En el marco del Encuentro del Sector Musical Independiente de Yucatán, en el Palacio de la Música se llevó al cabo el conversatorio “Panorama actual de la trova yucateca: Mujeres que construyen el presente de la trova”, en el que cinco intérpretes compartieron cómo llegaron a esta tradición, en qué momento comenzaron a sentirse parte de ella y qué consideran necesario para que se mantenga entre las nuevas generaciones.
Sofía Pech, Maricarmen Pérez, Josselyn Pérez Novelo, María José Marrufo y Karen Rosales hablaron de su experiencia con un género al que se acercaron en casa, a través de padres, abuelos, ensayos y serenatas que escucharon de niñas.
Karen Rosales dijo que la música era parte de la vida cotidiana en su hogar. Su abuelo tocaba la guitarra y llevaba serenatas, mientras que su madre cantaba y tocaba. En su casa era normal tener guitarras en la sala, escuchar a sus padres cantar en bohemias durante la temporada navideña.
“Yo no conozco un entorno familiar sin música”, dijo, al considerar que esa tradición es una de las herencias más bonitas que pudo recibir.
Sofía Pech también proviene de una familia de trovadores. Desde que tiene memoria escuchaba trova en casa y veía a su padre tocar la guitarra.
Le pidió a su papá que le enseñara a tocar y desde el primer momento encontró una conexión con el instrumento y el género. Más que los conocimientos musicales, destacó la pasión y el cariño que recibió de su familia hacia esta música.
Aunque Josselyn Pérez no creció en una familia de trovadores, sus abuelos escuchaban trova y posteriormente ingresó a una orquesta, donde un maestro la encaminó hacia este género. A partir de entonces se dedicó a descubrirla.
María José Marrufo prácticamente nació escuchando trova, pues su habitación estaba junto al estudio donde su padre ensayaba. Fue ahí donde comenzó a familiarizarse con las canciones y, posteriormente, con la guitarra.
En tanto, Maricarmen Pérez admitió que la trova estuvo presente en su vida desde antes de que pudiera decidir acercarse a ella. Su padre era guitarrista y desde el vientre de su madre escuchaba música. Las canciones folclóricas yucatecas y mexicanas formaron parte de su educación musical. “La trova te penetra, te llega y te gusta o no te gusta”.
Las participantes hablaron también de los momentos en que comenzaron a construir una identidad propia dentro de la música.
Josselyn destacó el trabajo de las Trovadoras del Mayab, grupo del que forma parte, para preservar esta música entre la juventud. Muchas de sus integrantes continúan estudiando, pero han dedicado tiempo y esfuerzo a mantenerla presente.
Durante un tiempo, Karen no vio la posibilidad de dedicarse a la música. La decisión de dejar otras actividades para concentrarse en ella fue difícil, pero le permitió integrarse a varias agrupaciones y continuar su preparación.
Su llegada a Carmesí marcó otro momento importante. Los arreglos y las armonías que encontró en ese grupo la llevaron a enfrentarse a algo distinto de lo que conocía y, con el tiempo, comenzó a creer más en lo que hacía. “La música nunca la voy a dejar de aprender”.
Para María José, sentirse parte de la trova también tiene relación con pertenecer a una comunidad. Habló de compartir con distintas generaciones, aprender de otros trovadores y convivir con quienes han formado parte de esta tradición. La música, aseguró, es una forma de reconocerse dentro de un mismo lenguaje.
El conversatorio abordó el papel de las mujeres en una tradición que en el pasado las colocó solo como fuente de inspiración pero que hoy las tiene componiendo, interpretando y proponiendo nuevas formas de cantarla.
Sofía Pech consideró un honor ser mujer e intérprete de trova y subrayó la importancia de conocer el trabajo de las mujeres que estuvieron antes. Confesó su interés en componer canciones y acercarlas a las nuevas generaciones, incluso con temas infantiles.
Maricarmen Pérez planteó que un género musical no tiene por qué estar limitado a una sola forma de expresión. Apuntó que es posible utilizar las formas musicales tradicionales para hablar de la amistad, el paisaje, la familia y problemas sociales.
Advirtió que primero hay que conocer el origen de esta tradición antes de modificarla. “Nunca perder el origen”, exhortó.
Sofía coincidió en la necesidad de respetar la tradición, pero también defendió la posibilidad de innovar. Dijo que quienes buscan propuestas diferentes pueden encontrarse con personas que consideran que esas formas “no son trova”, pero recordó que el arte también cambia con el tiempo.
“Si queremos que la trova se siga escuchando, se siga compartiendo, llegue a nuevos públicos, tenemos que hacer algo diferente”.
Hacia el cierre, las participantes hablaron sobre cómo acercar a niños y jóvenes a esta música. La propuesta fue no solamente escucharla, sino también vivirla, conocerla y tener contacto directo con quienes la interpretan.
Karen Rosales invitó a acercarse al arte y recordó que la música no debe convertirse en una competencia, sino en un espacio para compartir. Josselyn coincidió en que las nuevas generaciones deben conocer las canciones y encontrar en el arte una forma de unión.
María José explicó que busca inculcar en su hija el amor por la trova, aunque será ella quien decida si quiere continuar su herencia.
Maricarmen cerró con una reflexión sobre la necesidad de recuperar la música como parte de la dinámica familiar. Declaró que, aunque se pueda escuchar música de manera individual, también hay que generar espacios en casa para compartir lo que escucha cada integrante.
La última invitación fue llevar a los jóvenes a eventos en los que puedan conocer a trovadores, pero también hacerles descubrir que ellos pueden encontrar una forma propia de vivir la tradición.— Karla Acosta Castillo
