Una obra vecinal
“Nosotros levantamos la capilla, por eso nos duele lo que está pasando”, señalan los feligreses de la rectoría San Pedro y San Pablo de la colonia Chichén Itzá que en estos días se encuentra en disputa con un particular.
La capilla, situada en la calle 16 entre 16-A y 23, no había tenido ningún problema relacionado con tierras en sus más de 40 años de historia hasta el lunes 4, cuando obreros enviados por el propietario del terreno colindante abrieron un boquete en la barda de la rectoría, con la intención de levantar un muro en lo que sería un nuevo límite.
Desde entonces los vecinos se han organizado para vigilar la propiedad de mañana, tarde y noche. “No vaya a ser que regrese (el supuesto dueño) y haga su muro”.
Hombres y mujeres se turnan para hacer guardia en el interior de la capilla que hasta ahora no ha suspendido ninguna actividad.
Como informamos, está en disputa casi la mitad del terreno, dentro del cual están cuatro salones, la casa cural, el baño y la cancha.
De hecho, la zona reclamada es donde hace más de 40 años se levantó una casita de palos y cartón que sirvió como capilla en lo que se construía la actual.
En aquel entonces, recuerda Gloria Briceño Moem, una de las vecinas fundadoras, todo ese lugar era monte y un vecino donó el terreno para que se levante la iglesia que en un principio iba a dedicarse a la Medalla Milagrosa.
Doña Gloria asegura que los vecinos se organizaron para tumbar árboles y retirar escombros. Mientras tanto, la misa se celebraba en la casa de una vecina llamada doña Anita.
Así fue durante algunos meses hasta que se construyó la casita de madera.
La casita funcionó como capilla hasta que se construyó la actual con dinero que recaudaron de la venta de panuchos y salbutes, rifas y kermeses.
Sacrificio y privaciones
“Usted no sabe con cuánto sacrificio o privaciones levantamos la capilla para que ahora nos la vengan a quitar”, lamenta doña Gloria.
Todo fue poco a poco hasta que logramos dejar la capilla como hoy está, coinciden Ramón Ventura Dorantes y Mili Virginia Várguez Pérez, otros afectados.
Doña Mili, madre del sacerdote Eduardo Galaz Várguez, dice que la construcción es trabajo de los vecinos porque todos se apuntaron para trabajar.
“Es con base en esfuerzos de todas las personas”, agregó la feligresa.
También recuerda que el lugar era monte y que ella fue de los primeros vecinos que se asentaron en la colonia Chichén Itzá.
“El camión ni llegaba, nos dejaba en Plaza Oriente y veníamos caminando”, dice. Fue en aquel entonces cuando les donaron el terreno que todos juntos se dedicaron a limpiar.
Luego recalca que primero se construyó la casita de cartón, se levantó lo que hoy es la casa cural, siguió la capilla, después los salones, la cocina y los volados o corredores que rodean a la capilla. Hoy la capilla y la cocina son lo único que no está en disputa.
Como no pueden utilizar los salones, para impartir el catecismo del sábado tuvieron que prestar casas de vecinos porque fue imposible acomodar a todos los grupos dentro de la capilla.
También tuvieron que improvisar un excusado en el patio, pues tampoco pueden usar el baño.
Pero aquí estamos y seguiremos y confiamos en Dios que todo va a salir bien, señalan.
La capilla continúa sus actividades normales.
Los jueves hay Hora Santa y los domingos misa a las 8 y 10 de la mañana, que oficia el padre Jorge Elías Chi Chan.— Iván Canul Ek
