No debe asumirse como normal que las personas mayores pasen mucho tiempo solas. La convivencia ayuda a detectar cambios de conducta
No debe asumirse como normal que las personas mayores pasen mucho tiempo solas. La convivencia ayuda a detectar cambios de conducta

En Yucatán, donde la vida en comunidad es aún uno de los principales rasgos sociales, existe una realidad cada vez más visible: el extravío de personas mayores que, en algunas ocasiones, no se detecta de inmediato.

No siempre se trata de un hecho repentino o inexplicable, sino el resultado de condiciones acumuladas, como aislamiento, falta de acompañamiento y deterioro de la salud, factores que pueden ocasionar que una ausencia pase inadvertida durante horas o incluso días, lo que reduce significativamente las posibilidades de localización oportuna.

El doctor Rufino de Jesús Solís Pérez, especialista en atención gerontológica, advierte que el extravío de personas mayores suele estar relacionado, en primer término, con enfermedades neurodegenerativas, como la demencia y el alzhéimer, padecimientos que afectan la memoria, la orientación espacial y la capacidad de tomar decisiones.

Sin embargo, estas condiciones médicas no actúan de forma aislada. Su impacto se intensifica cuando la persona carece de una red de apoyo sólida o de supervisión constante, lo que ocurre con mayor frecuencia de lo que se reconoce públicamente. En estos contextos, un adulto mayor puede salir de su domicilio sin que nadie advierta su ausencia inmediatamente, o bien, puede tardar en ser buscado debido a la creencia de que “suele salir” o “regresará pronto”.

En la entidad, un número considerable de personas mayores vive en condiciones de vulnerabilidad, ya sea por limitaciones económicas, abandono familiar o una dinámica social que los mantiene en relativa soledad.

Algunos habitan solos; otros, aunque acompañados, mantienen una convivencia mínima con sus familiares, lo que no les garantiza una atención continua.

De acuerdo con la psicoterapeuta María Luisa Pardo Cué, esta situación ocasiona invisibilidad cotidiana; al no tener actividades laborales, escolares o sociales que impliquen una interacción constante, su rutina puede pasar inadvertida incluso para quienes forman parte de su entorno cercano.

Así, la ausencia no se vuelve evidente de inmediato y la urgencia de su búsqueda se diluye en la rutina.

En opinión de la trabajadora social Nelly Segura Puc, este fenómeno también plantea interrogantes sobre la responsabilidad familiar y social en el cuidado de este sector de la población. Si bien no todos los casos de desaparición están asociados a negligencia, el abandono, tanto emocional como físico, puede influir en que una persona mayor no reciba la supervisión necesaria o que su extravío no sea reportado con prontitud.

La falta de seguimiento médico, el escaso contacto cotidiano con otras personas y la ausencia de mecanismos de cuidado compartido son factores que, en conjunto, incrementan el riesgo.

En este escenario, la normalización de la soledad en la vejez juega un papel determinante. Se ha asumido como algo habitual que las personas mayores pasen largos períodos sin interacción significativa con otros, lo que reduce la capacidad de detectar cambios en su comportamiento o una ausencia prolongada.

A diferencia de otros grupos poblacionales, cuya rutina los hace tener horarios y espacios definidos que facilitan identificar una desaparición, los adultos mayores suelen tener dinámicas más flexibles o solitarias. Esta característica, lejos de ser una ventaja, se convierte en un factor de riesgo cuando ocurre un extravío.

Estos patrones evidencian la necesidad de revisar no solo los protocolos de búsqueda, sino también las condiciones sociales que permiten que una desaparición pase inadvertida.

La situación se agrava si se considera que, en casos de extravío, las primeras horas son cruciales. La trabajadora social señala que, particularmente en personas mayores con deterioro cognitivo, el tiempo de respuesta puede marcar la diferencia entre una ubicación exitosa y un desenlace adverso.

La experta en apoyo al adulto mayor señala que la desaparición de personas de edad avanzada debe entenderse como un fenómeno social que refleja las condiciones en las que envejece la población. El debilitamiento de las redes familiares, la falta de políticas públicas integrales de cuidado y la escasa visibilidad de las necesidades de este grupo contribuyen a un entorno de mayor vulnerabilidad.

En este sentido, el fenómeno no puede abordarse solo desde la reacción ante la desaparición, sino desde la prevención, el acompañamiento y la reconstrucción del tejido social.

Segura Puc concluye: “Cuando un adulto mayor desaparece y su ausencia no se detecta de inmediato, no solo se enfrenta una emergencia individual, sino una falla colectiva”.

La falta de atención oportuna no es únicamente resultado de una omisión puntual, sino de una serie de condiciones que, poco a poco, han normalizado la distancia, el silencio y la soledad en la edad avanzada.— Darinka Ruiz Morimoto

Desapariciones Búsqueda

El extravío de las personas mayores es un fenómeno social que puede prevenirse.

Alcance

La desorientación puede hacer que las personas mayores se alejen rápidamente de su punto de origen, exponiéndose a riesgos como accidentes, deshidratación o actos de violencia.

Riesgo

Cualquier retraso en la denuncia o en la activación de protocolos reduce las probabilidades de hallarlas en condiciones favorables.

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán