PARÍS (EFE).— Un equipo internacional de científicos identificó por primera vez efectos neurológicos asociados a la exposición de nuevas sustancias PFAS, conocidas como químicos eternos, en ratones y pájaros.
La investigación, liderada por dos especialistas del Centro Nacional para la Investigación Científica (CNRS) de Francia y publicada en “Environmental Science & Technology Letters”, documentó cambios de comportamiento y posibles consecuencias para el desarrollo cognitivo embrionario.
El CNRS destacó que el estudio pone de relieve “efectos neurológicos no documentados hasta ahora”, que están relacionados con una nueva generación de PFAS que ha surgido conforme aumentan las restricciones sobre los compuestos utilizados anteriormente.
Las sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas son compuestos sintéticos presentes en productos de empleo cotidiano, como los lubricantes, los pesticidas y los utensilios de cocina antiadherentes.
De acuerdo con el comunicado, “a medida que la industria desarrolla una nueva generación de PFAS para sustituir paulatinamente a los compuestos antiguos, ahora regulados de forma más estricta, los efectos de muchos de estos PFAS emergentes y no regulados siguen siendo en gran medida desconocidos”.
La investigación se enfocó en un nuevo compuesto denominado 7:3 FTCA, un contaminante ambiental que es generado por la degradación de alcoholes de fluorotelómero que aún son utilizados por la industria.
Experimentos
Para evaluar su impacto, los científicos realizaron pruebas tanto en fauna silvestre como en laboratorio. En el primer caso, expusieron embriones de gaviota a concentraciones de 7:3 FTCA comparables con las detectadas en el medioambiente. Los análisis revelaron “la activación de las células inmunitarias del cerebro en regiones cerebrales específicas, con posibles consecuencias para el desarrollo cognitivo de estas zonas”.
En paralelo, los investigadores administraron durante tres semanas dosis diarias del compuesto a ratones mediante su alimentación, en niveles similares a los encontrados en el entorno. Según el comunicado, “los investigadores descubrieron que la activación de las células inmunitarias del cerebro estuvo acompañada de una mayor actividad neuronal en la corteza prefrontal, así como de alteraciones en la conducta: los animales pasaron más tiempo en zonas iluminadas e interactuaron durante más tiempo con sus congéneres”.
Los autores del trabajo señalaron que los resultados constituyen la primera evidencia de los efectos neurológicos de este PFAS emergente en modelos animales.
Además, las conclusiones indican que los cambios observados reflejan “una menor evitación de situaciones percibidas como de riesgo”, lo que aporta nuevos elementos para comprender los posibles efectos de estos compuestos ambientales sobre el sistema nervioso.
