Con el paso de los años es normal que el organismo experimente cambios graduales. Sin embargo, el médico especialista en salud masculina Jorge G. Soriano advierte que síntomas como el cansancio persistente, la irritabilidad, la disminución del deseo sexual y la pérdida de fuerza física no deben asumirse automáticamente como consecuencia inevitable del envejecimiento, ya que pueden ser la primera señal de padecimientos que requieren valoración.
Uno de los trastornos más conocidos es el hipogonadismo, condición en la que los testículos producen cantidades insuficientes de testosterona. Aunque sus síntomas incluyen disminución de la libido, disfunción eréctil, reducción de la masa muscular, aumento de grasa corporal, pérdida de densidad ósea, cansancio y alteraciones del estado de ánimo, el diagnóstico no puede determinarse únicamente por la presencia de estas manifestaciones.
Para confirmar la enfermedad, añade el médico, es indispensable realizar una valoración integral que incluya la historia clínica, la exploración física y estudios de laboratorio para medir los niveles de testosterona, preferentemente en muestras obtenidas durante las primeras horas de la mañana y, cuando sea necesario, repetirlas con la intención de corroborar el resultado.
No obstante, el hipogonadismo no es la única causa posible. El proctólogo señala que enfermedades como la diabetes tipo 2, el hipotiroidismo, la anemia, la apnea obstructiva del sueño, la depresión, la obesidad, el síndrome metabólico y diversos padecimientos cardiovasculares también pueden manifestarse inicialmente con cansancio, cambios en el estado de ánimo y disminución del deseo sexual.
Algunos medicamentos, entre ellos ciertos antihipertensivos, antidepresivos y analgésicos opioides, favorecen la aparición de esos síntomas, por lo que recomienda evitar la automedicación y consultar siempre con un profesional de la salud.
El envejecimiento suele caracterizarse por cambios lentos y progresivos. Es frecuente que, con el paso de las décadas, disminuya ligeramente la energía física, aumente el tiempo de recuperación tras el ejercicio y haya una reducción gradual de la producción hormonal.
Sin embargo, el doctor G. Soriano enfatiza que cuando los síntomas aparecen de forma marcada, afectan la calidad de vida e interfieren con las actividades cotidianas es momento de acudir al médico. Una pérdida importante del deseo sexual, cansancio incapacitante, disminución acelerada de la fuerza muscular, fracturas sin traumatismos importantes, anemia, pérdida de peso involuntaria y alteraciones del estado de ánimo ameritan evaluación especializada.
Advierte que ningún síntoma aislado permite diagnosticar un déficit de testosterona, ya que muchas enfermedades frecuentes en hombres de mediana y avanzada edad reportan manifestaciones similares.
No es tratamiento
En los últimos años se ha popularizado el uso de testosterona como supuesta terapia para recuperar energía, mejorar el rendimiento físico y retrasar el envejecimiento. Sin embargo, el doctor G. Soriano dice que la hormona únicamente debe administrarse cuando hay un diagnóstico confirmado de hipogonadismo y bajo estricta supervisión médica.
Consumir testosterona sin indicación de un especialista puede tener efectos adversos, entre ellos el aumento del número de glóbulos rojos, con mayor riesgo de complicaciones trombóticas; disminución de la fertilidad por supresión de la producción natural de espermatozoides; acné, retención de líquidos, crecimiento del tejido mamario y agravamiento de la apnea del sueño.
Además, quienes reciben este tratamiento requieren seguimiento periódico para vigilar los niveles hormonales, el hematocrito, la salud prostática y la respuesta clínica, ya que no todos los pacientes son candidatos a la terapia hormonal.
El especialista se refiere también a los riesgos de adquirir testosterona sin receta o en productos comercializados como rejuvenecedores, cuya composición y calidad no están garantizadas.
Escucha al cuerpo
El doctor G. Soriano recomienda que los hombres soliciten atención médica cuando sus síntomas persistan varias semanas o afecten su desempeño laboral, sus relaciones personales o su bienestar emocional.
Una evaluación oportuna permite determinar si se trata de cambios propios del envejecimiento o de enfermedades que pueden atenderse de manera eficaz. En muchos casos, mejorar la alimentación, realizar actividad física, dormir adecuadamente y mantener bajo control enfermedades crónicas contribuye significativamente a recuperar la energía y la calidad de vida, sin necesidad de recurrir a tratamientos hormonales.
Más que resignarse al paso de los años, concluye el especialista, es importante reconocer que detrás de un cansancio persistente, la irritabilidad o la disminución del deseo sexual puede existir un problema de salud que, detectado a tiempo, ofrece mayores probabilidades de tratamiento y control.— Darinka Ruiz Morimoto
