CIUDAD DE MÉXICO (EFE).— En Ciudad de México, el cabello que cae en una peluquería puede terminar limpiando los canales de Xochimilco y abrir la posibilidad de que el ajolote, especie en peligro de extinción, regrese a su hábitat.
“Los vamos a regresar”, asegura Josefina González, quien resguarda junto a su esposo Roberto un ajolotario en Xochimilco, que en 2021 comenzó a operar con dos ejemplares y hoy alberga más de 60, además de decenas de huevecillos.
En uno de los últimos refugios del ajolote se mantiene la esperanza de que este anfibio vuelva a nadar en el agua que Josefina vio limpia cuando era una niña y hoy está turbia, contaminada y sin la especie endémica que antes recorría los canales.
El ajolote —mascota del Mundial de Fútbol en Ciudad de México— prácticamente ha desaparecido de Xochimilco en la última década, con censos que pasaron de registrar menos de 300 ejemplares por kilómetro cuadrado a ninguno, explica Michel Balam Traverse, de la Comunidad Independiente de Manejo Ambiental (CIMA), proyecto Santuario Ajolote.
En gran parte esto se debe a la contaminación “brutal” del agua por descargas domésticas y comerciales, bacterias y metales pesados.
Para revertir este deterioro, ya se colocan en los canales filtros hechos con cabello humano, cada uno con cerca de un kilo de pelo, capaz de retener hasta cinco veces su peso en contaminantes.
Sujetos a una trajinera, los dispositivos se prueban por primera vez en el agua para ofrecerlos a las embarcaciones que navegan por los canales, en un proyecto que desde octubre pasado ha colocado una veintena de filtros en las orillas de los cauces.
“Imagínense que pudiéramos tener 500 trajineras con estos dispositivos, estaríamos limpiando el agua todos los días”, señala Balam.
Tras permanecer cerca de dos meses en el agua, los filtros se retiran y se tratan con bacterias que descomponen aceites y grasas, lo que permite reutilizarlos o integrarlos al suelo sin que se generen residuos.
“Parece que es mágico el cabello, pero no es así. Son millones de años de evolución que han hecho que esta fibra que nos servía para atrapar aceite, grasa y que nos daba ese recubrimiento extra hoy día nos sirva para hacer la remediación de cuerpos de agua contaminados”, considera Mattia Carenini, fundador de Matter of Trust Latam.
Esa misma propiedad ha hecho que el pelo se utilice también en la limpieza de derrames de petróleo, como en Veracruz, donde la organización ha capacitado a comunidades en el manejo seguro del pelo.
Según el experto, el material se adhiere a los hidrocarburos y facilita su recolección, aunque su efectividad depende de las condiciones del derrame, además de que existen riesgos en la disposición, como quemaduras o cáncer.
Para hacer posibles los filtros de pelo, la organización ha conformado una red de 33 estéticas y barberías en todo el país que recolectan en promedio dos kilos de cabello al mes (202 kilos en 2025).
En una barbería del Estado de México, el cabello que cae al suelo deja de ser desecho para convertirse en parte de este proceso.
Mientras le cambian el corte, Luis, un cliente, admite que no sabía que su cabello terminaría ayudando al ajolote, pero subraya que se siente satisfecho de aportar su “granito de arena”.
Javier Rangel, copropietario de JR Barber Studio, comparte que esa es justamente su motivación para formar parte de la red: “Así demostramos que las pequeñas acciones, incluso una pequeña barbería, puede ayudar a cambiar el mundo para nuestros hijos en un futuro”.
“Existe un modelo de negocio sostenible, tanto para ellos como también para nosotros, de manera colectiva”, concluye Constanza Soto, socia fundadora de Matter of Trust Latam.
La iniciativa forma parte de una red internacional que desde hace más de dos décadas utiliza el cabello para limpiar el agua y regenerar suelos en distintos países, un modelo que ahora busca escalar en México.




