Vínculo con el campo
La importancia del contacto directo de la niñez yucateca con el campo generó un parque único de su tipo, como semilla que más adelante germine en buenos recuerdos y aprendizajes sobre el cuidado de los animales y la generación de alimentos en el sector primario.
A 20 minutos de Mérida, en el municipio de Baca, está “Villaventura”, una granja interactiva que brinda a los alumnos de escuelas urbanas y rurales el encuentro con el entorno natural, en una enseñanza que se basa en los sentidos, el tacto, el olor, los sonidos, las texturas de las pieles y plumajes, el equilibrio y los movimientos naturales. En síntesis, una experiencia vital.
“Aquí los profesores enseñan a sus alumnos sobre la vida de los animales, qué requieren, si son herbívoros, mamíferos, ovíparos, etcétera, pero para una mayor huella de aprendizaje, tras la plática sigue la interactuación de los visitantes con los animales”, dice el promotor del proyecto, Guillermo Riestra Alonso. “Así, los niños sienten, tocan, huelen y abrazan a sus anfitriones de la granja”.
Este parque nació de las inquietudes de un padre de familia con tres hijos, dedicados a las acciones altruistas a favor de gatos y perros en situación de calle. Y en plática con sociedades de padres de familia, Guillermo visualizó la importancia de un parque vivo, al cual se llega por la carretera Mérida-Motul. Al arribar a Baca, a la altura del nuevo puente, se da vuelta a la derecha hacia Yaxkukul, pero solo se avanza lo necesario en el camino al rancho Kancabchén.
“Villaventura” se ubica rodeando Kabcanchén, hasta avanzar por un camino empedrado, después de la primaria rural “El Niño Artillero”.
El señor Riestra Alonso explica que como padre de tres hijos le preocupaba la vida de éstos en la ciudad, desconociendo las cosas del campo y sin reflexionar sobre la importancia de la producción de alimentos, todo el día conectados al teléfono celular o a una pantalla de televisión.
“Es necesario que los niños de la ciudad vengan a valorar la vida del campo y, al mismo tiempo, los estudiantes de las comisarías y rancherías vengan para aprender cómo cuidar mejor a esos animalitos de granja, que ellos sí conocen porque deambulan por sus patios, pero no saben si están bien cuidados”, añade.
Así, los niños del sector rural aprenden a dar un trato mejor a sus animales de traspatio mientras que los de la ciudad aprenden lo que es trabajar en el campo a una temperatura de casi 40 grados, y desde esa corta edad se preocupen por el campo.
El terreno ocupa 12,500 metros cuadrados. Tiene bardas y rejas, para dotar al visitante de la sensación de libertad, que goce de protección pero no se sienta cerrado o en un reclusorio. En su primera etapa sólo hay animales de granja; pollos pavos, gansos, borregos, conejos, pavorreales, cerdos pelones y cerdos vietnamitas, borregos, cabras y dos caballos rescatados de las heridas de su rudo trabajo.
“Estamos en espera de que nos lleguen las vacas, buscamos la clásica blanca con manchas negras”, indica el entrevistado.
“No queremos confundir a los niños con explicaciones complejas de las variedades de ganado bovino”, agrega.
Ahí se busca la convivencia de los niños con los animales de granja y que cada vez que regresen encuentren algo nuevo. El sitio tiene juegos, todos rústicos: llantas de tractor y de aplanadores forman un circuito para niños y padres de familia y también se puede encontrar el clásico juego de jalar la soga. Son juegos interactivos para correr, sudar y aprender a trabajar en equipo.
Riestra Alonso recalca que no se puede dejar a los niños de las ciudades sentados todo el día frente a una pantalla, pues así se limita el desarrollo de un adulto: “Para ser un adulto pleno tienes que ser un niño feliz”.
Subrayó que la primera etapa arranca con animales de granja y dos tipos de cultivos, para que los niños conozcan el huerto tradicional y el huerto hidropónico.
“Villaventura” fue construido con las piedras del mismo terreno y se buscó un parque de un solo plano, para que también la recorran personas con capacidades diferentes. Por eso hay rampas en el aula principal, sanitarios y otras instalaciones.
No manejará muchos animales porque su objetivo no es la engorda y venta de ellos sino su sano crecimiento, que estén en óptimas condiciones de salud y limpios, para que los visitantes tengan una experiencia feliz.
El parque no venderá refrescos embotellados ni fritangas, pero permitirá a las escuelas y alumnos organizar sus propios “lunchs” y se podrá comer en el área de convivencia familiar. A lo largo del derrotero habrá garrafones de agua pura, para que los niños rellenen sus botellones.
Su promotor explica que el tiempo del recorrido es libre, el plazo que la escuela quiera: “Si llegan a las 8 de la mañana y se van a la una de la tarde es perfecto, porque eso quiere decir que la pasaron contentos: si estuvieran aburridos se van en una hora”.
En las visitas escolares no se aceptan grupos de más de 50 niños, para evitar someter a los animales a estrés, además de que luego que pasan los primeros niños los animales ya comieron y no quieren convivir con más gente.
Habrá una guía capacitada en inglés, por si quieren los visitantes que les hablen en ese idioma.
Al final de las visitas escolares y familiares se entregan reconocimientos a los niños: un diploma de club de amigos, para que den seguimiento a su experiencia en posteriores visitas.— A.N.E.
