La Ermita de Santa Isabel o Nuestra Señora del Buen Viaje

Rumbo con identidad

Improvisado coso taurino, set de cine y televisión, escenario de eventos musicales, marco de bodas y paseo obligado por la ciudad, la Ermita de Santa Isabel o de Nuestra Señora del Buen Viaje es uno de los pocos espacios de la ciudad que aún conservan su aire colonial y la tradición familiar de salir por la tarde al parque o a “tomar” el fresco a las puertas de las casas.

Sin tiendas de conveniencia, gasolineras o farmacias 24 horas, por el momento, este sector de la ciudad, ubicado a dos cuadras al oriente de la plazuela de San Sebastián y a seis cuadras al sur de la Plaza Grande, ha conservado una propia identidad, a pesar de estar dentro del perímetro físico, social y humano del barrio de San Sebastián, uno de los más antiguos y de mayor tradición de Mérida.

Apellidos como Arias, Vargas, Cámara, Flores, Ayora, Nahuat, Barredo, Pinto, Arceo, Alcocer, Chein, Cervantes, Monsreal, Pacheco, Medina, Millán, Pérez y Peraza, son algunos pertenecientes a familias que han habitado por muchos años en este rincón del sur del centro de la ciudad, por lo que fuera el camino antiguo hacia Campeche y que le dio el sobrenombre de la Ermita del Buen Viaje o de Nuestra Señora del Buen Viaje.

El Inicio

No se conoce con precisión la fecha en que se fundó la Ermita de Santa Isabel, nombrada así en homenaje a la madre de san Juan Bautista, cuya imagen se supone lucía el altar principal, pero sí se sabe que como penitencia un vecino llamado Gaspar González de Ledezma costeó la construcción con sus propios recursos.

Empezó a ser conocida por su nombre a partir de la construcción del Camino Real a Campeche en 1790 por el entonces gobernador Lucas de Gálvez.

Su uso se reafirmó en 1820, cuando se inauguró el cementerio X-Koholté, al sur de Mérida, y desde entonces no solo fue parada obligada para las personas que se dirigían al principal puerto de la Península, cuyo viaje duraba tres días, sino también para las procesiones que se dirigían al cementerio de la ciudad.

René Alberto Flores Ayora, vecino del rumbo y cuya familia ha vivido ahí por muchas décadas, asegura que la Ermita ha conservado su propia identidad al paso del tiempo.

Comentó que a diferencia de otros barrios como San Juan, Santa Ana o Santiago, cuyos vecinos de antaño emigraron hacia otros rumbos de la ciudad y sus comercios cerraron, aquí permanecen los descendientes de las familias y comercios de antaño, como la tienda de la Ermita, en la esquina de las calles 77 con 66.

“Aún contamos con nuestra panadería con horno de leña, cuyo propietario fue ‘don Evelio’, ubicada en la calle 64 con 77; es de las pocas que aún tienen horno de leña y el pan es exquisito e inigualable”, platicó el vecino.

Otros comercios que subsisten son las tiendas “La guayabita”, en la calle 66 con 75; y “La flor de mayo”, en la 68 con 75, así como la tortillería “La Ermita”, en la calle 77 entre 64 y 64-A.

El entrevistado aseguró que si se pregunta a algún vecino por alguien de este rumbo, enseguida le dan razón de él y eso es posible porque se conocen todos de generaciones.

Descendientes

Aseguró que en el cuadrángulo de la Ermita más del 95% de los propietarios siguen siendo descendientes de las mismas familias de hace décadas, quienes a diferencia de lo que ocurrió en colonias como San Juan o Santiago, donde los vecinos emigraron, aquí se quedaron a vivir en el barrio.

“Se ha mantenido la identidad de nuestra Ermita de Santa Isabel, los que habitamos en este cuadro de la Ermita somos descendientes orgullosos de ser de aquí, mucha gente no se fue, se quedó, yo por ejemplo, y no me iría a otro lado porque estoy identificado con ella, es mi barrio y aquí todos nos conocemos”, dijo el entrevistado.

“Límites”

Aunque catastralmente no hay delimitación, para los vecinos de La Ermita la zona está conformada por unas 10 manzanas, colinda al norte con la calle 73 (esquina del Clarín), y en esta vía confluyen las calles 64 y 64-A para formar la llamada “Punta del Diamante”.

Al sur la colindancia es con la calle 81 (esquina de “El gallo”), al oriente con la calle 64 (rumbo de San José de la Montaña) y al poniente con la calle 68 de San Sebastián.

Flores Ayora recordó que la Ermita tuvo un equipo de fútbol que empezó desde abajo, desde las fuerzas inferiores; se fue a jugar a Villa Palmira y después ganaban todos los torneos, solo faltaba llegar a la primera fuerza estatal.

“A partir de ahí, muchos jóvenes nos dedicamos al deporte, estamos hablando de los años 60 y 70. Hace dos años se tomó la decisión de empezar a juntar a todos los ermitaños que jugamos fútbol y cada año, por ejemplo, el pasado 29 de diciembre, tuvimos un convivio con quienes logramos ascender a primera fuerza estatal”, dijo Flores Ayora.

Extranjeros

En relación con los extranjeros que viven en el sector, el vecino dijo que son muy contados y si acaso hay unos seis predios ocupados principalmente por canadienses.

“Tampoco hay mucha venta de casas”, dijo, “ya que las residencias que adquirieron nuestros abuelos las heredaron a sus hijos y éstos a nuestros papás, y aún las seguimos viviendo, los extranjeros son contados”, comentó.

“Aquí somos gente de antaño que todavía vivimos las casas de nuestros padres y no hemos emigrado a otro lado”, dijo.

Zayuri Valle Valencia creció en esta zona y a pesar de vivir por ahora en otro sector de la ciudad, la Ermita y San Sebastián son sus verdaderos hogares.

“Mis papás crecieron acá, al igual que yo, desde muy pequeña he vivido en esta zona; actualmente vivo en otro lugar, pero todo el quehacer familiar y muchas actividades las hago aquí en La Ermita”.

La vecina comentó que la identidad y sentido de pertenencia atrae mucho, es como una familia.

“Por diversas circunstancias algunos nos alejamos, pero la mayoría seguimos teniendo conexión con la zona y algo curioso es que a pesar de que San Sebastián y La Ermita están conectados, son barrios cercanos, las dinámicas de identidad son distintas, pero se complementan”, dijo.

Entrevistada a un costado del templo de La Ermita de Santa Isabel, Zayuri aseguró que prevalece la gente local en la zona que ha heredado la casa de sus papás, de segunda, tercera y hasta cuarta generación.

“Hay gente que es del extranjero, muy poca, pero sí la hay, y también la hay de otras partes de la República, también en menor porcentaje, pero se han instalado”, indicó.

Delitos

A pesar de que en los últimos meses se han suscitado hechos vandálicos en el lugar, los vecinos aseguran que es una zona tranquila y que muchas veces obedecen a hechos aislados o conflictos personales.

“Por naturaleza, la actividad delictiva del yucateco, comparándolo con otros lugares de la República, es de bajo impacto, viene, te vandaliza, te rompe tu cristal, algo que es natural cuando no existe desde la casa una convivencia o atención”, dijo Zayuri Valle.

Aseguró que en la Ermita en general uno puede pasar a cualquier hora de la noche, puede caminar y no corre riesgo, “es un lugar muy vivo, con un ambiente muy agradable”.

“Hay casos muy aislados, también han habido robos en las casas y en la iglesia, entonces es algo que ya estamos atendiendo también como vecinos, formando grupos por redes para avisarnos en caso de ver algo extraño”, comentó.— Luis Iván Alpuche Escalante

Festejos religiosos

Este año La Ermita cumplirá un anhelado sueño: contar con su propio gremio religioso.

San Sebastián

El objetivo es participar en los próximos festejos en honor de la Virgen de la Asunción en San Sebastián.

Fomento

Gabriela Vega Valencia, vecina y encargada de dicha acción, comentó a Diario de Yucatán que una de las cosas que los motivaron a comprometerse e impulsar el gremio de La Ermita es motivar a las nuevas generaciones a conservar los usos y costumbres.

Juventud

“Si nosotros no buscamos las formas o mecanismos agradables para que los nuevos jóvenes vayan teniendo ese sentido de pertenencia, el vandalismo va a aumentar y con ello, la identidad del barrio se pierde”, aseguró.

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