Foto de 2025 de un incendio en la provincia de El Bolsón
Foto de 2025 de un incendio en la provincia de El Bolsón

ARGENTINA (EFE).— Entre la última primavera y el verano austral, casi 70,000 hectáreas de bosque se quemaron en la Patagonia argentina a causa de cuatro súper incendios, una superficie equivalente a la mitad de lo destruido por el fuego durante los 23 años anteriores.

Especialistas del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y de los servicios de lucha contra incendios advierten que este fenómeno responde a una nueva realidad climática que exige medidas de prevención y adaptación. “Hasta el año 2021 el único incendio grande en nuestra jurisdicción había sido en 2009 y afectó a 2,000 hectáreas. En 2021 tuvimos eventos de fuego por 15,500 hectáreas. Ese fue un punto de inflexión”, afirmó Nicolás Agostini, subjefe del Servicio de Prevención y Lucha contra los Incendios Forestales (SPLIF) de Río Negro.

Los investigadores señalan que las señales de alerta comenzaron a observarse desde 2007 con una reducción sostenida de la disponibilidad de agua y el incremento de las temperaturas. Según el meteorólogo Santiago Ignacio Hurtado, se registra “una disminución de agua disponible debido a las bajas precipitaciones, entre el 20 y 30% en algunos lugares y hasta 40% en el acumulado anual; y un aumento de la temperatura en verano del orden de 1 grado y en algunas regiones de hasta 1.5 grados”.

Estas condiciones, agregó, generan “las condiciones perfectas para que los incendios sean mucho más severos y se propaguen más rápido”.

El agrónomo Marcos Easdale explicó que el fuego siempre formó parte del ecosistema patagónico, aunque con una frecuencia mucho menor. “Ahora está aumentando y empiezan a aparecer incendios de gran magnitud y alta frecuencia”, sostuvo.

Tanto Easdale como Hurtado coinciden en que el cambio climático ya modificó las condiciones ambientales de la región y que sus efectos continuarán profundizándose. “Hay que aprender a convivir con esta nueva realidad, con el fuego. Hay que prepararse, prevenir y adaptarse a este nuevo contexto que nos trae el fuego a la puerta de nuestras casas”, enfatizó Hurtado.

Los especialistas también alertan sobre el crecimiento de asentamientos en zonas boscosas, impulsado por personas que buscan vivir rodeadas de naturaleza. Easdale considera que este modelo de ocupación “ahora genera un mayor riesgo para las poblaciones”, mientras que Agostini recomienda medidas concretas para reducir la vulnerabilidad.

“Limpiar alrededor de las viviendas, mejorar los accesos para que un vehículo de emergencia pueda entrar y tener reservorios de agua”, señaló el bombero, quien remarcó la necesidad de reforzar la prevención frente a una amenaza cada vez más frecuente.

De un vistazo

Menos agua

La reducción de lluvias y caudales deja más seco el entorno natural, facilitando que el fuego avance rápidamente.

Nuevos riesgos

Vivir rodeado de árboles aumenta la exposición al fuego si no existen medidas preventivas alrededor de viviendas.

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