El arqueólogo Alfredo Barrera Rubio muestra planos del rancho Asideros 2

Empresa enfrenta dos denuncias por destruir vestigios

El Centro INAH de Yucatán abrió en septiembre de 2017 un procedimiento jurídico contra la empresa Enerall por la destrucción de vestigios arqueológicos en los terrenos del rancho Asideros 2, en Tizimín, la construcción de caminos de terracería y otras obras realizadas sin la autorización correspondiente.

De esta forma, Enerall enfrenta dos procedimientos legales en estos momentos. Uno ante la Profepa por rellenar un cenote, como anticipamos el martes pasado, y otro por la destrucción de vestigios arqueológicos de la cultura maya.

Hasta ahora, según se informó, la empresa regiomontana-estadounidense que impulsa un megaproyecto de cultivo de soya y maíz no tiene denuncias penales porque está en los plazos para demostrar que no es responsable de las acusaciones, pero eso es muy difícil que lo logre porque hay prueba fehacientes en su contra.

El Diario entrevistó ayer sobre estos temas al arqueólogo Alfredo Barrera Rubio, investigador de la sección de Arqueología del INAH Yucatán y responsable del área del oriente estatal.

Confirmó que en varias inspecciones en septiembre, noviembre, diciembre y el 12 de abril pasado se detectó que se destruyeron las estructuras mayas que estaban en forma de cerros de piedras.

Mediante un GPS ubicó donde estuvieron los vestigios y cuando llegó al lugar, todo estaba plano por el paso de maquinaria pesada.

En una rápida inspección, y bajo custodia de vigilantes privados, obtuvo fragmentos de cerámica y de otros materiales que son prueba del asentamiento maya prehispánico que había en ese terreno. Incluso hay una zona arqueológica registrada como Chumucbé y que afortunadamente está intacta.

Barrera Rubio informó que el Centro INAH no ha recibido ninguna denuncia formal o anónima sobre la destrucción de vestigios mayas, y le gustaría que quien tenga información lo haga.

El descubrimiento de las irregularidades de Enerall fue producto del monitoreo que realizan él y su equipo como responsable del área oriente.

En un recorrido que realizó en septiembre de 2017 vio que en el kilómetro 15.2 del tramo de la carretera Tizimín-Colonia Yucatán, en el lado izquierdo, había un camino recién abierto.

El arquéologo entró para averiguar, pues se requiere permiso del INAH para realizar un camino de 10 metros de ancho por medio kilómetro de longitud.

Ese camino lleva a la finca Asideros 2, pero está controlado por una pluma y un custodio privado. Desde ese punto vio muchas hectáreas donde trabajaba maquinarias y vio otros caminos abiertos en forma ilegal.

Entonces con los datos que obtuvo, presentó una denuncia en el departamento jurídico del INAH.

Como no tenían constancia ni evidencias del tipo de trabajo y alguna posible destrucción de vestigios, intentaron realizar una nueva inspección pero con un equipo más completo.

Les impidieron el paso, así que la dirección jurídica colocó sellos de clausura a la obra y los citó para que regularizaran y explicaran lo que hacían en ese terreno, de más de 700 hectáreas.

Enerall entregó parte de la documentación que le solicitó el INAH, pero no los planos de su proyecto agrícola.

El 16 de noviembre el INAH realizó nueva inspección, pero siempre con la custodia de vigilantes privados y con ciertos límites de acceso, y trataron de justificar que la superficie fue afectada hace varios años cuando cultivaron jatropha, una planta que produce aceite para biodiésel.

En el nuevo recorrido hallaron huellas de maquinaria y evidencias de estructuras arqueológicas, recolectaron cerámica, e identificaron dos o tres estructuras arqueológicas con GPS que ya no estaban.— Joaquín Chan Caamal

El 19 de diciembre de 2017 realizaron otra inspección sorpresa porque recibieron reportes de que no pararon los trabajos, sino que a pesar de la clausura seguían el desmonte y compactación del terreno.

No les dieron acceso, pero el investigador vio un tráiler cargado con una maquinaria pesada que estaba a punto de entrar. Con esas nuevas pruebas reforzó su denuncia en el área jurídica.

El 12 de abril pasado, ya con los planos, realizó la última inspección y observó que las áreas seguían igual¨. Pidió que lo llevaran a otra área donde jamás había estado y tenía conocimiento de que habían vestigios arqueológicos.

Bajo custodia llegó al sitio y halló un área bastante grande de monte desmontado con maquinaria pesada (en el noroeste de la propiedad) y vio que un cenote, más bien tipo aguada o rejollada con agua, estaba parcialmente enterrada para que pudiera transitar la maquinaria e instalarán pivotes de riego.

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