El nuevo reglamento contra el ruido no busca el castigo, sino favorecer el funcionamiento armónico de Mérida, afirma el Director de Desarrollo Urbano.— Solidaridad con los demás
La nueva Ley Antirruido no busca satanizar la diversión, cerrar negocios o inhibir inversiones. Es simplemente una modificación al Reglamento de Equilibrio Ecológico para favorecer el funcionamiento armónico de la ciudad, mediante la sana convivencia y el respeto a los demás.
El reglamento, que entró en vigor el sábado 22 de junio, pone las bases para que los propietarios de las fuentes de ruido —no solamente los negocios de ocio— conozcan los límites que no deben rebasar para que su funcionamiento no violente los derechos de los vecinos, comenta el Arq. Federico Sauri Molina, director de Desarrollo Urbano muncipal.
Con esto el Ayuntamiento asume su obligación no sólo de vigilar el correcto funcionamiento de los establecimientos, sino de proteger el derecho a la salud, la tranquilidad y el descanso de los meridanos, añade.
La fuente del problema
“El centro de Mérida es de día un hervidero de actividad, más de 200,000 personas se mueven a diario en la zona. Y ahora, a diferencia de hace algunos años, también en la noche se llena de vida, con gran número de restaurantes que además de su variada oferta gastronómica ofrecen el atractivo adicional de la música viva”, dice.
Una consecuencia de esta vitalidad es el ruido, que se convirtió en un problema con el paso del tiempo. De la necesidad de atajarlo surgieron los trabajos de estudio y análisis del Reglamento de Protección al Ambiente y del Equilibrio Ecológico del Municipio de Mérida, señala el funcionario. “Ahora bien, la contaminación acústica no es exclusiva del Centro Histórico: en el Norte y el Poniente también hemos recibido quejas de vecinos”.
Controlar no significa acabar con la música a alto volumen en los bares, porque existen las técnicas y los especialistas para la insonorización de los locales, por ejemplo, algunos hoteles de la ciudad alguna vez tuvieron discotecas, pero contaban con equipos que les permitían funcionar todas las noches sin perturbar a nadie. Se trata pues no de limitarse a los decibeles permitidos, sino contar por obligación con elementos que les permitan “encerrar” los sonidos, evitar su expansión.
Los límites de volumen, que son los mismos que marca la NOM, no se refieren exclusivamente a restaurantes, discotecas y bares, sino a cualquier fuente de ruido, sea fija o móvil, como talleres o carpinterías, de los que hay quejas no sólo por el ruido derivado de su propia actividad, sino por la música que ponen mientras trabajan.
Límites claros
De acuerdo con la normativa, en la zona residencial de 6 de la mañana a 10 de la noche el ruido permitido es de 65 decibeles —el rumor de las conversaciones en un restaurante, para tener una idea— y a partir de las 10 de la noche y hasta 6 de la mañana, 50 decibeles.
En zonas industriales, el límite sube de 68 a 75 decibeles. Y en eventos especiales —festivales, ceremonias, actos de entretenimiento— lo máximo son 100 decibeles durante cuatro horas.
“Son las bases de los límites de propagación, no quiere decir que no pueda haber más volumen, sí se puede, pero bajo condiciones muy claras”, puntualiza.
Sanciones
La nueva reglamentación no sólo establece los límites, sino las formas y métodos de medición y endurece las sanciones, que en UMAS pueden ir de 100 unidades a 500, la primera base; de 200 a 1,500 en la segunda, y luego de 300 hasta 1,500… “hay una gradualidad según la infracción, el infractor, la reincidencia, etc.”.
El valor de la UMA 2019, vigente desde el 1 de febrero pasado, es de $84.49 diarios, lo que significa que en pesos las multas van de $8,449 hasta $42,245, en el rango menor, y de $422, a $2.000,000.
“Se introduce además la figura de la reincidencia, porque tampoco se trata de que los infractores estén pagando multas y más multas… se busca respeto al reglamento, por lo que las sanciones van en aumento y las infracciones reiteradas pueden orillar al cierre definitivo del negocio”, advierte Ignacio Gutiérrez Solís, consejero jurídico del Ayuntamiento.
“La Dirección de Desarrollo Urbano cuenta con una subdirección jurídica robusta que hoy tiene todos los elementos, la experiencia y el personal para realizar las inspecciones y llevar los procedimientos administrativos correspondientes. Por este motivo se toma la decisión de que esta dependencia sea la encargada de vigilar la observancia y el cumplimiento de la nueva reglamentación”, agrega.
Socialización
Ha sido un camino largo. El proyecto, que comenzó a ser elaborado por la administración anterior, se socializó con los vecinos, cámaras empresariales, dueños de bares y expertos en urbanismo, que lo analizaron y dieron sus propuestas, cuenta Valerie Amador Hurtado, directora de Comunicación y Relaciones Públicas del municipio.
Además, interviene el Arq. Sauri, “en el Diario de Yucatán tuvimos un foro muy interesante con todas las partes —un especialista en audición, una propietaria de bares, una vecina del Centro y el Ayuntamiento—, donde cada uno fijó una postura”.
Lo que sigue es lo más interesante y difícil: la aplicación, apunta Valerie. El Ayuntamiento está dando un plazo prudente para la adaptación, el documento se entregó a todas las cámaras empresariales, con la solicitud de que lo den a conocer entre sus agremiados, “así que ya están avisados de lo que sigue”.
Capacitación y equipo
Para la etapa inicial, Desarrollo Urbano contrató a seis nuevos inspectores, un abogado y un coordinador, que fueron capacitados tanto en el reglamento como en los procesos administrativos, y fueron adquiridos dos sonómetros de última generación, debidamente calibrados.
Tres direcciones —Desarrollo Urbano, Gobernación (que maneja los permisos de espectáculos) y la Policía Municipal— trabajarán de manera coordinada en el tema.
La Policía puede recibir quejas a cualquier hora y ratificar las denuncias de la ciudadanía, indica el Arq. Sauri. Independientemente, Desarrollo Urbano también irá identificando puntos de conflicto para que después de la medición previa se puedan levantar las órdenes de revisión, los apercibimientos y si no se resuelve el asunto, llegar a una suspensión temporal y la clausura del lugar.
Cómo se mide
Uno de los temas más interesantes de la nueva normativa es que las mediciones se harán no sólo en el punto de emisión del ruido, sino en el lugar donde se genera la queja. Si alguien acusa “no puedo dormir”, se le pedirá permiso para ir a su casa, medir la intensidad del sonido y averiguar si excede o no los límites.
“Esto es importante porque nos ayudará a evitar las quejas infundadas, que también las hay”, señala el funcionario. “Con los instrumentos y la capacitación, las mediciones serán 100% certeras y técnicas”.
Es falso que este reglamento obligue a los propietarios a invertir mucho dinero en la insonorización de sus locales, aclara el Lic. Gutiérrez Solís. Tendrán que hacer adecuaciones en proporción con la afectación que provoquen, si es un establecimiento que funciona con un sonido moderado y cumple el reglamento, no tendrán que hacer nada.
Además de que, como ya se indicó, la ordenanza fue socializada, se firmó un convenio con el Patronato del Centro Histórico para lanzar una campaña que busca crear conciencia en la gente de los efectos negativos del ruido, refiere el director de Desarrollo Urbano.
La ciudad es de todos, es para todos, sentencia. “En su Centro Histórico se pueden realizar todas las actividades, siempre y cuando se respete el derecho de los demás. Ya están sentadas las bases para vivir en armonía, era necesario que como autoridad pudiéramos tener los elementos para que en un momento dado si hay que aplicar la ley, se aplique”.
Lo que se busca es que Mérida funcione en solidaridad. De nada sirve estar castigando a quien no la quiere ni la respeta, añade. Como dice el alcalde: “Una ciudad será más fuerte en la medida en que tenga ciudadanos, no simples habitantes. El ciudadano se preocupa por su entorno, se ocupa y se involucra”, finaliza.— Mario S. Durán Yabur
