Monseñor Charles Scicluna, integrante del Comité Organizador del Encuentro sobre la Protección de Menores que se efectúa en Roma, afirmó que “una persona que constituye un riesgo para los menores ya no puede pertenecer al ministerio. No es cuestión de a dónde desplazarlo: ya no puede ejercer una actividad en el ministerio”.
Durante el encuentro con periodistas que se realizó hoy sábado 23 en el Vaticano para explicar el progreso de los trabajos del Encuentro, Mons. Scicluna, también Arzobispo de Malta y una de las cabezas visibles de la Iglesia en la lucha contra los abusos, destacó que que el Papa Francisco se sintió conmovido “por el testimonio increíble de las mujeres”.
En su intervención, también explicó que existe un problema de comunicación exterior e interior en la Iglesia que agrava más el problema de los abusos que es urgente solucionar.
Problema de transparencia
“No sólo tenemos un problema de transparencia a la hora de encararnos con la sociedad, con las autoridades, sino también en el seno de la misma comunidad de la Iglesia: diócesis que no hablan con otras diócesis, órdenes religiosas que no hablan con otras órdenes religiosas, y que no comparten informaciones fundamentales. Esto ocurre en el seno de la Iglesia”, indicó Mons. Scicluna.
El Arzobispo de Malta también defendió que se debe fortalecer la comunicación entre la Iglesia y las víctimas que han denunciado abusos sobre los procedimientos canónicos, porque en muchos casos, una vez realizada la acusación, no se vuelve a informar a las víctimas del estado del procedimiento.
En ese mismo encuentro participó también en Cardenal Reinhard Marx, Arzobispo de Munich y presidente de la Conferencia Episcopal Alemana.
Traducir decisiones
En su intervención, el purpurado señaló que el camino emprendido en la búsqueda de soluciones que pongan fin a los abusos y que den justicia a las víctimas no se puede terminar cuando se concluya el Encuentro, sino que “hay que encontrar un camino para que todos estos documentos, ideas, informaciones, confluyan. Habrá que traducir todo eso en decisiones”.
“Creo que deberían darse unas líneas vinculantes para toda la Iglesia. En nuestro grupo de trabajo se ha hablado de una actividad de monitorización, como si las diócesis de alguna forma se sometieran a una certificación sobre sus acciones, si esas acciones son conforme a esas líneas guía”, enfatizó.
También intervino en la reunión con los periodistas el presbítero Arturo Sosa Abascal, General de la Compañía de Jesús.
El religioso dijo que la Iglesia acepta “el desafío de acompañar el proceso de maduración afectiva de todos los miembros de la Iglesia. Es una estrategia necesaria. La maduración afectiva es lo que permite una relación sana entre los seres humanas que termina siendo una relación segura, en paz, y para eso tenemos que poner atención a los programas de formación, formación a todos los niveles: consagrados, consagradas, los que se preparan para el ministerio y cualquier persona bautizada para que esa madurez afectiva sea un signo de nuestra propia Iglesia”.
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