Septiembre nos congrega para celebrar con sentido patriótico, el día 15, un aniversario más del inicio de la lucha por la independencia de México.
Y, como don providencial, se enlazan en este mismo mes fechas importantes que reúnen, con gozo espiritual, a la gran Familia de la Cruz, que ayer viernes celebró la fundación, en esta ciudad hace 76 años, del Apostolado de la Cruz, en el templo de Nuestra Señora de la Consolación (Monjas).
El día 14 festejaremos la memorable beatificación, en 2024, del sacerdote mexicano Moisés Lira Serafín, de la Congregación de los Misioneros del Espíritu Santo. Obras primera y quinta de la Espiritualidad de la Cruz.
La pedagogía de Dios, en la historia de la salvación, va eligiendo instrumentos débiles y pequeños, que poco a poco prepara y transforma interiormente para enviarlos a una misión y transmitir un mensaje.
Nuestro Señor Jesucristo elige a una mujer seglar, casada, madre de familia, con nueve hijos, Concepción Cabrera de Armida, ahora beata, para suscitar en la Iglesia la Espiritualidad de la Cruz y darnos a conocer una forma ágil y práctica de vivir una espiritualidad muy particular que, con el impulso del Espíritu Santo, conduce a conocer el valor del sufrimiento innato o causado del ser humano.
También nos enseña que, a través de la actividad que exige el propio estado de vida —el desempeño del trabajo, la ocupación, las labores del hogar, etcétera—, en todo lugar y condición podemos dar una respuesta consciente y firme a Nuestro Señor Jesucristo ante la llamada que amorosamente nos hace para conocerlo más y mejor y acercarnos a una amistad con Él, que se acrecentará de acuerdo con nuestros esfuerzos humanos.
Cinco obras
La Espiritualidad de la Cruz está integrada por cinco obras. La primera es el Apostolado de la Cruz, para todos los cristianos que deseen colaborar con Cristo en su obra de salvación.
La segunda obra son las Religiosas de la Cruz del Sagrado Corazón de Jesús, que, en oración permanente ante Jesús Eucaristía, se ofrecen por la salvación de la humanidad y, en particular, por los sacerdotes.
La tercera obra es la Alianza de Amor con el Sagrado Corazón de Jesús, para laicos consagrados que, unidos a Jesús Sacerdote y Víctima, promuevan la consagración del mundo a Dios.
La cuarta obra es la Fraternidad de Cristo Sacerdote, para los sacerdotes, religiosos y diáconos que, configurados con Cristo, Sacerdote y Pastor, vivan en fraternidad sacerdotal su propio ministerio y servicio pastoral, conforme a la Espiritualidad de la Cruz.
La quinta obra son los Misioneros del Espíritu Santo, sacerdotes de vida religiosa llamados a continuar la misión por la que Jesús vino al mundo: santificarnos por el don del Espíritu y salvarnos.
La identificación plena de la beata Concepción Cabrera de Armida con la obra que Jesús, el Hijo de Dios, realiza para nuestra redención la hizo exclamar con incontenible efusión: “¡Jesús, Salvador de los hombres, sálvalos! ¡Sálvalos!”.
Apostolado de la Cruz.
