La iluminación, la humedad y el riego son factores fundamentales para cultivar plantas carnívoras en Mérida, donde las altas temperaturas y la exposición solar plantean desafíos para mantenerlas saludables.
Miguel Ángel Valencia Madera, químico farmacéutico biólogo y cultivador de estas especies desde hace 10 años, ofreció ayer la charla “El extraño mundo de las plantas carnívoras”, en la que explicó sus mecanismos de alimentación y las condiciones de desarrollo en un clima como el de Yucatán.
La actividad se realizó en el Centro de Artes Visuales, como parte de la Exposición de Cactáceas y Suculentas.
Valencia Madera dijo que una planta debe cumplir tres características para ser carnívora: atraer a sus presas, capturarlas y digerirlas para obtener nutrientes.
En el mundo existen 670 especies y en México, cerca de 70. En la Península se encuentran dos: una drosera y una utricularia.
Una de las más conocidas es la Venus atrapamoscas, cuyas hojas funcionan como trampas que se cierran al detectar ciertos estímulos. En su interior tiene vellosidades que activan el mecanismo de cierre.
Una vez capturado el insecto, la planta detecta si se trata de una presa que puede digerir. Si las condiciones son adecuadas, libera enzimas que descomponen los tejidos blandos y le permiten absorber los nutrientes. Las partes rígidas que no puede digerir permanecen en la trampa hasta desprenderse.
Las droseras emplean una estrategia distinta: sus tentáculos producen una sustancia pegajosa llamada mucílago, que atrapa a pequeños animales que se acercan. Esta sustancia tiene un olor dulce, similar al de la miel.
Las nepentes, por su parte, desarrollan trampas en forma de cántaro. Sus colores y néctar atraen a los insectos, que resbalan por las paredes internas hasta un líquido con enzimas digestivas.
Valencia Madera explicó que uno de los principales retos para cultivar estas especies en Mérida es reproducir las condiciones de sus hábitats naturales. Los consejos que funcionan en otras regiones no siempre dan buenos resultados en Yucatán, debido a las diferencias de temperatura, humedad y exposición solar.
Como ejemplo, destacó la resistencia de la Drosera burmannii, que ha visto crecer incluso fuera de las condiciones controladas del invernadero. Trasladar directamente al exterior una planta acostumbrada a un ambiente cerrado puede comprometer su supervivencia.
En el caso de las nepentes, la humedad ambiental requiere especial atención. Estas plantas proceden principalmente de regiones tropicales del sudeste asiático, donde crecen en ambientes con abundante humedad.
En cuanto a la iluminación, recomendó proporcionar entre ocho y 12 horas de luz indirecta intensa al día. Cuando se utiliza iluminación artificial, el período puede extenderse a unas 14 horas, dependiendo de las condiciones de cultivo.
Para las especies que lo requieren, sugirió utilizar bandejas con agua y realizar atomizaciones, ajustando la frecuencia a las condiciones ambientales y las necesidades de cada planta.
Por último, Valencia Madera enfatizó que el cultivo de plantas carnívoras exige paciencia, observación y conocimiento de sus características.— Ilse Noh Canché
