Hola a todos, qué gusto me da verles por aquí. Aprovechando que hoy, 15 de mayo, en México se celebra el Día del Maestro, hay que mostrarse agradecido con los que te han enseñado a amar y venerar esta maravillosa profesión del sommelier, un real contador de historias.

Las horas de enseñanza a los grupos en la universidad o los salones de cata de vinos son maravillosas, hablamos de las bondades del vino y los vinos pasan por muchas manos para llegar a la mesa de cada uno de nosotros, un producto que nace del corazón de la tierra y se aloja en el corazón del hombre.

Quiero hacer un paréntesis en las recomendaciones de los vinos para agradecer a todos aquellos trabajadores del vino, maestros de vida y con los que tuve el privilegio de aprender. Podría nombrar a muchos maestros de los que aprendí a amar el vino, empezando por mi abuelo Venancio Palacios, un hombre simple, gran bebedor de vino, él decía que lo más rico del mundo era beber el vino con los que más se quiere.

Así, en mi natal Argentina comencé admirando a los grandes como Michel Rolland, quien acaba de partir de este mundo; Susana Balbo, Sebastián Zuccardi, maravillosas personas de Italia. Admiro a Carlo Rossi, hace que la gente sepa más de vinos a través de su gran trabajo; de la hermana República Oriental del Uruguay, Charlie Arturaola, alguien que me enseñó a amar los vinos desde lo más simple de la vida; de Colombia, Ana María Arias, con su simpatía y desfachatez hace que las catas tengan otro sentido.

En México, los maestros que me dieron formación y enseñanza son Elliot Díaz, Marcos Flores, Manuel Negrete; mi compadre y gran maestro del jerez Valente García de Quevedo, Pilar Meré, Laura Santander; mujeres con temple y coraje que tienen como meta dar a conocer este mundo en todos los rincones de la Tierra donde les toque hacer pláticas, catas, cenas o simplemente ir a beber una copa.

Gracias a René Rentería por su inagotable fuente de sabiduría, todos queremos ser como él cuando seamos grandes. Podría pasarme el artículo entero hablando de las maravillas de los maestros del vino y de los maestros vineros o winemakers, porque sin ellos y sus enseñanzas no tendríamos vino maravilloso que beber.

Saludos a Salomón Abedrop, de Hacienda Florida, una gran vinícola de Saltillo; a Jesús Rivera Covarrubias, de Vinícola El Cielo; a Juan Ríos, de Barón Balché, y a Hans Backhoff, por citar a algunos hacedores del vino mexicano. Por último y no menos importante, a mis hijos, por creer en mi proyecto y porque siempre están allí esperando que les cuente una historia más del vino antes de irse a la cama.

Si quiere hacer un obsequio a su maestro de vida o a su maestro de alguna escuela en particular, piense en un vino y lléveselo con amor; no importa si es blanco, rosado o tinto, estoy seguro que se los agradecerá.

Y, como digo siempre que cierro mis clases, hay una historia para contar detrás de una buena copa de vino.

Salud a mis maestros y a todos los maestros.

“Hay que mostrarse agradecido con los que te han enseñado a amar y venerar esta maravillosa profesión del sommelier, un real contador de historias”

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán