol como una “recuperación semanal de la infancia”, un espacio donde la emoción colectiva permite a los espectadores reconectar con una dimensión esencial de su humanidad.

Sin embargo, esa dimensión lúdica convive con tensiones profundas. Villoro advierte que el fútbol contemporáneo se ha convertido en una “manzana de la discordia”, atravesado por intereses económicos, políticos y mediáticos que han transformado su naturaleza.

Encarecimiento de espectáculos deportivos

La especulación financiera, el encarecimiento de los espectáculos deportivos y la fragmentación de las transmisiones en múltiples plataformas han alejado al público, en un proceso que, a su juicio, revela un extractivismo que lastima a la afición.

A ello se suman problemáticas como el racismo, el machismo y el dopaje, que hacen más complejo el panorama de un deporte que, paradójicamente, aún es una de las formas más universales de entretenimiento.

En contraste, destaca el surgimiento del fútbol femenil como una de las transformaciones más significativas de los últimos años. Considera que la consolidación de ligas profesionales, particularmente en México a partir de 2017, ha visibilizado un juego más cercano a los valores originales del deporte, menos condicionado por la especulación económica y más enfocado en la competencia genuina.

Para Villoro, este ámbito representa una reserva de autenticidad, aunque advierte que no estará exento de tensiones conforme aumente su proyección y relevancia.

El concepto de heroísmo ocupa un lugar central en “Los héroes numerados”, en el que Villoro se aparta de la exaltación de las figuras dominantes para reivindicar a quienes triunfan contra todo pronóstico. En su visión, el héroe no es el favorito que confirma su poder, sino aquel que, desde la desventaja, logra imponerse.

La sorpresa se convierte en justicia poética

Ejemplos como la victoria de Camerún sobre Argentina en el Mundial de 1990 ilustran esta idea, en que la sorpresa se convierte en forma de justicia poética. Bajo esta lógica, el fútbol se revela como un escenario donde la debilidad puede transformarse en fortaleza mediante la astucia y determinación.

Esa noción se extiende a las historias de vida que el autor recoge en su obra, en las que los futbolistas aparecen como figuras de resistencia. Cita casos como el del chileno Carlos Caszely, quien desafió a la dictadura de Augusto Pinochet al negarse a saludarlo públicamente, y el del croata Luka Modric, cuya infancia marcada por la guerra no impidió que se convirtiera en una de las figuras más destacadas del fútbol mundial.

Estas trayectorias, señala, evidencian que el deporte también puede ser un espacio de dignidad, conciencia y superación.

Villoro vincula estas reflexiones con su preocupación por el entorno digital contemporáneo, tema abordado en “No soy un robot”. En ambos casos, advierte sobre las tentaciones que afrontan las nuevas generaciones, la enajenación tecnológica y la mercantilización de las pasiones colectivas.

El mundo digital, herramienta valiosa

En su diagnóstico, el mundo digital ofrece herramientas valiosas, pero también implica riesgos al convertir a los usuarios en mercancía a través de la explotación de sus datos personales.

El escritor subraya la importancia de la lectura como un acto de resistencia y autonomía. Leer, afirma, permite pensar por cuenta propia y preservar una identidad auténtica en medio de múltiples presiones externas. Tanto el deporte como la tecnología pueden ser espacios de liberación, siempre que el individuo mantenga el control sobre ellos y no a la inversa.

En ese sentido, su obra se presenta como una doble exploración de los territorios donde se disputan las formas de la libertad, la pantalla y la cancha. Propone una defensa del pensamiento crítico y la experiencia humana en su estado más genuino.— Darinka Ruiz Morimoto

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