A los pocos años de consumada la conquista, piratas ingleses se adentraron por la Laguna de Términos a las inhóspitas entrañas de la Península en busca de las riquezas que escondía una selva densa y sin minerales. El objeto de su deseo era un árbol silvestre usado para teñir telas que la floreciente industria textil de Inglaterra pagaba a precio de oro.
El saqueo del palo de tinte fue no sólo la primera incursión del capital extranjero en la región, sino el primer episodio de la historia de la globalización en Latinoamérica, plantea el sociólogo Othón Baños Ramírez en su nuevo libro “Globalización y cambio social en la Península de Yucatán. Una aproximación sociohistórica”, que será presentado en la próxima Feria Internacional de la Lectura de Yucatán (Filey), en marzo.
El autor es de la idea de que para entender lo que está ocurriendo hoy en Yucatán es necesario estudiar las grandes líneas de transformación social como un proceso más amplio, hay que ensanchar la mirada, llevarla, en principio, a un contexto peninsular y de ahí lo más lejos que se pueda.
“Para explicar el explosivo crecimiento urbano de Mérida debemos dejar de pensar el fenómeno como algo meramente de la ciudad y concebirlo como un proceso que tiene que ver con las entidades vecinas, pero también con el resto del país”, dice. “La misma premisa es válida para abordar los cambios estructurales de las poblaciones del interior”.
La globalización y su impacto social y cultural se han acentuado en las últimas dos décadas en Yucatán, pero sus inicios se remontan a los albores del período colonial. Hasta ahí va Baños Ramírez y en el camino logra demostrar que el fenómeno es más complejo de lo que aparenta y mucho más hondo que sus manifestaciones superficiales.
De principio el investigador aclara en el libro que “la globalización ha dejado huellas profundas en el ámbito peninsular, pero no necesariamente ha propiciado el desarrollo económico local, menos aún el desarrollo social, como se maneja en el discurso político”.
En seis capítulos, el libro aborda las experiencias peninsulares con el capital extranjero, desde esos días del siglo XVI hasta el presente.
El autor, investigador del CIR “Hideyo Noguchi” de la UADY, hace un análisis del vínculo global-local y de sus efectos a partir de siete actividades productivas concretas —palo de tinte, henequén, chicle, camarón, petróleo, maquiladoras y turismo—, seleccionadas porque “de alguna forma modificaron el curso de la historia local”.
En los últimos capítulos se analizan los efectos más generales del fenómeno en la zona y se hace una recapitulación de los principales hallazgos de esta expedición a las entrañas globalizadoras de la Península.
“La globalización refiere a procesos económicos, políticos y culturales que tienen por escenario el mundo e involucran una amplia gama de dimensiones de la vida social”, escribe Baños, quien se enfoca en el estudio de las condiciones en que llega el capital extranjero y los cambios que produce, tanto en la parte de la organización territorial como en la de la organización social.
Piratería forestal
La piratería forestal, que se prolongó entre interrupciones —varias veces los piratas fueron expulsados y otras tantas regresaron— hasta finales del siglo XIX, no dejó ninguna consecuencia positiva a la región en lo social. “Los beneficios fueron para un reducido grupo de terratenientes… los trabajadores fueron casi esclavizados, por así decirlo”, señala el investigador.
“La explotación de la riqueza natural de la región no cambió la situación de pobreza en que vivía la gente, al contrario, las condiciones laborales y de insalubridad se hicieron peores”.
En lo económico, en cambio, tuvo un impacto positivo para la zona de El Carmen, que a raíz de esta actividad comenzó a poblarse y obtuvo recursos fiscales que disputaron los diferentes gobiernos que se sucedieron finalizada la colonización.
“La riqueza de Ciudad del Carmen fue un trasfondo que siempre estuvo presente en el viejo conflicto entre las élites de Campeche y Yucatán. La pujanza económica carmelita dio a Campeche fuerza suficiente para lanzarse a la aventura de la separación”.
El Oro Verde
En el siguiente capítulo, el autor analiza el desarrollo de la agroindustria del henequén, ejemplo de la globalización en la modalidad de enclave agrícola.
Lejos de repetir lo mucho que se ha dicho sobre el tema, Baños pone el acento en cómo el dinero extranjero permitió la capitalización de las haciendas y de distintas empresas financieras que luego se hicieron locales.
“El contexto de la relación condicionó a los empresarios yucatecos a vender la fibra a las mismas compañías que las financiaban y sobre todo fijó una idea de que solamente se podía prosperar mediante ese tipo de arreglos. De manera que quienes determinaron siempre el precio del henequén fueron las compañías extranjeras, pese a que Yucatán era el único proveedor en el mundo de esa fibra tan importante y necesaria”.
Las consecuencias de la relación entre capitalistas estadounidenses y hacendados yucatecos fueron amplias y profundas. Yucatán vivió una era de verdadera prosperidad, aunque luego sufrió una dura decadencia.
“Con el henequén se configura un territorio y un cuadro de clases sociales”, señala el autor, quien muestra cómo la lógica del capital extranjero impuesta por sus agentes si bien al inicio impulsó la economía, con el tiempo se convirtió en una pesada hipoteca, cuyo saldo fue la pérdida de la autonomía local y una gran fragilidad de su crecimiento económico.
Durante un siglo Yucatán vivió bajo la lógica y los ritmos que imponía esa actividad agroindustrial, que impulsó la modernización del Estado y el desarrollo de Mérida como un centro urbano importante, pero también tuvo enormes costos sociales —como el despojo de tierras a los mayas y la explotación de los trabajadores— y medioambientales, ya que se deforestaron miles de hectáreas de selva para sembrar el agave.
Chicle
Con el mismo rigor científico el autor examina las otras experiencias de capital extranjero en la península registradas desde la segunda mitad del siglo XIX hasta nuestros días, desde la explotación del chicle, el camarón y el petróleo en Campeche, hasta el actual auge de la industria turística en Quintana Roo.
“Lo que está ocurriendo hoy en Yucatán en parte es consecuencia del ‘boom’ turístico de Quintana Roo”, dice. “En los 70 y 80 gran parte de la fuerza de trabajo de la zona henequera y de Mérida emigró a Cancún para construir hoteles, trabajar en ellos e incluso invertir”.
“Vemos ahora cómo la migración se revierte: los descendientes de esos yucatecos regresan a estudiar, a vivir en Mérida por diversos motivos. Y lo mismo pasa con Ciudad del Carmen”.
Aportación
Este libro es una aproximación a un fenómeno complejo que requiere de más estudios, señala su autor. “Muchos de mis colegas siguen pensando de una manera local, como si los fenómenos que ocurren aquí tuvieran una frontera formal, política. Tenemos que romper esa idea para plantear los problemas desde una perspectiva más amplia, buscarles sus interacciones, los factores que están concurriendo y están causando determinadas situaciones”.
“Mi principal llamado sería que con base en esta primera aproximación, que todavía es muy general, se comenzara a trabajar con un enfoque más peninsular, no porque uno sea caprichoso, sino porque lo exigen las condiciones sociales, políticas culturales, lo exige la realidad”.— Mario S. Durán Yabur
