“El periodista debe ser, ante todo, un educador”. Carlos R. Menéndez González.
Como el eterno Fénix que emerge de las cenizas aún humeantes, así literalmente se erigió “La Revista de Yucatán”.
Y no es un mito, del fuego de su antecesora, “La Revista de Mérida”, la nueva publicación renace, se reconstruye y resiste durante 12 años los embates de sus enemigos guiada por su fundador, don Carlos R. Menéndez González.
En la cronología de un siglo y medio que antecede la génesis de Diario de Yucatán, marca emblemática que forma parte de Grupo Megamedia, “La Revista de Yucatán” constituye el segundo episodio de una historia marcada por la lucha, por resurgir, evolucionar, expandir sus horizontes y alcanzar, como el ave legendaria, altos vuelos.
El 7 de abril de 1912, cuando su director estaba encarcelado, sale a la luz el primer ejemplar de “La Revista de Yucatán”, que a pesar de su escarpada, accidentada historia, no consiguen acallar o apagar su voz, y pronto gana popularidad y difusión en el Sureste.
El preámbulo
Tres meses, a partir del 20 de enero, comenzó a tomar forma la nueva publicación diaria elegida por don Carlos Menéndez para proseguir su labor en el coliseo de la prensa libre, precisamente cuando sale de la penitenciaría, acusado de subversivo por los artículos difundidos en “La Revista de Mérida”, incautada en diciembre de 1911 por el gobierno estatal.
Con el apoyo de un grupo de yucatecos que le tienden la mano de manera irrestricta, el 19 de febrero de 1912, el periodista constituye la “Compañía Editora Peninsular, Sociedad Anónima”, que se encarga de publicar “La Revista de Yucatán”.

El Consejo de Administración de la nueva empresa lo integran: Dr. Alonso Patrón Espadas, presidente; abogado Rodolfo Menéndez Mena, vicepresidente; abogado Joaquín Patrón Villamil, secretario; Arturo Ponce Cámara, propietario de la Cervecería Yucateca, vocal primero; Dr. Alberto Correa Aloy, segundo; Dr. Rafael Romero, tercero, y Carlos R. Menéndez, tesorero y gerente.
Además, son propietarios de las 50 acciones de la nueva firma, según lista de puño y letra del gerente: Carlos R. Menéndez (24), Arturo Ponce (cuatro), R. Romero (cuatro), Alonso Patrón E. (cuatro), Beytia (dos), Pedro Palma B. (dos), Federico Escalante (dos) y, con una cada uno, Federico Escalante, Lic. Trava Rendón, Atilano González, Dr. Correa Aloy, Eugenio Caamal Cetina, Lic. T. (Tomás) Aznar Rivas, Víctor Puerto Palma, Joaquín Patrón Villamil, Aurelio Pinto, Dr. Ricardo Sauri, Manuel Arjona, Florencio Mendicuti, Clemente Zepeda y Dr. Villalobos.
El educador e historiador Rodolfo Menéndez de la Peña, en su obra “Periodismo de Yucatán”, que se publicó en 1913, resume el nacimiento de la nueva aventura editorial de don Carlos: “La Revista de Yucatán de que es Director D. Carlos R. Menéndez, diario que se inauguró con beneplácito de la sociedad yucateca y de la prensa de la República en general el 7 de abril de 1912, es uno de los enardecidos campeones de la prensa local y valiente defensor de las públicas libertades. Su material de trabajo es moderno y completo. Cuenta con dos linotipos reformados, con una grandiosa Duplex último modelo, la primera que se instaló en nuestro Estado y un sistema de esterotipia”.
Y en efecto, en marzo de ese simbólico año en los albores del siglo XX, el señor Menéndez González trae a Yucatán la primera rotativa Duplex de cama plana, para imprimir de cinco a seis mil periódicos de ocho páginas, linotipos de última patente, fundición de estereotipia y otros modernos elementos tipográficos de esa época.
Primera zancadilla
En la víspera de la publicación del primer ejemplar, el 6 de abril, “La Revista de Yucatán” sufre el primer ataque de la máquina gubernamental. Se dicta orden de aprehensión contra todos los integrantes del Consejo de Administración de la Compañía Editora Peninsular.
Cobijados por las sombras de la noche, agentes de la policía al servicio del aparato oficial, rodean la manzana del local del periódico, en el número 462 de la calle 59 con 54, en el cruzamiento conocido como “La Esperanza”, irrumpen en el edificio y apresan a don Carlos en su mesa de trabajo, cuando termina de escribir el editorial de apertura y prepara la primera edición, que saldría a la calle a la mañana siguiente.

Son detenidos también el Lic. Patrón Villamil y el Dr. Romero, pero los demás componentes del Consejo tuvieron “la oportunidad de ponerse en cobro” (refugiarse en lugar seguro), como se reproduce en la edición de Diario de Yucatán del miércoles 31 de enero de 2000, en ocasión del 75 aniversario del legado de la “La Revista de Yucatán”.
En cuatro meses de su incipiente vida, de abril a julio, las ediciones de “La Revista de Yucatán” se ganan el éxito y la aceptación de sus crecientes lectores. La mitad de ese período el director de la publicación permanece en prisión, entrampado en siete procesos, un caso único en la historia de México, que encausa el juez Antonio Esquivel Navarrete por instrucciones del gobierno del Estado, que preside el Dr. Nicolás Cámara Vales.
Los siete juicios en contra del periodista son: “por rebelión, por conato de rebelión, por ultrajes a funcionarios públicos, por difamación, por calumnia y por sedición”.

Siete veces consecutivas don Carlos R. Menéndez goza de amparos de la Suprema Corte de Justicia de la Nación que son ignorados por las autoridades locales, y a pesar del fallo federal el director de “La Revista de Yucatán”, a las puertas de la penitenciaría, es acusado de nuevo delito y devuelto a prisión.
Cuando se gesta un octavo proceso en contra de don Carlos, ahora bajo los ficticios cargos del robo de la cartera y el reloj de un funcionario público, una comisión de la Suprema Corte visita al presidente Francisco I. Madero, para solicitarle la libertad del periodista detenido. El jefe del Ejecutivo federal expide por telégrafo al gobierno de Yucatán la orden de que deje en paz al señor Menéndez González y le permita ejercer su labor periodística.
Durante los siguientes dos años, a partir de 1912, bajo la dirección in situ de don Carlos R. Menéndez, “La Revista de Yucatán” cobra un apogeo inusitado en un entorno agitado de la historiografía del país, en la que ocurren atentados en contra de la libertad de expresión, la traición y los asesinatos del presidente Madero y el vicepresidente José María Pino Suárez, el 22 de febrero de 1913, ordenados por el general Victoriano Huerta, comandante de las Fuerzas Armadas de la nación.
A pesar de que las autoridades locales y algunos representantes de la prensa de esa etapa se doblegan a la dictadura huertista, “La Revista de Yucatán”, fiel a sus convicciones y principios, continúa con sus demandas editoriales de investigación y castigo por las ejecuciones de Madero y Pino Suárez, fluyendo la información veraz de los acontecimientos en la turbulencia que envuelve a México y al Estado.
La amplitud y claridad en las noticias de los convulsionados acontecimientos le permiten a “La Revista de Yucatán” la impresión de ediciones que superan, por primera vez en la Península, 40 y más páginas en ediciones que establecen marcas de más de 10,000 y 15,000 ejemplares diarios.
Segundo traspié
En noviembre de 1914, con la victoria de la revolución constitucionalista liderada por el Gral. Venustiano Carranza, y la caída de Huerta, por disposiciones carrancistas asume el cargo de jefe del Ejecutivo estatal el mayor Eleuterio Avila, quien de inmediato se apodera de “La Revista de Yucatán” y ordena, una vez más, la detención de su director a pesar de que durante la dictadura huertista se distinguió por la defensa cívica de la gubernatura de Yucatán. Sin embargo, la intención de Avila es otra, terminar de una vez por todas con la incómoda pluma del periodista.
Ocultos en la cavidad inferior, en la cloaca de una embarcación inglesa, el señor Menéndez González y su antiguo compañero y amigo Felipe Carrillo Puerto, colaborador de las revistas de Mérida y de Yucatán, escapan a Nueva Orleáns. El buque zarpa de Progreso rumbo al puerto estadounidense para salvar sus vidas.

Obligados ambos a exiliarse en la urbe de Luisiana, el Consejo de Administración de “La Revista de Yucatán” consigue que el gobernador Avila les devuelva el periódico, y asume interinamente la dirección del rotativo el secretario, Joaquín Patrón Villamil.
Tres meses más tarde, el 4 de febrero de 1915, el general Toribio de los Santos, sucesor de Avila en la gubernatura, vuelve a incautar “La Revista de Yucatán” y le entrega la dirección y administración al veracruzano Manuel Bauche Alcalde (del 1 al 12 de febrero). Posteriormente, también ocupan el cargo de manera transitoria el Lic. Alvaro Gamboa Ricalde (13 de febrero) y Carlos Escoffié Zetina (19 de febrero).
Un mes después, el 4 de marzo, el nuevo gobernador y comandante militar de Yucatán, Gral. Salvador Alvarado, impone como director a Antonio Ancona Albertos, enemigo personal de Carlos Menéndez, según se cita en la reseña de Diario de Yucatán del miércoles 31 de mayo de 2000 .
Los planes del Gral. Alvarado son otros, van más allá, y el 25 de marzo de ese año, se apodera definitivamente del periódico fundado por don Carlos Menéndez, e intenta aniquilarlo, desaparecerlo. Incauta los talleres y ordena la publicación de otro rotativo, también bajo la dirección de Ancona Albertos, ahora con el nombre “La Voz de la Revolución”.
Así, la vida de “La Revista de Yucatán” expira a los tres años y 45 días de ver la luz, cuando su creador y propietario desde el destierro obligado, muy a su pesar se entera de la culminación de la primera de las tres etapas del periódico independiente.
Don Carlos Menéndez recuerda ese amago episodio de su vida, de “La Revista de Yucatán”, en una entrevista que le hace el escritor hondureño Rafael Heliodoro Valle, publicada el 27 de marzo de 1949 en “La Revista de la Universidad de México”: “Aquel periódico era ya respetable cuando Alvarado dispuso incautárselo. Se llevó linotipos, imprenta, todo, todo…”.
Durante cuatro años, por la publicación “La Voz de la Revolución”, impostora de “La Revista de Yucatán”, dirigen sus contenidos, hasta que desaparece en 1919, el Dr. Alvaro Torre Díaz (dos veces gobernador yucateco, en 1917 como sucesor interino del Gral. Alvarado, y después electo, de 1926 a 1930); el poeta Manuel Carpio, el periodista venezolano Luis R. Guzmán, el Lic. Antonio Mediz Bolio y Horacio E. Villamil, entre algunos más.
De 1915 a 1916, el señor Menéndez González, despojando por segunda ocasión de todo su patrimonio, junto a Carrillo Puerto, se emplean como lavaplatos en Nueva Orleáns para sobrevivir. Más tarde, el periodista viaja a la capital cubana donde labora en las redacciones de los diarios “Heraldo de Cuba”, del Dr. Manuel Márquez Sterling, y “Diario de la Marina”, de Nicolás Rivero, y como inspector de sumideros para ayudar a la manutención de su familia, que permanece todo ese tiempo en Yucatán.
Caer y levantarse
En 1917, don Carlos R. Menéndez retorna de su exilio forzoso a México y comienza de nuevo su tarea de reconstruir, como una valiosa pieza de joyería, “La Revista de Yucatán”. El 6 de febrero de 1918 establece en la casa 578 de la calle 58 sur de Mérida su tercera sociedad periodística. Se constituye la Compañía Tipográfica Yucateca, que apoyan y animan un grupo de compañeros del periodista que encabeza Arturo Ponce Cámara, a quien considera su amigo personal.
Integran el Consejo de Administración Gerardo Manzanilla Montore, como presidente; el secretario es el abogado, poeta y periodista José María Covián Zavala, y el primer vocal, Ponce Cámara.
Para cumplir con su vocación periodística, el señor Menéndez importa de los Estados Unidos su segunda rotativa Duplex, linotipos más modernos, prensas, un taller de rotograbado y un taller de encuadernación, entre otros elementos de las artes gráficas.
El 1 de octubre de 1918 reaparece “La Revista de Yucatán”. A los 46 años de edad, Carlos R. Menéndez regresa al campo de batalla, a lo que es su pasión, como director y gerente general del rotativo, al periodismo libre, independiente. El décimo mes del año marca la segunda fase del periódico clausurado y expropiado el 25 de marzo por el Gral. Salvador Alvarado.
Una vez más, la sociedad yucateca recibe con muestras de aceptación y apoyo a “La Revista de Yucatán”, y con ello se escribe otro borrascoso capítulo de la narrativa entrecortada del periódico en el que como una obra de suspenso se caracteriza por frecuentes ataques al rotativo y en contra de la propia vida de su fundador y director.

En la obra “Yucatán en el tiempo”, publicada en 1998, se compendia el tortuoso camino de “La Revista de Yucatán”: “Oposición abierta al poder público en Yucatán, el periódico fue víctima a lo largo de su existencia de diversas acciones con la intención de acallarlo. La víspera de la publicación del primer número, el gobierno de Yucatán dicta orden de aprehensión en contra de los miembros del Consejo de Administración del nuevo diario, heredero de La Revista de Mérida y vuelven a encarcelar a su director el mismo día en que aparece el primer número. Al director le siguieron siete procesos jurídicos que fueron neutralizados por siete amparos de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. A pesar de los amparos el periodista no es liberado sino hasta que el propio presidente de la República, Francisco I Madero, interviene para ordenar que lo dejen en paz y le devuelvan su periódico”.
Durante dos años, el director y sus colaboradores trabajan con aparente tranquilidad. Sin embargo, entre marzo y mayo de 1921, don Carlos se entera de un maquiavélico plan para aniquilar definitivamente “La Revista de Yucatán”, a cualquier precio, ya sea dinamitar o quemar sus instalaciones y asesinar a su director si es preciso.
Carlos R. Menéndez responde con el valor de su pluma en un editorial en la que denuncia el perverso, criminal plan: “Nada se conseguirá con quitarnos del camino, pues este diario, en manos menos torpes o más hábiles que las nuestras -como quiera entenderse-, proseguirá serenamente su ruta como hasta la fecha, en defensa de la Verdad, de la Justicia y de la Patria”.
Además, en el mismo escrito don Carlos advierte, ante lo que parece inminente, constituir otra empresa, con nuevo capital y equipos, linotipos y prensas de manufactura estadounidense.
Corren 1922 y 1923, los años en lo que asume la gubernatura Carrillo Puerto, y los avatares del destino enfrentan a los que tiempo atrás lucharon en la misma trinchera del periodismo.
Ahora, el gobernante de tendencia socialista persigue a don Carlos R. Menéndez y a “La Revista de Yucatán”, al grado de nuevo peligrar la existencia del periodista, según se cuenta en la edición conmemorativa del 75 aniversario del vástago de la publicación, Diario de Yucatán.
Última arremetida
En las sombras de la madrugada del 27 de mayo de 1924, una turba de rufianes, delincuentes armados, dirigidos y protegidos por la fuerza pública del gobierno del Estado y el Ayuntamiento de Mérida, representados por José María Iturralde Traconis y Javier M. Erosa, respectivamente, asalta, incendia y destruye en dos horas los talleres y el edificio del periódico en el número 578 de la calle 58. Al fin se finiquita la confabulación planeada en 1921.
En la defensa estéril del patrimonio familiar es lesionado Carlos Antonio Menéndez Acevedo, hijo mayor de las primeras nupcias de don Carlos con doña Carmen Acevedo Zapata, también ya fallecida. Carlos Antonio moriría años más tarde de causas naturales.
La tropelía, la tercera contra el rotativo, de repercusiones nacionales e internacionales queda sin castigo, y don Carlos pierde por tercera vez sus bienes materiales, y unas 300 familias se quedan sin sustento diario. Entre el fuego ardiente y los gritos de gamberros envalentonados por el alcohol fenece la segunda etapa de “La Revista de Yucatán”.

Don Carlos ilustra ese atropello al periodista Valle en la entrevista que el segundo le hizo en 1949: “…en 1924 una turba de trogloditas a las órdenes del gobernador en turno asaltó a mano armada una noche los talleres y oficinas; las destruyó valiéndose de toda clase de instrumentos contundentes e impregnando cajas, máquinas, muebles, etc., con petróleo; se desarrolló un incendio pavoroso que redujo a cenizas mi patrimonio. Nada estaba
asegurado”.
Muy lejos de lamentarse, don Carlos pone manos a la obra el mismo día del atentado. Otra vez las manos de amigos y el prestigio que le distingue le permiten que la National Paper and Type Company de Nueva York le envíe a crédito la tercera rotativa Duplex y elementos tipográficos más modernos que los que horas antes fueron destruidos.
Resurgimiento
Dos meses después de la devastación, el 27 de julio reaparece “La Revista de Yucatán” y el periodista Menéndez González comienza en un inmueble prestado, en el número 527 de la calle 62, propiedad de Gerardo Manzanilla, la que sería su efímera, la tercera etapa de su empresa, de Compañía Tipográfica Yucateca.
Pero el colofón de reiteradas, insistentes y graves arremetidas oficiales contra “La Revista de Yucatán” estaba escrito. El 27 de septiembre, dos meses después de emerger de los escombros, el gobierno estatal, ahora encabezado por José María Iturralde Traconis, invade con su policía los talleres y oficinas del periódico. Otra vez despoja a don Carlos de su fortuna. ¿El argumento? Una deuda de miles de pesos por concepto de impuestos no pagados al capital en giro y la venta de libros históricos.
Al igual que en las anteriores ocasiones de ataques a “La Revista de Yucatán”, los usurpadores pretenden arrancar de sus bases la rotativa y los linotipos, pero don Carlos R. Menéndez y especialistas en Derecho le advierten al gobernador Traconis la gravedad de esa acción, ya que por ser bienes adquiridos a crédito a una empresa estadounidense, la destrucción o robo causaría un conflicto internacional.
Todo se consuma. Por tercera ocasión el periodista Menéndez González es privado, desposeído de todo su patrimonio, con excepción de su casa particular.
Ante la falta absoluta de garantías, sin la obediencia a las leyes, y para evitar más perjuicios a sus amigos que le apoyan, don Carlos decide trasladar el dominio literario de “La Revista de Yucatán” a su amigo Antonio Mediz Bolio, para que continúe la publicación bajo su férula y responsabilidad.
Después, el periódico lo presiden Luis Rosado Vega y finalmente Julio Castillo Pasos por dos años más, hasta que “La Revista de Yucatán” agoniza en 1926.
En palabras que reproduce el periodista Valle en 1949, el señor Menéndez González relata lo que sucedió con “La Revista de Yucatán” luego del fatal asalto de las huestes oficialistas en 1924, pero sin perder jamás el optimismo y la ilusión anticipa su nuevo proyecto editorial: “…el diario resurgió dos meses después, aunque tuve al fin que deshacerme del periódico porque pronto se nos amenazó con un nuevo incendio. La Revista murió así en manos mercenarias. Un año después surgió Diario de Yucatán”.- Carlos Fernando Cámara Gutiérrez

