• Las mezzosopranos Marcela Echeverría Chacón y Claudia Carrillo y la soprano Anniefer Poot López —en el orden habitual— al finalizar el concierto “Le arie più belle”, el sábado en el Museo de la Canción Yucateca
  • El director huésped Joaquín Palmer Millán, de 19 años

En una noche cálida en que el aire se sostenía en suspenso, el patio central del Museo de la Canción Yucateca se transformó en un teatro lírico donde la juventud, la disciplina y la pasión se entrelazaron para en velada memorable.

La Orquesta Sinfónica Juvenil de Yucatán “José Luis Chan Sabido” ofreció la gala “Le arie più belle”, un recorrido por algunas de las arias más emblemáticas del repertorio operístico, bajo la dirección del huésped Joaquín Palmer Millán.

De 19 años, Palmer Millán sostuvo la batuta. Su dirección reveló una madurez poco común. Desde el primer instante, impuso carácter y sensibilidad, logrando una comunicación fluida con la orquesta y las voces solistas, en una noche en que los abanicos, dispuestos sobre las butacas para mitigar los más de 30 grados Celsius de temperatura, se movían al ritmo de la música, como si quisieran aplaudir.

Primeras piezas

El programa se abrió con la obertura de “Il signor Bruschino” de Gioachino Rossini, pieza juguetona y luminosa que anticipó el tono de la velada. Más adelante, la mezzosoprano Marcela Echeverría dio vida a “Mon cœur s’ouvre à ta voix” de Camille Saint-Saëns, un aria de seducción contenida y líneas melódicas envolventes que evocan la intimidad del personaje protagónico de “Sansón y Dalila”.

Su interpretación destacó por la profundidad tímbrica y un fraseo cuidado.

En “Voi lo sapete, o mamma”, de Pietro Mascagni, Echeverría volvió a brillar, ahora en un registro dramático que desbordó emoción. La orquesta la acompañó con pulso firme, subrayando la tensión narrativa de la obra verista.

La primera parte también incluyó la obertura de “La scala di seta”, nuevamente de Rossini, en que los contrastes dinámicos y la agilidad instrumental pusieron a prueba a la agrupación juvenil, que respondió con precisión.

Tras el intermedio, la intensidad creció con la obertura “Egmont”, Op. 84, de Ludwig van Beethoven, obra de carácter heroico que resonó con fuerza en el recinto alterno del museo. Esto, porque el concierto —el sábado pasado— no se realizó en el escenario principal, sino en uno de los pasillos, cuya acústica señalada por el propio director titular de la agrupación, maestro José Luis Chan Sabido, ofrece una resonancia excepcional. La elección del espacio resultó acertada, pues cada nota encontró su lugar con naturalidad, sin micrófonos.

El repertorio vocal continuó con “Va! Laisse couler mes larmes” de Jules Massenet, en que Echeverría exploró la melancolía del personaje de Charlotte con una interpretación elegante.

Entre las obras más celebradas estuvo la barcarola de “Los cuentos de Hoffmann”, de Jacques Offenbach, interpretada a dúo por la soprano Anniefer Poot y la mezzosoprano Echeverría.

Sus voces, entrelazadas con delicadeza, evocaron el vaivén de una góndola veneciana, en una de las páginas más reconocibles del repertorio operístico.

El momento culminante llegó: el ensamble vocal se amplió en “È bello! È portentoso!” de “Gianni Schicchi”, de Giacomo Puccini, en que Poot, Echeverría y la mezzosoprano Claudia Carrillo compartieron escena con frescura y complicidad.

La suite de “Carmen”, de Georges Bizet, ocupó la parte final del programa. Desde “Les dragons d’Alcala” hasta la vibrante “Danse bohème”, la orquesta desplegó colorido y energía. En “Près des remparts de Séville”, Carrillo mostró soltura y carácter, mientras que Poot ofreció una interpretación firme de “Je dis que rien ne m’épouvante”. Luego, la célebre habanera con “L’amour est un oiseau rebelle” encendió una chispa especial.

Esta aria, construida sobre un ritmo de danza cubana adaptado al lenguaje operístico europeo, retrata a Carmen como una mujer libre, indomable, que desafía las convenciones. Marcela Echeverría la interpretó con seguridad y sensualidad medida, capturando ese espíritu esquivo del amor que no se deja atrapar.

No es casual que el propio Palmer Millán haya señalado esta pieza como una de sus favoritas, en ella convergen teatralidad, ritmo y carácter, elementos que el joven director supo potenciar desde el podio.

Cada interpretación fue recibida con aplausos que hacían eco en los muros del museo, como si el recinto mismo celebrara. Al final, el público que llenó las butacas pese a la calidez nocturna de estos días se puso de pie para ovacionar a los intérpretes. Tras recibir flores, como gesto de gratitud el director huésped y las cantantes ofrecieron un encore que prolongó la emoción.

Antes de que los asistentes desocuparan el lugar, José Luis Chan Sabido invitó al escenario a Adriana Carina Milán Martínez y Joaquín Enrique Palmer López, padres del joven director, a quienes rindió homenaje por el respaldo brindado a su hijo. El reconocimiento fue acompañado por un aplauso unánime, que celebró el talento emergente y la constancia que lo ha hecho posible.

El director titular hace la invitación a seguir las redes de la orquesta para conocer sus próximos eventos.

La gala “Le arie più belle” fue una declaración de vitalidad artística. En obra y sus intérpretes, se confirma que la escena musical yucateca encuentra en sus jóvenes artistas una promesa que siempre cumple.— DARINKA RUIZ MORIMOTO

De un vistazo

Velada juvenil

Una noche cálida reunió el sábado pasado a jóvenes músicos que, con disciplina y entusiasmo, ofrecieron el concierto “Le arie più belle” lleno de emoción y en el cual conectaron con el público.

Repertorio operístico

El programa incluyó piezas reconocidas de diferentes compositores, que mezclaron momentos alegres, dramáticos y emotivos que mantuvieron el interés de la audiencia.

Espacio acústico

El concierto se realizó en uno de los pasillos del Museo de la Canción Yucateca, favorecido por una resonancia natural.

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