La humildad es el fundamento sólido de todas las virtudes.— Confucio
Hay aspectos tan comunes en el mundo del arte que, pocas veces los analizamos como un factor común. Es así como existen tres actitudes que tienen una repercusión en la forma de relacionarse, promoverse, proyectarse o crear. Estos se han convertido como una forma de crear una imagen pseudo-exitosa que toman para resaltar o formar un modelo de superioridad intelectual o creativa algunos actores de mundo de la cultura (artistas, curadores, galeristas, burócratas culturales y hasta cronistas).
Es así como el ego (del latín ego, que significa yo) en el arte se nos presenta como una dilogía, por una parte, éste actúa como motor de seguridad y confianza para crear y defender un punto de vista personal, pero que, aquellos con un ego muy elevado pueden llegar a adoptar posiciones narcisistas, negando la superioridad técnica, capacidad o el conocimiento de otros colegas; es decir convierten en narcisistas. Por lo que se puede decir que la visión personal puede convertirse en un obstáculo (egocentrismo) cuando se busca el reconocimiento, aplausos o destacar menospreciando a otros.
Es esencial para cultivar una voz propia, aunque un equilibrio para evitar que la vanagloria supere la calidad creativa, no viendo nuestro trabajo frente a los de los colegas. También he observado que aquellos con un ego elevado que se toman demasiado en serio, se convierten en narcisistas (persona que muestra un patrón generalizado de grandiosidad en la imaginación o en el comportamiento), con una necesidad constante de admiración, un sentido exagerado de auto importancia, es decir, una fijación en su propia imagen y una notable falta de empatía hacia los demás) o medir las cualidades estéticas de la a través del éxito económico (mercado del arte)
Por otra parte, en el sentido positivo que tiene similitudes con la autoestima creativa, éste es esencial para la autoconfianza y la materialización de visiones creativas; y permite desde luego al artista sustentar sus elecciones creativas frente a las críticas y los ataques, claro está que no siempre hay que tomarse la crítica como una agresión u ofensa victimizándose por lo dicho.
Respecto a la vanidad (del latín vanitas-vanitatis, que se puede entender como la cualidad de lo vano, pura apariencia, presunción de que se posee algo que en realidad no se tiene).
Palabra que podemos en ocasiones emplearla como sinónimo de arrogancia, presunción o envanecimiento; en el arte, la podemos ver desde dos formas distintas: como un género pictórico histórico (vanitas) que recuerda la fugacidad de la vida o, como la actitud egocéntrica; es así como podemos relacionarla con el mercado del arte actual, que está marcado por una alta especulación que llega a ser hasta fraudulenta, donde los precios a menudo no reflejan la calidad ni un concepto original, sino se nos venden como el capricho o la manipulación entre galerías, casas de subastas y coleccionistas, en donde la hipocresía en el mercado del arte a menudo proviene de la tensión entre las altas aspiraciones del comprador de arte y una realidad pragmática del mercado, la cual exhibe lujo, riqueza y estatus, posicionamiento común no solo en las galerías, sino más claramente en las ferias de arte. Además, existen las llamadas “galería de vanidad”, las cuales cobran una tarifa al artista para que expongas su obra. Finalmente, la soberbia (del latín superbia)que está relacionado como un concepto religioso, ya que ésta se encuentra dentro de los ocho pecados capitales que, según, atraían al hombre al infierno, en ocasiones usada erróneamente como sinónimo de orgullo que, de conformidad con lo mencionado por Richard Taylor, éste es “el justificado amor a uno mismo”; asimismo en el arte, la cual como una forma de expresión pictórica representa a un pecado capital, personificado a través de alegorías de opulencia, lujo, derroche y el uso de símbolos como el pavo real, espejos o figuras elevadas que miran con desdén y espacios cargados de decorados, y busca criticar la arrogancia humana, el egoísmo y la falsa superioridad.
Es preciso decir que estas actitudes puede ser un escudo para esconder no solo baja autoestima, sino también la carencia de conocimiento o destreza técnica, tan común en el mundo del arte actual inclusive, en nuestra propia Entidad.
Vale hacer hincapié que los reconocimientos públicos o políticos (medallas, diplomas, honoris causa, premios, etc.) no siempre son el sinónimo de un trabajo, trayectoria significativa o reconocen la innovación y valor cultural, ya que en muchas ocasiones son otorgados con falta de transparencia, por favoritismo, con corrupción de los jurados, por amiguismo o militancias políticas.
Crítico y Curador
