“¿CÓMO ENTRASTE AQUÍ…?”

San Mateo fundió en un mismo relato dos parábolas distintas: la del banquete que hallamos en el texto de san Lucas y la que llamaremos “de la ciudad rebelde”, que es aportación suya. Mientras la primera parábola, la del banquete, critica la necedad de los que se pierden la alegría del Reino de Dios por darle más importancia a sus intereses mundanos, la parábola “de la ciudad rebelde” denuncia la perversidad de los que se oponen directamente a la entronización del príncipe y al establecimiento del Reino.

Estos son los fariseos, los sumos sacerdotes y las gentes principales de Israel que buscan la muerte de Jesús. El rey de la parábola es el mismo Dios, y su hijo es Jesús, que se presenta como el “novio” del pueblo elegido.

Jesús anunció el Evangelio a los pobres, a los pecadores y a los marginados de Israel, y se sentó a comer con ellos en una misma mesa, mientras los primeros invitados, los fariseos, se quedaron murmurando.

Ante el banquete de salvación y de amor ofrecido por Cristo las reacciones son dispares, de rechazo y de aceptación. Los primeros invitados respondieron con indiferencia, con fastidio, hasta con hostilidad y desprecio. Fue la reacción que Jesús experimentó.

Hoy, pues, san Mateo nos relata una parábola que tiene como fondo un banquete de boda: ante el banquete de salvación y de amor ofrecido por Cristo las reacciones fueron dispares; pero el banquete no se suspendió y los criados fueron a invitar a toda la gente que encontraron en las calles, en los parques y los mercados…

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