Comercio amable
Ya grande, Álvaro Silverio Puc Dzib empezó a vender plantas calle por calle. Antes trabajaba como pintor ebanista hasta que la necesidad lo orilló a buscar otras fuentes de ingreso.
“Lo triste es que fui a varios talleres a pedir trabajo y cuando llegaba el sábado no me daban el sueldo que me ofrecían. En ese tiempo prometían 800 pesos, pero al acabar la semana solo me pagaban 600 ó 500 pesos”.
Con familia que mantener, Álvaro Silverio se atrevió a ir a negocios más formales donde le proponían salario mínimo y prestaciones.
“Pero no me convenía porque no alcanzaba para mi familia, tenía que crecerlos, vestirlos…”, dijo, “y con el salario mínimo, uno se muere de hambre”.
Cuenta que la necesidad lo llevó a varios rumbos hasta que en Chuburná se topó con un señor que vendía plantas. Para Álvaro Silverio fue el inicio de una nueva vida, pues aquel señor le preguntó si quería vender y le daba unas a ocho pesos para que las vendiera a 15 pesos.
Álvaro Silverio, quien había escuchado que aquel señor solo los domingos vendía hasta 600 pesos en plantas, se interesó. Adquirió unas cuantas que “volaron”. Lo que ganó lo invirtió en otros ejemplares que de nuevo vendió sin batallar.
El señor supo entonces que a sus 50 años de edad se dedicaría al comercio de plantas. Al principio llenaba un huacal que amarraba en la parrilla de su bicicleta y recorría las calles, principalmente en la zona de los Vergeles.
Para hacer más próspero su negocio se dedicó a aprender sobre las plantas: cuáles son de sol, cuáles de sombra, cuánto de abono, cuánto de riego… incluso compró un libro para asesorar a sus clientes en el cuidado, pero lo más importante es que él mismo se dedicó a cultivarlas aunque, confiesa, cuando se le acaban no le queda más remedio que surtirse en los viveros.
Con el tiempo también comenzó a vender tierra, ofrecer servicio de jardinería y a fabricar macetas, pues se lo pedían sus clientes.
Sin nada de conocimiento se atrevió a hacer sus propios moldes con cemento y polvo; aunque al principio no le salían, hoy día dice que es un experto.
Ahora expresa que le va tan bien, que su esposa le comenta que si se hubiera dedicado a las plantas desde joven hubiera sido mejor su situación.
“Empecé tarde pero aquí seguiré porque me va bien, y me va bien por el trato que le doy a la gente, uno siempre tiene que ser amable y tener mucha paciencia si quiere vender. Ésa es la clave”.— Jorge Iván Canul Ek
Comercio Plantas
Álvaro Silverio Puc Dzib se dedica a vender plantas en las calles de la capital yucateca.
Triciclo
Pronto se hizo de más clientes y se vio en la necesidad de comprar un triciclo donde transporta sus plantas de ornato: bugambilias, ficus, teléfono, lengua de vaca, garra de tigre, ortiga, rarotonga, vicarias, helechos… “También acepto pedidos. Hace poco me encargaron almendros, lo que me pidan lo consigo, hasta huaya”.
De todo
Álvaro Silverio carga con varias especies porque ahora la gente pide de todo. “Antes pedían más rosas o de las que dan flores, pero ahora de todo, piden mucha hoja”.
