Vecinos del Centro Histórico contradicen al Ayuntamiento de Mérida: el problema del ruido no sólo no está controlado, sino que se ha intensificado.— Nuevo reglamento
El gobierno municipal de Mérida declaró hace unos días que se han logrado avances considerables en la lucha contra el exceso de ruido provocado por establecimientos de ocio en el Centro Histórico, que el escándalo y sus dañinas consecuencias han sido mitigados y que la solución definitiva está a un paso de alcanzarse.
Nada de eso es cierto, responden los vecinos. Es más, el problema se ha intensificado con la apertura en la zona de más restaurantes, bares, cantinas, videobares, “antros” e incluso se ha generalizado porque negocios de otros giros han pasado a formar parte del problema: taquerías, salones de fiesta, escuelas de zumba, farmacias, que parecen no poder funcionar sin bocinas a todo lo que dan.
Denuncian también que en seis años de tocar las puertas de alcaldes, directores de Desarrollo Urbano, secretarios de Salud, comisionados de Derechos Humanos y de escribir cartas a un sinfín de funcionarios, lo único que han obtenido son promesas, compromisos incumplidos. “Puro atole con el dedo”.
“No sólo no hemos avanzado sino que estamos peor que antes”, insiste la activista Olga Moguel Pereyra en visita al Diario acompañada de otros cuatro integrantes de “Todos somos Mérida”, agrupación en la que se han organizado los vecinos para canalizar sus demandas y defender su derecho a vivir en paz y dormir tranquilos.
También arremeten contra las autoridades —municipales y estatales— porque, dicen, su falta de diligencia a la hora de emitir autorizaciones y de gestionar las denuncias está ocasionando una “impunidad injustificable”.
“Sufrimos esta pesadilla por culpa de funcionarios blandengues, que sienten terror de aplicar la ley”, se quejan. “Sobrellevan la situación tratando de que las cosas se arreglen por sí solas porque no quieren quedar mal con nadie, nos piden que aguantemos porque ‘ya merito’ y, aunque dicen que nos conceden la razón, infravaloran el daño que estamos sufriendo”.
Algunos funcionarios han dicho claramente que tienen miedo de que los dueños de los establecimientos los demanden si aplican sanciones fuertes, asegura el señor Rubén Mendoza Pasos. Y aunque han sido cerrados temporalmente dos o tres bares —por motivos distintos al ruido—, las cosas no mejoran.
Déja vú
En la conversación con los vecinos flota una persistente sensación de déja vú. Esas mismas quejas, les decimos, se las escuchamos hace dos años, el año pasado, hace tres meses… Exactamente las mismas quejas, repetidas con insistencia, pese a que según el Ayuntamiento —lo volvió a declarar hace unos días, como informamos— tiene el mismo tiempo insistiendo que el ruido de bares y restaurantes ha sido controlado y “sólo falta solucionar en definitiva el problema con la publicación de un nuevo reglamento”, como señala Lorena Velázquez Luna, quien guarda en una carpeta una recopilación de las “promesas incumplidas”.
Respecto al nuevo reglamento, Olga cuenta que los vecinos están a la espera —con esperanza, pero con mucho escepticismo por lo que han tenido que pasar— de esa normatividad.
En febrero pasado, dice, el actual Ayuntamiento les hizo llegar el borrador del nuevo “Reglamento de Protección al Ambiente y del Equilibrio Ecológico del Municipio de Mérida” para que lo analizaran y le hicieran observaciones y sugerencias.
“El Ayuntamiento informó después que hizo el mismo ejercicio con organismos de la iniciativa privada y de la sociedad civil, y que con sus propuestas elaboró un nuevo documento. Pues bien, nos gustaría volver a revisarlo antes de que lo pasen a Cabildo para su aprobación”, interviene Lorena. “Encontramos en las autoridades una actitud receptiva, pero no sabemos en qué medida tomaron en cuenta nuestras opiniones y hay varias cosas que nos preocupan mucho”.
Una de estas cuestiones inquietantes, apunta el señor Mendoza Pasos, es que, en su opinión, la normatividad es permisiva, demasiado tolerante con los generadores del ruido.
Por ejemplo, señala, hay varios “casos de excepción” en los que no será aplicado el reglamento, como “cuando se trate de un evento especial. Sin embargo, no define qué es un ‘evento especial’ ni con qué periodicidad se pueden realizar, o sea, podría haber uno todos los días”.
Otro motivo de preocupación, añade Olga, es que la responsabilidad de actuar recae en las quejas de los vecinos, cuando lo que se pide es que las autoridades cumplan su responsabilidad, impidan irregularidades y apliquen la ley cuando la situación lo amerite. Que antes de extender un permiso verifiquen que el negocio cumpla con tener instalado un sistema de insonorización”.
Y esta exigencia es razonable, para nada imposible, comenta el artista plástico Alonso Maza Herrera, quien refiere que por su rumbo algunos bares ya instalaron este tipo de sistemas que impide al ruido salir a la calle. “Aunque todavía son muy pocos y el problema sigue sin resolverse, permiten confirmar que lo que falta en este asunto es voluntad. Los dueños no pueden argumentar que no lo hacen por falta de dinero, porque son negocios con éxito, si no, hace tiempo que hubieran cerrado”.
Simplemente no les da la gana de insonorizar sus locales y no hay nadie que los obligue, sentencia.
Esta inoperancia de la autoridad es la que propicia realmente el problema, insiste Lorena. “Lo que pedimos es que exista un marco normativo y que se aplique como debe ser”.
Incluso, apunta Olga Moguel, no estaríamos donde estamos si se hubiera obligado a respetar la Norma Oficial Mexicana 081, que desde 1994 establece los límites de ruido permitidos en una zona residencial: un máximo de 55 decibeles de las 6 a las 22 horas, y de 50 decibeles de 22 horas a las 6 de la mañana del día siguiente. “El ruido nocturno en Mérida viola notoriamente estos límites, pues supera con mucho los 95 decibeles”, dice. “Esta Norma Oficial tiene muchos años y es para todo el país. Con aplicarla se hubiera puesto orden desde hace tiempo”.
El tema es el incumplimiento de la ley propiciado por la inacción de las autoridades, que pese a nuestras constantes denuncias se niegan a aplicar las medidas existentes para el control del ruido, señala Maza Herrera.
Un buen ejemplo de esto, continúa, es un bar nocturno inaugurado hace unos meses en la calle 53, en Santa Ana, que se ha convertido en un azote para los vecinos.
“Es una caja de ruido, el dueño es un empresario al que no le importan nada las molestias de los habitantes del rumbo, muchos niños y ancianos entre ellos. Pone su música a todo volumen hasta altas horas de la madrugada y no nos deja dormir”, señala. “Hasta ahorita tengo el ‘pum, pum, pum’ clavado en mi cabeza”.
Aclaración
Los vecinos aclaran que no están en contra ni de la música, ni de los músicos, ni de la actividad comercial, ni de la diversión, que no quieren poner en riesgo el estatus del corazón de la ciudad como zona de ocio y turismo.
“Sólo pedimos condiciones para que pueda haber una convivencia armónica, que se respete nuestro derecho a la salud”, dice Olga. “Claro que me gustaría que pusieran un simpático bar a lado de mi casa, simplemente solicitaría que no invada mi privacidad”.
“Hacemos un llamado a las autoridades a que hagan cumplir las leyes… no creo que les estemos pidiendo algo extraordinario”.— Mario S. Durán Yabur
Promesas
Enero de 2018
“Hoy tenemos respuestas, el tema de la insonorización está puesto en los reglamentos”. Aref Karam, director de Desarrollo Urbano.
Febrero de 2018
“Una vez que asuma el cargo, se realizará una regulación para poner orden y aplicar sanciones a los negocios que no se sujeten al reglamento”. Renán Barrera Concha, entonces candidato a la alcaldía.
Abril de 2018
“En 15 días serán turnadas a la comisión de Gobierno del Cabildo las modificaciones al Reglamento de Desarrollo Urbano que regularán el ruido de restaurantes, bares y cantinas”. José Martínez Semerena, regidor
Me gustaría que pusieran un simpático bar a lado de mi casa, lo único que le pediría es que no invada mi intimidad, que respete mi derecho a vivir en paz…
