Mis queridos lectores:

Estoy más que feliz. Es de humanos ser agradecidos y hoy estoy de manteles largos, ya que, al momento en que este artículo esté en sus manos, estaré cumpliendo 12 maravillosos años escribiendo en este periódico, Diario de yucatán, que me abrió sus brazos para compartir el conocimiento del vino y permitir que los lectores puedan saber más sobre este maravilloso mundo.

Viernes tras viernes nos encontramos para contarles las historias del vino. Son ya 625 artículos únicos, que no se repiten y que ininterrumpidamente llegan a sus casas para llevar el conocimiento sobre este líquido fermentado llamado vino.

También aprovecho para agradecer a los editores del Diario, quienes han confiado en este proyecto y en la posibilidad de ofrecer, todas las semanas, un artículo que los lleve de la mano, no para convertirlos en grandes expertos, sino para que conozcan un poco más de aquello que el público gusta beber.

Han pasado muchos años, muchos cambios y mucho crecimiento en la industria del vino mexicano. La gente ya se anima a beber más, a conocer más y a entender que es un fruto que nace en el corazón de la tierra y llega al corazón de los humanos, como supe escribir en mi primer artículo.

El título de 12 años es motivo de celebración. ¿Quién no tiene la costumbre, todos los fines de año, de comer las 12 uvas al ritmo de cada campanada? Y, a sabiendas de que, para cuando llega la uva número seis ya ni te acuerdas de qué deseo vas a pedir, las 12 uvas también tienen que ver con vinos que se elaboran a partir de 12 variedades.

Por ejemplo, está un vino argentino de Bodegas Rural llamado San Felipe 12 Uvas, en un envase muy particular llamado Franciacorta o caramañola. Es algo chaparrita y de forma aplanada; contiene una mezcla de 12 uvas, a saber: las variedades de uvas tintas son Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Malbec, Merlot, Syrah, Bonarda, Sangiovese, Barbera d’Asti, Pinot Noir y Tempranillo, y las de uvas blancas son Chardonnay y Chenin Blanc, cuya inclusión aporta frescura, acidez y notas florales.

Como verán, es un abanico de sabores y aromas, como lo han sido estos 12 años de escritos de todo tipo: hablando de variedades de uvas, tendencias, vino y salud, geografía del vino, lugares para recorrer en el mundo del vino, rutas enoturísticas, otros tipos de destilados, historia del vino en diferentes países, regiones del vino, maridajes por regiones y gustos, y percepciones de los jóvenes que se inician, entre cientos de artículos más.

La gran satisfacción es el cariño de la gente: los ávidos lectores que me he cruzado en todo el estado de Yucatán, así como los fieles lectores que me sugerían, por correo o en persona, muchos de los artículos escritos. A esos fieles lectores de este centenario periódico también les expreso mi eterna gratitud y mi admiración.

También quiero agradecer a los alumnos que he tenido a lo largo de estos años, quienes han aprendido que el vino no es pose, sino goce, como bien decía un gran colega a quien siempre le doy el crédito: René Rentería.

Párrafo aparte merece un agradecimiento para mis hijos, que son el motor que me impulsa a seguir escribiendo a gusto. Cuando uno tiene esa pasión y puede difundirla, es la mejor satisfacción del mundo.

Para cerrar el artículo de hoy, voy a brindar, alzando mi copa al cielo, por los que ya no están y han sido inspiración en cada escrito. Para ello, voy a abrir una botella de espumoso muy especial y brindaré por muchos años más. Salud.

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán