LONDRES (AP).— La fallecida reina Isabel II pensaba que para que la gente creyera en un monarca este tenía que ser visto. Y se aseguró de que así fuera incluso cuando el clima británico, famoso por su variabilidad, se interponía, lo que la hizo pionera en el uso de un impermeable de plástico transparente para que un paraguas negro y pesado no la ocultara de la vista del público.
Ese impermeable es una de las trescientas prendas y otros objetos de moda que se exhiben en la Galería del Rey del Palacio de Buckingham, en una exposición que celebra la vida y la monarquía de Isabel II, de cuyo nacimiento Gran Bretaña conmemora el centenario.
La muestra, la más completa jamás realizada sobre sus elecciones de estilo, recorre la historia de Isabel y su impacto en la moda británica. “Creo que tenía muy claro lo que le sentaba bien”, opina la curadora de la exposición, Caroline de Guitaut. “Sabía perfectamente lo que quería proyectar”.
Algunas de las prendas son fácilmente reconocibles, ya que Isabel fue una de las personas más fotografiadas de la historia. Sin embargo, los vestidos de gala, los trajes de tweed y los característicos pañuelos en la cabeza resultan extraños al verlos en maniquíes de museo en lugar de la propia reina.
Y luego están los artículos que son verdaderamente únicos. Como el vestido, con bombachos incluidos, que la doble de Isabel lució durante la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Londres en 2012, cuando la soberana, entonces de 86 años de edad, pareció lanzarse en paracaídas al estadio junto a Daniel Craig, caracterizado como James Bond.
Para completar la ilusión, la reina apareció en las gradas con atuendo idéntico.
Ambos vestidos, diseñados por Angela Kelly, modista de Isabel por décadas, están colocados uno al lado del otro; la versión de la doble de acción tiene una cremallera grande en la espalda para acomodar el paracaídas.
La exposición, que reúne unos 4,000 objetos que pertenecieron a Isabel II, explora cómo la moda se convirtió en una de sus herramientas de comunicación más poderosas a medida que evolucionaba de joven princesa a la monarca británica con el reinado más largo.
Eso se podía apreciar a menudo en su elección de colores y detalles ornamentales, como el vestido verde y blanco de Norman Hartnell que eligió lucir en el banquete de Estado en su visita a Paquistán en 1961, honrando a sus anfitriones al vestir los colores nacionales del país asiático.
“La reina comprendía a la perfección cómo la moda podía servir de instrumento diplomático, una cualidad que, si bien sus orígenes se remontan a reinados anteriores, ella convirtió en todo un arte”, diceDe Guitaut.
“El color o los adornos transmitían mensajes de respeto a la nación anfitriona incluso antes de pronunciar una sola palabra en su discurso”, señala.
Isabel optó por usar lentes de sol llamativos o con colores vivos en grandes eventos públicos para ser fácilmente reconocida y que los visitantes pudieran decir que habían visto a la reina.
La exposición también explora el vestuario informal. Los trajes de tweed que lució en el Castillo de Balmoral, la residencia de verano de la familia en Escocia, se exhiben junto a prendas de montar a caballo, hacer senderismo y otras actividades al aire libre. Se puede ver un grueso abrigo de lana que Kelly diseñó durante los últimos años de Isabel, junto con prendas de Burberry y del diseñador británico Hardy Amies.
También se exhiben las prendas que lució la reina durante los numerosos momentos importantes de su larga vida, desde su faldón de bautizo, encargado por la reina Victoria para el bautizo del futuro rey Eduardo VII, hasta los vestidos de su boda y coronación.
La exposición incluye bocetos y notas que muestran hasta qué punto la reina estaba involucrada en el diseño de su vestuario.
Naomi Pike, editora de encargos de “Elle UK”, señala que la colección finalmente reconoce el estatus de Isabel como ícono de la moda, a pesar de que otras integrante de la realeza, incluyendo a su hermana menor Margarita y su hija política Diana, le robaron el protagonismo durante su vida.
“Creo que en estos tiempos tendemos a otorgarle a la gente el estatus de ícono con demasiada facilidad… Se usa con demasiada ligereza”, admite Pike. “Pero creo que, en el caso de la reina, ella era un ícono, y gran parte de eso se debe a que tenía un estilo personal muy marcado”.
Si bien los vestidos son quizás el mayor atractivo de la exposición, la muestra también ofrece algunas sorpresas. Con la tarea de mostrarnos “lo que vestía la monarca”, los curadores recrearon un atuendo de hada algo desgastado, hecho con un tutú con alas en la espalda.
Esta pieza es una de las favoritas de Cecilia Oliver, conservadora textil de la King’s Gallery, quien la describió como “la cosa más bonita del mundo”.
“Creo que lo que más me gusta es que se lo compraron a Elizabeth cuando era niña, y pensar en ella como esa niña pequeña que luego creció hasta convertirse en esta magnífica mujer con todo el peso de responsabilidad sobre sus hombros, simplemente me resulta muy sentimental”, reconoce.
Oliver se mostró casi nostálgica al describir los meses de trabajo en la exposición y el privilegio de manipular tantos objetos relacionados con una persona conocida por muchos, pero verdaderamente conocida por muy pocos.
“Como restauradora, conozco estas piezas a la perfección. He podido tocarlas, olerlas y comprenderlas”, subraya. “Y gracias a eso, me sentí muy cercana a ella”.
La exposición “La reina Isabel II: Su vida con estilo” estará abierta al público hasta el 18 de octubre.
De un vistazo
Creaba sus diseños
La exposición sobre la moda de Isabel II incluye bocetos y notas que muestran hasta qué punto estaba involucrada en el diseño de su vestuario.
Un atuendo especial
Curadores recrearon un atuendo de hada, hecho con un tutú con alas en la espalda, perteneciente a Isabel de niña.











