Olga Mesa comenta “Shooting the Waves. Toma #3”, anteanoche
Olga Mesa comenta “Shooting the Waves. Toma #3”, anteanoche

La imagen, el paisaje, la memoria y aquello que queda fuera de campo son elementos de “Shooting the Waves. Toma #3”, de Olga Mesa, que se proyectó anteanoche en la Cineteca del Teatro Armando Manzanero, como parte del Encuentro Internacional de Escena Contemporánea Transversales.

El proyecto fílmico expandido recorre espacios y recuerdos fuera de un tiempo definido y propone una relación entre lo que se ve, se escucha y lo que permanece fuera de la imagen.

En la proyección se observan espejos, reflejos, filtros de color y escenarios que ofrecen distintas lecturas.

La propuesta juega con la percepción del tiempo y la presencia humana. En algunos momentos la imagen se acompaña de palabras y sonidos que no necesariamente corresponden a lo que aparece en pantalla, mientras que aquello que queda fuera del plano también adquiere importancia.

En el conversatorio posterior con Olga Mesa y Saeed Pezeshk surgió la pregunta de qué representa el paisaje para la artista. “Es algo infinito porque te encuentra con la mirada, contigo… Es una memoria, un espacio, un futuro, un horizonte”, respondió Mesa.

Se planteó cómo, al observar una imagen, cada persona encuentra significados distintos a partir de sus propias experiencias y recuerdos, como ocurre con aquello que permanece entre líneas o fuera de lo que se expone de manera evidente.

Mesa explicó que desde sus primeros trabajos ha estado presente su interés por la relación entre lo que se ve, lo que se piensa de lo que se ve y lo que se escucha. Por esa búsqueda comenzó a mirar hacia el fuera de campo, incorporando también el sonido y la palabra como líneas distintas de percepción.

Esto permite pensar en una realidad que no es única, sino que puede contener varias realidades y temporalidades al mismo tiempo.

“Shooting the Waves. Toma #3” nació durante el confinamiento por la pandemia a partir de una película de 10 minutos realizada a distancia. Mesa contó que en ese período trabajó con objetos relacionados con la luz y el brillo, y realizó grabaciones en las que bailaba con su madre por teléfono.

Con el tiempo, esos elementos pasaron de la película al espacio físico y se convirtieron también en parte de una instalación. Los objetos, los reflejos, las sombras y el movimiento fueron adquiriendo presencia sin que necesariamente buscara darles un significado único.

“Ya no intento entender por qué las cosas están ahí… ya están”, expresó.

En la charla se hizo notar la ausencia de la figura humana como protagonista y la posibilidad de que el paisaje construya una narrativa. Se habló de cómo durante la pandemia la naturaleza recuperó temporalmente lugares ocupados por las personas.— Karla Acosta Castillo

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