Conchi León en una escena de “Pedro y Julián”, en el Daniel Ayala
Conchi León en una escena de “Pedro y Julián”, en el Daniel Ayala

Hay episodios de vida que se convierten en obras de teatro, y sus historias resultan tan cercanas y vívidas que tocan el corazón, conectan de manera tal que se puede sentir la alegría, el miedo y la esperanza de sus personajes, pero sobre todo su amor.

Y eso sucedió en la presentación de “Pedro y Julián”, de la autoría de Conchi León, que fue parte de las celebraciones del Día Mundial del Teatro.

La puesta en escena se presentó anteanoche en el Teatro Daniel Ayala Pérez ante un numeroso público que llenó el recinto.

El elenco estuvo encabezado por la propia Conchi León e Ilse Morfín, quienes dan vida a una madre y su hija que, sin previo aviso, deben cuidar a dos niños de tres y seis años, sus sobrinos, a quienes los padres abandonan sin mediar palabra ni se sepa su paradero.

La historia se inicia al comienzo de la pandemia, cuando, como hace notar una de las actrices, “todo se canceló, hasta el corazón”, o al menos eso creía, porque dos pequeños llegan a su vida y a la de su madre para ponerla de cabeza, llenarla de retos y construir poco a poco lazos entrañables, llenos de amor.

Los vínculos afectivos en contextos complejos, no sólo por la pandemia sino por el abandono que sufrieron los pequeños y el descuido en el que se presume los tenían antes de dejarlos a su suerte, se exploran en la obra.

Bajo el género del biodrama, los espectadores pudieron acercarse un poco más a la vida de Conchi León, quien suele retomar sus vivencias personales y familiares para crear estas historias que lleva a la escena.

El hogar

La escenografía minimalista transporta a la audiencia a la casa donde todo sucede, y en la que de manera ingeniosa se cuelgan hamacas, un elemento necesario para narrar la trama, de la que forman parte importante los dos niños, representados por un par de títeres hábilmente manipulados por Teo Flores y Oswaldo Ferrer.

Pavos, pájaros, un perro y un gato son otros personajes de la trama y aportan un toque curioso y creativo a la historia, que si bien parece un drama, acaba convirtiéndose en una historia de amor con toques de humor.

El aprecio que el público le tiene a Conchi León salió a relucir cuando apareció para su primera escena en la obra, pues los aplausos resonaron fuertes y prolongados.

En varios momentos se rompe “la cuarta pared” y esto hace que la historia se sienta más cercana, que el público perciba que es a cada uno a quien le están contando la historia.

La obra conmueve por la situación que plantea desde una mirada fresca y clara, y porque toca también un momento sensible en la vida de todos, la pandemia, removiendo sentimientos que se generaron a raíz del encierro y las circunstancias de vida que se experimentaron.

Los asistentes disfrutaron del montaje, rieron, suspiraron y quizá hasta sintieron un “nudo en la garganta” en algunas escenas, inspiradas por la ternura de los personajes y sus identidades tan sensibles y humanas.

El agrado por la propuesta se notó con los aplausos de la concurrencia al final de la función.

Antes de la presentación, la secretaria de la Cultura y las Artes, Patricia Martín Briceño, dio un mensaje con motivo del Día Mundial del Teatro en el que resaltó que “cada 27 de marzo el mundo entero vuelve la mirada al teatro como un espacio que nos permite reconocernos, mirarnos en otras historias y entender desde la escena algo de lo que somos”.

También se dio lectura al mensaje internacional que cada año se emite con motivo de esta efeméride, y que este año fue escrito por Willem Dafoe, figura destacada en el ámbito escénico, quien reflexiona sobre el teatro como un espacio social y político esencial para comprenderse a uno mismo.— IRIS CEBALLOS ALVARADO

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