Hace poco empecé una novela que plantea algo simple pero poderoso: en la vida existen tres momentos: a su debido tiempo, con retraso y demasiado pronto.
Y me quedé pensando.
Porque esos tres momentos no son absolutos… los vemos desde donde estamos parados.
Yo, por ejemplo, he usado muchas veces la frase: “es muy pronto”.
Como una respuesta automática para algo que no quiero o no puedo hacer.
“Vamos de viaje.”
“Vamos a invertir.”
“Vamos a intentar.”
Y contesto: “es muy pronto”.
Pero… ¿muy pronto para qué?
También existe el otro extremo: “ya es demasiado tarde”.
Lo pensaste de más, lo dejaste pasar, alguien más lo tomó.
O simplemente no llegaste a tiempo.
Y entonces aparece el tercer momento: “a su debido tiempo”.
Qué bonito suena.
Una vida donde todo llega cuando tiene que llegar.
Donde todo está en su lugar.
Pero eso abre una pregunta importante:
¿de qué depende que no sea ni muy pronto ni demasiado tarde?
En el libro El poder del ahora, Eckhart Tolle habla de un solo momento real: el presente.
Ese punto donde se cruzan lo que ya pasó y lo que todavía no sucede.
El ahora.
Y aunque suena sencillo, vivir ahí no lo es.
Porque constantemente nos desfasamos.
Nos vamos al pasado con culpa o nostalgia.
Nos adelantamos al futuro con ansiedad o expectativa.
Y dejamos de estar donde sí está la vida.
En el presente.
Tal vez por eso nos cuesta tanto disfrutar.
Porque no estamos donde estamos.
Nos encanta pensar, anticipar, suponer.
Pero poco nos detenemos a vivir lo que está pasando.
Y entonces hablamos de “muy pronto” o “muy tarde”…sin darnos cuenta de que el único momento real es este.
La semana pasada compartí la frase de mi abuela, a sus 98 años:
“Si no es ahora, ¿a qué edad?”
Hoy la entiendo como algo más que una pregunta sobre el tiempo… es una invitación a la presencia.
Mi nombre es Alejandro Granja Peniche y te dejo esto:
Tal vez no se trata de esperar el momento perfecto…
sino de aprender a habitar el momento que ya estás viviendo.

