La escultura no consiste en el simple labrado de la forma de una cosa, sino el labrado de su efecto. John Ruskin

La noche del 23 de mayo en el Museo de Ciudad se inauguró la exposición “Aetherium. Juan Gorupo”; una serie de esculturas conformada por veintidós esculturas y una instalación, realizadas en polímero y bronce, y reunidas como un cuerpo de obra cuyo nombre deriva del concepto antiguo del éter (del latín æther) que es el quinto elemento, el cual se creía llenaba el espacio y en donde era posible la propagación de la luz y que conformaba la gravitación de los objetos, así como también que el núcleo del llamado aetherium contenía una cantidad inimaginable de energía dimensional, lo cual lo vincula a la propia obra artística-escultórica del autor.

La selección se incluyen algunas esculturas colgantes, diseñadas para ser vistas desde todos los ángulos e interactuar libremente con la luz y el espacio como elemento volumétrico en flotación.

Esta suspensión de su personajes creada dentro de cubos que conforman una geometría museográfica y complementaria al concepto, lo acerca a la llamada escultura cinética, una forma de arte tridimensional que incorpora movimiento real o ilusiones ópticas como elemento básico, rompiendo con la estática tradicional del objeto; un conjunto de esculturas flotantes que el artista transforma referencias industriales mediante las estructuras simbólicas, donde el ensamblaje, el color y la geometría dejan de ser funcionales para conformar un solo elemento escultórico. Las estructuras metálicas o cubos de varilla de las que penden los alambres que sostienen en aparente flotación los cuerpos representados, actúan como un bloque matriz, del que surgen las formas a manera de un eje o línea central imaginaria que atraviesa el volumen o grupo de volúmenes simétricos o casi simétricos, y que indica el punto gravitacional de la masa, proyectando una multiplicidad de vistas.

Algunas esculturas constan de un solo volumen, mientras que otras son configuraciones de varios cuerpos que son suspendidos conformando así una configuración de volúmenes, en el cual cada uno de los cuales corresponde a una parte de la misma.

Los vacíos o cavidades que se producen por la ausencia de formas sólidas poseen igual importancia para el objeto escultórico los cuales se denominan volúmenes negativos, que lejos de ser un simple vacío que rodea a la obra, es el medio que la escultura habita, organiza y transforma.

Estas piezas suspendidas no remiten a los móviles, cuyo concepto motivó a grandes artistas para que su obra pudiese trascender limitaciones formales del volumen estático (un móvil es un tipo de escultura compuesta por delicados elementos “flotantes” en el aire mediante mecanismos que se mueven o vibran en respuesta a las corrientes de aire y a la vibración, cediendo a las constantes fluctuaciones del movimiento que son parte habitual de este entorno concurrido).

Obras que levitaban con elegancia, prescindían de mensajes herméticos y gratificaban al espectador de manera inmediata con sus juegos cromáticos y efectos de luz, creando así una protomateria, es decir una sustancia semi-sólida o sólida con movimiento real o aparente.

También destacan los mascarones (mascheroni en italiano) en relieve o sobrerelieve que representan rostros humanos idealizados, con su característico estilo, es decir grandes cabezas insertas en un clípeo o disco que nos rememoran a la mitología grecorromana, el neoclasicismo o el período renansentista que le otorga a su obra un carácter posmoderno, ya que emplea elementos conceptuales del pasado para resignificarlas en la actualidad.

Esas formas sólidas como volúmenes, nos llevan a concebir la idea de ellos como una totalidad que, desde cualquier perspectiva, y a asombrarnos ya sea por su magnitud o por la mirada recorre los espacios expositivos siguiendonos.

Cada una de las piezas se tratan de personajes en los que se alcanza sentir el placer de la vida, tanto por la edad que representan sus protagonistas como por los altorrelieves los que parecen surgir del muro para seguir o interactuar con la mirada con el espectador en dialogo polisémico (signo con múltiples significados), ya que sobresalen significativamente del fondo, rozando la tridimensionalidad y creando un fuerte contraste de luces y sombras.

Obras que se circunscriben dentro de una nueva tipología estética que se relaciona con la espacialización dinámica de los lenguajes postmodernos, así como con el cuestionamiento de las modalidades tradicionales de exhibición y que, aunque no eluden todo impulso narrativo al ser obra figurativa, están ligadas a la imaginación cosmogónica ilustrando el deseo de evadir la gravedad o de luchar contra ella.

Asimismo se abrieron ese mismo día al público otras tres exposiciones: “Non Finito de JoCa”; “Imaginarios en resistencia” de Lizette Abraham y “Cortezas” de Rodolfo Baeza; muestras que anticipan el 20 aniversario del nuevo Museo de la Ciudad, a cargo del Ayuntamiento de Mérida (por reubicación del existente en la capilla de San Juan de Dios inaugurado en el año 1987), abriendo sus puertas al público el 29 de junio de 2007, ubicado en el histórico ex Palacio Federal de Correos inaugurado en el año de 1908, y que fue reubicado y renovado por idea del que suscribe con la gestión y apoyo del maestro Russell Montañez Coronado, entonces Director de Cultura, durante la administración de Manuel Fuentes Alcocer, como un legado digno para nuestra Ciudad.

Es importante señalar que el Museo de la Ciudad se ha convertido en un lugar icónico para el arte actual en su primer y segundo piso, ya que se trata de un lugar en constante actividad con exposiciones de las diversas expresiones de los artistas visuales locales, nacionales e internacionales.

Crítico y Curador

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