NOORDWIJK, Países Bajos (EFE).— Christina Koch, la primera mujer en viajar alrededor de la Luna, espera que “nadie recuerde Artemis II” dentro de 50 años porque eso sería la señal de que la humanidad ha avanzado hacia una presencia permanente en la Luna.
A ella, ver la Tierra desde el espacio exterior le hizo comprender que compartir planeta “nos une más que cualquier otra cosa”.
“No siempre me gusta pensar que estamos haciendo historia, prefiero pensar que estamos construyendo el futuro”, afirma en visita al Centro Europeo de Investigación y Tecnología Espacial (Estec), la mayor instalación técnica de la Agencia Espacial Europea (ESA), en la localidad neerlandesa de Noordwijk.
La tripulación de Artemis II está en Europa para agradecer la contribución de la industria del continente, en especial el Módulo Europeo de Servicio, fabricado por Airbus en Alemania, que proporcionó energía, agua, oxígeno y propulsión a la nave Orión.
Koch fue especialista de misión en el primer viaje tripulado alrededor de la Luna desde el programa Apolo, un vuelo de diez días completado en abril que permitió certificar a Orión de cara al regreso de astronautas a la superficie del satélite.
Koch, primera mujer que participa en una misión lunar, fue anunciada como ganadora del Premio Princesa de Asturias de la Concordia 2026 de España, aunque ella rechaza que el logro se atribuya a una sola persona.
“Todo el mundo está centrado en todos los aspectos positivos de esta misión. Estamos centrados en la ciencia, en el trabajo en equipo, en los logros tecnológicos y en la cooperación”, dice.
Para la astronauta de 47 años, ser la primera mujer en realizar ese viaje es algo digno de celebración, pero “no tiene nada que ver” con ella como individuo.
“Lo que estamos celebrando es que, hace décadas, tomamos decisiones para que cualquier persona que tenga un sueño, esté dispuesta a trabajar duro para alcanzarlo y quiera poner su talento al servicio de ese sueño merezca tener un lugar en la mesa”, asegura.
Estas misiones tendrán más éxito si se permite contribuir a quienes están preparados para hacerlo, opina. En ese sentido, advierte que expresiones como “la primera” no siempre “cuentan la verdadera historia de los desafíos y dificultades que hicieron falta para llegar hasta este momento”.
Koch no descendió en la Luna, pero estuvo lo suficientemente cerca como para verse sobre su superficie. “Podía imaginarme caminando por los bordes de aquellos cráteres, aquellos cañones y a través de aquellas llanuras”, reconoce.
Eso le hizo pensar en sus “amigos que van a tener la oportunidad de caminar sobre la Luna, porque estaba justo allí”. Para ella, observar aquel paisaje fue como descubrir otro mundo y una demostración de que las condiciones existentes en nuestro planeta representan solo “una opción de existencia” en el universo.
Una de las impresiones más intensas del viaje fue mirar hacia la Tierra, porque “te sientes muy afortunada de tener un planeta hermoso, con todas las personas que conoces y quieres, que te da todo lo que necesitas para encontrar alegría y plenitud”.
La tripulación llegó a estar tan lejos que podía mirar por la otra ventanilla a Venus. “Era algo increíble, pero ese era nuestro planeta, el que dio origen a nuestra especie. Al verlo desde tan lejos te das cuenta de que somos la especie a la que la Tierra dio vida, y eso nos une más que cualquier otra cosa que puedas imaginar”.
Su emoción dominante ese momento fue sentirse “afortunada”.
Le gustaría que las generaciones futuras pudieran señalar una base habitada en la Luna y recordar que “el primerísimo paso” de ese recorrido comenzó con Artemis II y que ella tuvo “el privilegio, el honor y la responsabilidad de formar parte de esa misión”.
Durante el viaje lunar, Koch pensó en su perra Sadie y en las personas que había dejado atrás, porque “cualquiera que sea el ser querido que tengas en tu planeta de origen, ese es el sentido de todo”, puntualiza.
Asegura que quienes abandonan la Tierra no llevan consigo “una bolsa de oro ni bebidas sofisticadas”, sino imágenes y recuerdos de las personas que quieren.
“Yo llevé cartas escritas a mano por mis sobrinos. Eso es, al final, lo más importante”, enfatiza.
A su vez, Victor Glover, piloto de Artemis II, dice que cuando la Orión estaba más lejos de la Tierra pudo taparla con la palma de su mano. “Todo lo que conozco estaba abajo: ciencia, arte, mi esposa, mis hijas…”.
El primer afroamericano en hacer un viaje lunar reflexiona en por qué es tan difícil cooperar a nivel global. “Uno de los mayores obstáculos para conseguir muchas de las cosas que deseamos como seres humanos es, precisamente, aquello que creemos saber”.
En su opinión, el problema no es el conocimiento en sí, sino la seguridad con la que se interpreta. “Nos fascinamos demasiado con nuestro propio conocimiento, una pequeña cantidad de datos (…) A veces nuestra fe en la ciencia acaba impidiéndonos tener fe los unos en los otros, en Dios o en algo más grande que nuestro propio ego”.
Glover ya había contemplado la Tierra desde el espacio en 2020, cuando pasó casi seis meses en la Estación Espacial Internacional y aprendió “a verla como un único sistema”.
Pero mientras esa estación mantiene prácticamente siempre la misma distancia del planeta, rodear la Luna hacía que la Tierra creciera o disminuyera. “Cada vez que mirábamos por la ventana la vista cambiaba. No solo cambiaba la iluminación, también el tamaño aparente”, describe.
Hasta que llegó un momento que todavía le cuesta describir: “Cuando estábamos muy lejos de la Tierra podía cubrirla completamente con mi mano. No solo dejaba de sentir su gravedad, sino que podía levantar la mano y ocultarla por completo de mi vista. Es algo extraordinario poder desconectar completamente de ella. No muchos seres humanos llegan a vivir esa experiencia”, reconoce.
Y enumera todo aquello que había quedado detrás de su mano: “Las matemáticas, la ciencia, el arte, la poesía, la Biblia… todo estaba allí. También mis hijas y mi esposa”.
Hace una pausa y admite: “El espacio es increíble, es un privilegio inmenso poder viajar al espacio profundo, pero no hay ningún otro lugar al que quisiera volver más que a la Tierra”.
El instante más duro psicológicamente fue, precisamente, el regreso. Había pensando “en la reentrada durante tres años, más que en cualquier otra fase”.
La razón es que la física no da segundas oportunidades. “No puedes detenerte, no puedes rebobinar, no puedes dar marcha atrás; te precipitas a la atmósfera y tienes que entrar exactamente por el corredor previsto”.
Durante el paso por la cara oculta de la Luna, Orión perdió temporalmente toda comunicación con la Tierra y eso fue “un poco inquietante”. Le recordó a esos minutos de silencio que se guardan cuando alguien fallece y había pedido a familiares y amigos que aprovecharan el momento para hacer exactamente eso, “dedicar unos instantes a pensar en todas las personas de este planeta y en lo que significa ser humano”.
Preguntado si la humanidad está preparada para afrontar un viaje de varios años a Marte, responde sin dudarlo. “Hemos estado preparados desde que somos humanos. Somos exploradores por naturaleza”.
De los antiguos exploradores asegura que “si aquellas personas no hubieran estado dispuestas a emprender un viaje largo y lleno de incertidumbre, quién sabe cómo sería hoy el mundo”.
Tres meses después de la misión, el astronauta de 50 años admite que sigue sin acostumbrarse a la vida de siempre, “lo normal es nuevo y sigue cambiando”.
La mejor manera de volver ha sido dejar de pensar en sí mismo: “Tengo cuatro hijas (…). Ellas me ayudaron a perseguir mis sueños durante años, ahora quiero ayudarlas a cumplir los suyos”.
Artemis II Experiencias
Victor Glover responde sin dudar si la humanidad está preparada para viajar a Marte:
Desde nacer
“Hemos estado preparados desde que somos humanos. Somos exploradores por naturaleza”. De los exploradores de la historia asegura que “si aquellas personas no hubieran estado dispuestas a emprender un viaje largo y lleno de incertidumbre, quién sabe cómo sería hoy el mundo”.
Siguen los cambios
El astronauta aún no se habitúa a la vida de siempre, “lo normal es nuevo y sigue cambiando”.





