Educado, seguro de sí mismo, desenvuelto y prácticamente convertido en un profesional de la Ingeniería Biomédica, así es Alberto Chablé Alonso, un joven con sordera profunda bilateral que, pese a la discapacidad con la que nació, ha logrado escalar casi todos los peldaños necesarios para alcanzar la meta de concluir la carrera que soñó estudiar desde los 12 años de edad y que hoy, aun cuando faltan algunos meses para recibir su título, ya ejerce de manera profesional.
La historia de Alberto representa un ejemplo de perseverancia, dedicación y de cómo es posible superar obstáculos cuando existe determinación y apoyo familiar.
Nació con sordera profunda bilateral. A los 10 meses de edad se le colocaron curvetas para ayudarlo a escuchar y a los 9 años recibió su primer implante coclear.
El camino no ha sido sencillo para Alberto. A lo largo de su vida se ha enfrentado a retos personales, escolares y sociales; sin embargo, gracias a su esfuerzo constante y al respaldo de su familia, particularmente su madre Rocío Alonso Méndez, ha superado cada dificultad para convertirse en un profesional comprometido y en un hombre de bien.
Este mes concluirá la carrera de Ingeniería Biomédica que cursa en el Instituto Tecnológico de Mérida (ITM) y espera recibir en diciembre el título que acreditará cinco años de preparación académica. Aunque el plan de estudios está diseñado para cuatro años, tuvo complicaciones con algunas asignaturas y eso ocasionó un retraso en su formación.
Lejos de desanimarse, buscó asesoría con profesores para comprender mejor las materias que le resultaban complicadas y así continuar avanzando hasta lograr su objetivo profesional.
Alberto Chablé Alonso relata que realizó su servicio social durante seis meses en el Hospital O’Horán, experiencia que considera fundamental en su formación, pues le permitió adquirir importantes conocimientos prácticos.
Durante ese período trabajó en la revisión y mantenimiento de equipos médicos utilizados en el hospital, donde pudo aplicar los conocimientos adquiridos durante la carrera.
Comparte que desde los 12 años supo que deseaba estudiar Ingeniería Biomédica. Recuerda que asistió junto con su madre a una conferencia impartida por un especialista, quien habló acerca de los dispositivos médicos y su funcionamiento.
Al término de la conferencia se acercó al especialista para preguntarle qué debía estudiar para desarrollar ese tipo de dispositivos. Fue entonces cuando descubrió cuál era la profesión que deseaba ejercer.
No logró ingresar al Instituto Tecnológico de Mérida en su primer intento; sin embargo, no desistió y en la segunda oportunidad consiguió ser aceptado.
Cuando cursaba el tercer semestre solicitó trabajo en un centro de audiología con la intención de aprender acerca de las labores que ahí se realizan y el funcionamiento de los equipos especializados. Esa experiencia representó una importante oportunidad de crecimiento para él, ya que adquirió conocimientos valiosos relacionados con el área.
Durante cuatro años trabajó en ese sitio hasta que decidió retirarse debido a que ya no podía equilibrar las responsabilidades laborales, las actividades escolares y el servicio social.
Tras concluir esta última etapa buscó nuevas oportunidades y se integró a una empresa biomédica con la que actualmente continúa colaborando.
Cuenta que se acercó a esa empresa ofreciendo su trabajo a cambio de aprender sobre los procesos y protocolos relacionados con los equipos médicos que manejan.
La propuesta fue aceptada y en julio próximo cumplirá un año de desempeño en ese negocio.
Entre sus funciones se encuentra revisar y dar mantenimiento a equipos médicos, verificar que operen correctamente y brindar apoyo en cualquier situación relacionada con estos dispositivos.
Actualmente se desempeña como jefe de residentes dentro de la empresa, en la que otros jóvenes también se encuentran en proceso de aprendizaje.
Alberto comparte sus conocimientos, los orienta y los guía respecto al trabajo que deben realizar, de la misma manera que sus superiores hacen con él al transmitirle experiencia y conocimientos especializados.
Trabaja con equipos de ultrasonido, rayos X digital, colposcopios, electrocauterio y, en algunas ocasiones, tomógrafos.
Su jornada laboral puede comenzar a las cuatro de la madrugada cuando debe viajar con compañeros a ciudades como Cancún, Villahermosa o Valladolid, donde realizan revisiones y mantenimiento de equipos médicos.
Cuando no tiene que viajar, inicia labores a las ocho de la mañana o incluso antes, debido a los mantenimientos preventivos que deben realizarse. En ocasiones su jornada se extiende hasta las dos o tres de la madrugada cuando surge alguna falla técnica que requiere atención inmediata, ya que el trabajo concluye únicamente cuando el problema ha sido solucionado.
Alberto asegura disfrutar plenamente de su trabajo y de las metas alcanzadas hasta ahora; sin embargo, desea continuar creciendo profesionalmente. Una de sus aspiraciones es integrarse laboralmente al Hospital O’Horán, institución donde afirma haber aprendido mucho y en la que considera haber tenido un desempeño favorable.
Ya entregó solicitudes de empleo tanto en ese hospital como en otros del Estado y espera ser aceptado en alguno de ellos. Así como su sordera no ha representado un impedimento para superarse y avanzar profesionalmente, también confía en que las instituciones valoren sus capacidades y le brinden una oportunidad laboral.
Considera que su historia refleja el esfuerzo de una persona que ha tenido que luchar más que otras para alcanzar sus objetivos de vida y profesionales, algo que incluso quienes no presentan discapacidad no siempre logran concretar.
Mientras tanto, continúa trabajando en la empresa biomédica que le abrió las puertas y en la que cada día adquiere nuevos conocimientos y experiencia profesional.
