Representar a Yucatán en una competencia nacional no solo implica resolver problemas complejos o enfrentarse a largas jornadas de examen. Para seis estudiantes yucatecas, la reciente participación en el Concurso Nacional Femenil de la Olimpiada Mexicana de Matemáticas significó compartir un espacio donde las aptitudes, la perseverancia y el amor por las ciencias encontraron eco entre cientos de jóvenes de todo el país.
Por quinta ocasión, Yucatán formó parte de este certamen nacional, celebrado del 31 de mayo al 5 de junio en Puebla, un encuentro creado con la intención de fortalecer la presencia de niñas y jóvenes en áreas científicas y matemáticas, en las que históricamente la participación femenina suele disminuir con el paso de los años.
Acompañándolas estuvo el profesor Pedro David Sánchez Salazar, catedrático de la Facultad de Matemáticas de la Universidad Autónoma de Yucatán (Uady) y uno de los coordinadores del programa estatal de Olimpiadas Matemáticas, quien reconoce que, más allá de los resultados, el verdadero triunfo ocurre cuando las estudiantes descubren que pertenecen a un espacio donde su curiosidad y capacidad tienen lugar.
“Hay muchas niñas y jóvenes a las que les gustan las matemáticas, la física o las ciencias, pero a veces las dejan. Este concurso surge justamente para motivarlas a mantenerse encaminadas en estas áreas”, compartió en entrevista.
La Olimpiada Femenil forma parte de un programa nacional mixto de la Olimpiada Nacional de Matemáticas que desde hace 40 años impulsa el estudio de las matemáticas desde una perspectiva menos centrada en la memorización y más enfocada en el ingenio, la creatividad y la resolución de problemas.
Detrás del viaje hubo meses de preparación. Las alumnas llegaron a esta etapa después de superar procesos selectivos estatales y de integrarse a un grupo de entrenamiento que cada semana se reúne en la Facultad de Matemáticas.
Desde abril y hasta días antes del viaje, las jóvenes acudieron a clases sabatinas y sesiones adicionales entre semana para reforzar conocimientos que, según explica el académico, poco se parecen a las matemáticas tradicionales del aula.
“No son matemáticas como las de la escuela. Son problemas donde importa mucho analizar, pensar y encontrar caminos diferentes”, explicó. La constancia aparece como una de las cualidades más visibles entre quienes logran clasificar. Horas de estudio, vacaciones dedicadas a entrenamientos y el deseo genuino de aprender forman parte del trayecto.
Para el profesor Sánchez Salazar, una característica que distingue a estas estudiantes es la resistencia emocional, enfrentarse a exámenes de hasta nueve horas acumuladas exige paciencia, lógica y una capacidad notable para no rendirse. “Observamos mucha perseverancia. Son jóvenes que siguen intentando aunque algo no salga a la primera”, apuntó.
La delegación yucateca de este año estuvo integrada por seis alumnas de secundaria y bachillerato. En el nivel secundaria participaron Karen Renata Canché Uc, originaria de Tekax; Sara Eugenia Terán Domínguez, de Mérida, y Ana Sofía Valenzuela Aguilar, de Tizimín, quienes obtuvieron medalla de bronce.
En bachillerato representaron al Estado Valeria Ruz González, Mónica Alejandra Vecino Ojeda y Luna Silvana Sánchez Machay. Valeria logró medalla de plata, con lo que Yucatán cerró su participación con cuatro alumnas medallistas de un total de seis competidoras, resultado que el profesor Pedro Sánchez Salazar aplaude por tratarse de una competencia nacional de alto nivel.
“No solo van, sino que además van y ganan medallas. Pero lo importante también es que regresan queriendo seguir preparándose”, expresó con entusiasmo.
En Puebla, además de los retos académicos, hubo nervios, ansiedad y expectativas. Algunas alumnas vivían su primera experiencia nacional; otras ya conocían el ritmo de la competencia. Los exámenes se realizaron durante dos jornadas intensas, mientras las tardes estuvieron dedicadas a actividades culturales, recorridos por museos y espacios de convivencia con participantes de otros estados.
Para el académico, uno de los momentos más valiosos ocurre precisamente fuera del salón de pruebas. “A veces sienten que son las únicas niñas a las que les gustan las matemáticas, como si fueran un caso aislado. Cuando llegan al concurso y ven a otras jóvenes con intereses similares, entienden que no están solas”, relató.
Ese acompañamiento emocional suele fortalecerse entre las propias participantes. Las alumnas de generaciones anteriores frecuentemente orientan a quienes apenas comienzan, formando una red de apoyo donde la competencia no desplaza a la solidaridad.
Hubo ansiedad, admitió el maestro, especialmente al momento de esperar resultados. Sin embargo, una de las enseñanzas que intenta reforzar constantemente es que una medalla no define el valor personal. “Es bonito ganar y también es triste cuando no sale el resultado esperado, pero eso no determina quién eres ni lo que puedes lograr”, afirmó. De hecho, varias de las jóvenes que no obtuvieron preseas ya expresaron su deseo de volver a intentarlo en futuros selectivos nacionales.
El reto, insiste, es sembrar confianza. “Para triunfar, primero tienes que intentarlo”, suele decirles. La frase resume una filosofía que el propio profesor ha llevado consigo durante más de tres décadas. Él mismo fue participante de Olimpiadas Matemáticas cuando tenía apenas 15 años, experiencia que terminó definiendo el rumbo de su vida profesional y su vocación por la enseñanza.
Hoy, desde el aula, acompaña a nuevas generaciones convencido de que detrás de cada problema resuelto también se construyen historias de disciplina, identidad y futuro. Actualmente el profesor trabaja en nuevas técnicas de enseñanza para alumnos con visión disminuida y discapacidad visual.
