Mausoleo de la familia Vega Ibarra en el Cementerio General, restaurado como parte de un programa del Ayuntamiento y asesoría de la Ayerac
Mausoleo de la familia Vega Ibarra en el Cementerio General, restaurado como parte de un programa del Ayuntamiento y asesoría de la Ayerac
  • Mausoleo de la familia Vega Ibarra en el Cementerio General, restaurado como parte de un programa del Ayuntamiento y asesoría de la Ayerac
  • A la izquierda, Alejandro Vega Milke, Manuel Vega Rivas, Fernando Vega Carrillo y Fernando y Manuel Vega López de Llergo. Sobre estas líneas, Manuel Vega muestra el reportaje del Diario que lo inspiró a proponer el rescate del mausoleo familiar

Corría el año 1939 cuando los esposos Gustavo Vega y Loyo y Encarnación Ibarra y de Regil adquirieron el mausoleo marcado con el número 23 en el Cementerio General —donde décadas después ambos serían sepultados—, pensando que sería la última morada de toda su familia.

Con alrededor de 42 bóvedas, el mausoleo ubicado en la calzada principal del camposanto resguarda los restos de una docena de individuos, entre familiares y personas muy cercanas a la pareja Vega Ibarra.

Los tres hijos del matrimonio, Manuel, Gustavo y Alicia, reposan en el sitio, que, como hemos informado, hace apenas unos días se terminó de restaurar.

Estos trabajos trajeron a colación la historia del mausoleo, de quienes lo adquirieron en lo que hoy podría considerarse una bicoca, y del abandono en que estaba hasta que uno de los descendientes decidió poner manos a la obra para rescatarlo de las ruinas.

Manuel Vega López de Llergo, nieto de los esposos Vega Ibarra, tuvo la inquietud de restaurar la edificación después de leer en 2021 en el Diario un reportaje que daba cuenta del abandono de mausoleos y bóvedas en el Cementerio General, y otro en 2025 de tema similar.

Cuenta que habló con integrantes de su familia para plantearles su interés de restaurar el sepulcro y recibió su aprobación.

En febrero del año pasado comenzó el proceso de rescate mediante la intervención del Ayuntamiento y la Asociación Yucateca de Especialistas en Restauración y Conservación del Patrimonio Edificado (Ayerac).

Personal del INAH se encargó de hacer el diagnóstico junto con albañiles especializados para elaborar el presupuesto de materiales, que la familia financió.

Vega López de Llergo comparte que, aunque se enfrentaron a algunos problemas administrativos, al final se logró la restauración.

Antes de los trabajos el mausoleo se encontraba en franco abandono. Uno de los cristales pintados que adornaban los costados estaba roto y el otro sí existía cuando se hicieron los primeros diagnósticos, pero al regresaron ya lo habían robado.

Fernando Vega Carrillo, otro de los nietos de la pareja Vega Ibarra, apunta que el sepulcro mantuvo sus buenas condiciones hasta la década de 1990, cuando ahí fue inhumado Eduardo Rosado Rubio, hasta ahora el último en ser enterrado en el sitio.

Luego de eso se pusieron de acuerdo para darle mantenimiento al sepulcro, pero después de un tiempo se fue dejando de lado hasta que quedó en el abandono.

Antes de que comenzaran las obras más recientes, el mausoleo se encontraba en ruinas, reconoce Manuel Vega López de Llergo, quien destaca la delicada labor de rescate, como en la herrería de forja, para lo cual se contrató al herrero anticuario Jorge Ismael Vázquez Gómez, quien trabajó en la reja y los ventanales ojivales.

También se contó con la colaboración de Néstor Bojórquez Ortiz, quien hizo los cristales tipo vitral para sustituir el roto y el robado.

Vega López de Llergo indica que, con ayuda de una de sus nietas, diseñó las imágenes que quería que tuvieran los cristales y se las proporcionó a Bojórquez, quien las plasmó en la técnica de cristal templado.

Manuel Vega eligió a los profetas Isaías y Jeremías para que sus figuras quedaran plasmadas; el primero es considerado el profeta mayor al anunciar que una virgen daría a luz al Mesías, y el segundo advirtió de la destrucción del templo de Jerusalén, su reconstrucción y nueva desaparición.

Desea que la restauración anime a otros a hacer lo mismo y añade que, aunque no se pensó con ese fin, considera que con las obras también se devuelve el sentido funerario al espacio.

Sus familiares Fernando Vega López de Llergo, Manuel Vega Rivas y Alejandro Vega Milke, presentes en la entrevista, apuntan en son de broma, pero con una verdad de por medio, que antes de iniciarse la restauración le dijeron a Manuel que aceptaban hacerla si él autorizaba ser enterrado en el lugar, a lo que él respondió que sí.

El mausoleo hoy luce una nueva imagen: recobró su belleza arquitectónica y se espera que esto haga que otros se decidan a rescatar los sepulcros familiares que están a punto de caerse.— IRIS CEBALLOS ALVARADO

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