Bajo el sol candente de la tarde dominical, 18 abuelitas llenaron de color, música, baile y, sobre todo, mucho cariño la parroquia Santa Teresa de Calcuta, en Ciudad Caucel, donde se realizó el certamen “Miss Chichí 2026”, como parte de los festejos patronales.

Ataviadas con coloridos ternos y acompañadas por porras que no dejaron de animarlas durante las tres horas que duró el evento, las participantes demostraron que la edad no es un límite para celebrar la vida.

Cada una, representante de un apostolado de la parroquia, llevó al escenario algo mucho más valioso la lucha por la corona, sus historias, sus recuerdos y la sabiduría acumulada a lo largo de los años.

El certamen comenzó con un ambiente festivo, amenizado por el show cómico de Claudia Cámara “La Chonchita” y acompañada del Guiro “Buen Rostro”, además de rifas y momentos de convivencia, para después dar paso a la esperada presentación de las concursantes.

Con música regional y mucho entusiasmo, las abuelitas realizaron su “opening”, bailaron mientras las porras coreaban sus nombres y levantaban el ánimo de una tarde que, pese al calor, nadie parecía dispuesto a abandonar.

Y entonces llegaron las historias, una a una fueron pasando las contendientes, para expresarse al micrófono y también para mostrar su destreza en el baile, la poesía y su sabiduría.

Adriana Velázquez Gasca, representante de Ministros, habló de su nieto y de lo bendecida que se siente por ser abuelita. También compartió cómo la iglesia la ayudó a superar dolores del alma y cómo encontró en Mérida una ciudad que le brinda calma, aunque lleva a otra ciudad igualmente en el corazón.

Valentina Santos Granados, de Proclamadores, llegó desde Veracruz y, a sus 73 años, contó que disfruta dedicar tiempo a la oración y a ver televisión. Con seis nietos, dijo sentirse feliz y apoyada en Mérida.

Guadalupe Cruz, representante de Monaguillos, agradeció a Dios la oportunidad de participar en un certamen que, confesó, había sido un sueño desde antes. Recordó que atravesó momentos difíciles cuando estaba alejada de la iglesia, hasta que una amiga la invitó a acercarse nuevamente a ella. Desde entonces, dijo, confiar en Dios es lo que la ayuda a seguir adelante.

María Marcela Soberanis, de Coros, arrancó sonrisas con sus ocurrencias. A sus 72 años, con nueve nietos y un bisnieto en camino, recordó incluso una travesura de juventud: quiso ponerle una trampa a su hermano al aflojar su hamaca, pero olvidó que ella misma podía terminar encima de ella. Y así ocurrió. Edith del Socorro Paleo Carrillo, de Catequesis, con 68 años y cinco nietos, habló de la adultez como una etapa que no debería ser definida por los años.Con una declamación, evocó la idea de haber sido criada “en la escuela de la sabiduría”, subiendo al árbol de la vida, y agradeció a Dios por la bendición de haberse convertido en abuelita. Martha Valdez Medina, representante de AGEXTO, confesó que no quería participar. Tiene una hija y un nieto y, dentro de la parroquia, colabora con los jóvenes, prepara temas y pide a Dios encontrar las palabras adecuadas para orientarlos.

Margarita Cárdenas Rustrián, de JDC, compartió uno de los consejos más sencillos de la tarde: los nietos son una gran bendición y es hermoso verlos crecer y darles amor. Ella tiene 12 nietos y espera a dos más.

Luz María Canto Vera, representante de MCM, llegó con el orgullo de pertenecer a los apostolados y con 81 años de edad. Con siete nietos, atribuyó buena parte de su alegría a la Madre Teresa de Calcuta y aconsejó mantener viva la fe tomándose de la mano de Jesucristo y hacer una pequeña oración para agradecer cada día de vida.

“Las abuelitas hemos dado mucho amor”, fue una de las frases que terminó por resumir el espíritu de la jornada.

Esther Socorro Cervantes Suárez, representante del Movimiento Familiar Cristiano (MFC), compartió que nació en Chihuahua, creció en Ciudad Juárez y posteriormente llegó a Mérida.

A sus 74 años, encontró en la parroquia una nueva oportunidad para vivir con paz y tranquilidad. Con una nieta, habló de la importancia de poner a Dios en el centro de las familias y recordó con humor las tardeadas de su juventud, cuando bailaba con sus amigos de cinco a siete de la tarde.

Carmen del Rocío Ancona, de la Legión de María, habló de uno de sus mayores placeres: jugar con sus nietos, compartir ocurrencias y hacer travesuras juntos.

Adelita Arellano Martínez, representante de Cofradía, tiene 77 años y siete nietos. Agradeció la oportunidad de participar y destacó la alegría que el padre Rigoberto Araujo Cruz transmite a la comunidad. Para ella, uno de los acontecimientos más sorprendentes de su vida ha sido precisamente haber encontrado al Señor.

Gabriela Caballero Hernández, de Pastoral Social, llegó desde Ciudad de México. Tiene ocho nietos y recordó sus primeros años de trabajo en la cocina de un hospital, así como el día en que compartió su primer sueldo con su madre, quien acababa de enviudar.

Zoila Murillo, representante de Pláticas Prematrimoniales. Cn la voz entrecortada, habló de su amor por Dios y por la parroquia. Originaria de Campeche y abuelita de cuatro nietos, recordó cómo conoció al amor de su vida y cómo juntos formaron una familia.

Alicia Pasto Rodríguez, de EPAP, definió el encuentro de una manera particular: no como una contienda, sino como una oportunidad para aportar un granito de arena a la parroquia. Tiene dos nietas y, a sus 68 años, aseguró mantener una actitud positiva ante la vida.

“El amor comienza en casa”, fue uno de los mensajes que dejó al hablar de la importancia de la fe en cualquier etapa.

Clarita Cruz Manrique, representante de Centros Pastorales, tiene 72 años y una nieta de 18. Feliz de participar para ayudar a la parroquia, compartió su particular receta para vivir con tranquilidad: no dar espacio al chisme, aprender a hacerse de la vista gorda ante ciertos problemas y seguir adelante con la certeza de que Dios acompaña el camino. Gloria Aracely Marín Gómez, de Adoradores, habló de la vida desde una perspectiva más reflexiva. Recordó que muchas veces las personas creen tener todo el tiempo del mundo, pero los años enseñan que somos viajeros y que lo importante son los momentos que vamos construyendo y los recuerdos que dejamos. Tiene 75 años, cuatro nietos y dos bisnietos.

Finalmente, Sarita Acosta, representante de Nuestra Señora del Santo Rosario, recibió con emoción el cariño de las porras. Originaria de Tzucacab, Yucatán, vivió 33 años en Ciudad de México antes de regresar a su tierra. A sus 92 años, aseguró sentirse muy feliz de estar nuevamente cerca de Yucatán y de Dios. Tiene 10 nietos y 12 bisnietos y ha servido a la iglesia en diferentes áreas.

Después de las presentaciones, el jurado se retiró para deliberar, tras un recorrido por las porras de cada una de las chichís, llegó el momento de conocer a las ganadoras de las distintas categorías.

Todas recibieron sus reconocimientos de manos del padre Rigoberto Cruz Araujo, quien también colocó a cada una su distinitivo. La banda de Elegancia fue para Alicia Pasto Rodríguez; Simpatía, para Luz María Canto Vera; Ternura, para Sarita Acosta; y la categoría de Influencer, para Luz María Canto Vera, quien acumuló 2,500 “likes”.

Martha Valdez Medina se llevó además el reconocimiento como Pachanguera, mientras que su porra recibió la distinción de Banduky, por su entusiasmo y capacidad para contagiar la fiesta. María Marcela Soberanis fue reconocida en la categoría Monopoly. Entre aplausos y gritos de las porras, Esther Socorro Cervantes Suárez, representante del Movimiento Familiar Cristiano, fue proclamada Miss Chichí 2026. El padre Rigoberto Cruz Araujo, párroco de Santa Teresa de Calcuta, destacó que, más allá del resultado, las 18 participantes fueron ganadoras por lo que representan para sus familias, la iglesia y la comunidad. Agradeció su energía, entusiasmo y disposición para compartir sus talentos y experiencias, y anunció que esta primera edición de “Miss Chichí” será también el punto de partida de un nuevo apostolado parroquial: la Pastoral del Adulto Mayor, que buscará ofrecer un espacio de convivencia, aprendizaje y participación para las personas mayores. “Son una bendición para nosotros, para nuestras familias, en nuestra iglesia y en nuestra comunidad”, expresó, al subrayar que los reconocimientos entregados esa tarde eran apenas un pequeño detalle frente a todo lo que las abuelitas habían aportado con su presencia, alegría y, sobre todo, con la “belleza de corazón” que compartieron durante el certamen. La jornada dejó una imagen difícil de olvidar, 18 alegres mujeres que, entre pasos de baile, ternos multicolores, bromas, recuerdos y palabras nacidas de la experiencia, recordaron que ser abuelita también es una forma de celebrar la vida. Y que la sabiduría, cuando viene acompañada de una sonrisa, puede convertirse en la mejor de las coronas. El primer certamen de Miss chichí en la Parroquia Madre Teresa de Calcuta, fue todo un éxito.