La llamada llegó mientras caminaba con premura en el aeropuerto, de hecho no pudo contestar a la primera. Estaba por cruzar migración, maletas, el ritmo apremiante de un viaje a presentar uno de sus trabajos.
Apenas había aterrizado de Nueva York cuando el teléfono insistió una vez más. Del otro lado de la línea le avisaban que había obtenido el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Mérida 2025. Por un momento, el poeta y narrador Israel Nicasio Álvarez no comprendió lo que ocurría. Solo después de un rato, cuando “le cayó el veinte”, entendió la dimensión de la noticia.
“Sentí muy bonito; muy, muy bonito”, recuerda en entrevista con el Diario. “El libro con el que concursé lo hice con mucho cariño y mucha admiración por un poeta al que admiro desde hace años. Fue muy bonito que se reconociera el esfuerzo y el trabajo”.
Hoy viernes, en el marco de La Víspera, el autor recibirá el premio en esta ciudad y presentará por primera vez a nivel nacional “El pecho de este hombre llueve en el parque”, obra ganadora del certamen publicada por Textofilia en colaboración con el Ayuntamiento de Mérida.
La ceremonia de premiación será a las 7:30 de la noche en el Centro Cultural “José Martí”, seguida a las 8 de la presentación del libro, encuentro en el que el poeta compartirá reflexiones sobre una obra nacida desde la admiración, la ausencia y una pregunta que atraviesa toda su escritura: ¿qué es realmente la poesía?
La visita, reconoce, llega acompañada de emoción y nerviosismo. “Ya veía muy lejano que llegara el 22 de mayo. Estoy emocionado, aunque también nervioso. De repente tener tanta atención me puso nervioso, pero lo puedo manejar”, confiesa animado. La sensibilidad de “El pecho de este hombre llueve en el parque” parte de un diálogo íntimo con la figura del poeta Darío Galicia, fallecido en 2019, cuya experiencia de vida en situación de calle marcó profundamente a Israel Nicasio.
Aunque nunca lo conoció personalmente, la cercanía con su obra detonó una exploración literaria que terminó convirtiéndose en un puente imaginario entre ambos. “Es un libro hecho con mucha ilusión”, explica. “Yo no pude conocerlo, pero mantengo una cercanía muy fuerte con sus textos. Todo el tiempo vuelvo a ellos. Este libro intenta generar un diálogo entre su experiencia y mi experiencia como aprendiz ficticio de Darío Galicia”.
El autor describe la obra como una aproximación a las experiencias de las personas en situación de calle, pero también como un ejercicio sobre la tristeza, el lenguaje y aquello que permanece cuando las palabras comienzan a faltar. Incluso el título, añade, nace de una imagen construida desde la contemplación dolorosa de imaginar a un poeta enfrentando una tristeza inmensa.
Israel Nicasio Álvarez se ha caracterizado por una escritura que rehúye los moldes únicos. Antes de la poesía transitó por el cuento y la crónica, especialmente sobre los pueblos afroamericanos de la Costa Chica, región de la que proviene parte de su familia paterna. Su primer poemario exploró esa identidad afrodescendiente; el segundo se internó en el deporte y las tensiones afectivas de la masculinidad en el rugby. Este tercer libro, dice, abre otra conversación, la de la marginalidad, la memoria y la empatía.
“No creo que la poesía tenga que hablar de una sola cosa. Creo que tendría que hablar de todo y atender todos los públicos posibles”, reflexiona. Para él, el vínculo entre literatura y conciencia social no depende de imponer una agenda al poema, sino de la honestidad con la que quien escribe dialoga con el mundo.
Esa visión también atraviesa su manera de entender el oficio literario; una práctica accesible, cercana, en que la escritura no permanezca como un objeto distante o impenetrable. “A mí me interesa que se comparta el chisme, la anécdota, la discusión. Que se dialogue con quien escribe”.
Uno de esos diálogos llegará a Mérida de la mano de Irma Torregrosa, a quien Israel buscó para que lo acompañara en la presentación del libro, motivado por la admiración que siente hacia su trabajo literario, esencialmente hacia “Piélago”.
“Es un libro que me parece bellísimo”, asegura sobre la autora yucateca. “Yo la busqué para que presentara el libro y me dio mucho gusto que aceptara”.
Además de la literatura, Israel divide actualmente sus días entre la escritura y el estudio del Doctorado en Estudios Latinoamericanos con orientación en Historia, enfocado en procesos de historia comparada en Sudamérica. Entre tesis e investigaciones trabaja también en nuevos proyectos literarios vinculados a los sueños y a ensayos sobre la Costa Chica de Guerrero.
Sin embargo, antes que pensar en futuros libros, parece concentrado en el encuentro inmediato: volver a Mérida tras tres décadas sin visitarla y encontrarse con lectores y curiosos dispuestos a acercarse a la poesía.
“Hace 30 años que no voy a Mérida y tenía el sueño de volver”, comparte. “Estoy muy contento de que la premiación sea en el marco de La Víspera de La Noche Blanca y de presentar un libro que hice con mucha ilusión. Me encantaría que la gente estuviera ahí”.
Para quienes aún no se animan a escribir o leer poesía, Israel ofrece la invitación a perder el miedo. “Lo principal es animarse a escribir”, considera. “La poesía es arrojar algo a la nada para encontrar algo. Pero también hay que leer, dialogar, compartir. La escritura no es un ejercicio solitario”.— DARINKA RUIZ MORIMOTO
“La poesía es arrojar algo a la nada para encontrar algo. Pero también hay que leer, dialogar, compartir”
