Si bien se han tomado las decisiones correctas en esta temporada de contingencia por el coronavirus Covid-19, no sabemos qué puede pasar en las próximas semanas.
Se puede esperar un brote significativo, pero no hay que caer en pánico, manifiesta Oswaldo Novelo Torres, epidemiólogo y maestro en Salud Pública.
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Lo que se debe hacer, subraya, es continuar con las medidas de higiene y el aislamiento social.
“De que va a crecer, va a crecer (el número de casos positivos). Es el comportamiento de cualquier epidemia”, añade.
“Se puede disparar hasta que llegue a una cúspide y luego empezará a descender hasta que desaparece, pero pueden pasar tres, cuatro, cinco o seis meses”.

Lo inevitable
El especialista, quien trabajó muchos años para la Secretaría de Salud de Yucatán y el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (Issste), añade que, desafortunadamente, es muy probable que se presenten muertes.
Esto último, explica, es más factible en personas que padecen inmunodeficiencia o alguna enfermedad adyacente, como hipertensión arterial, diabetes o cardiopatías.
No es el Apocalipsis
En momentos en que las medidas de prevención se han endurecido, el doctor Novelo indica que hay que estar preparados para lo que viene y es muy importante tomar las cosas sin miedo y sin bajar la guardia.
“Como ahora hay mucha información y se trata de un problema mundial, hay mucha gente que piensa que es el Apocalipsis”, enfatiza.
“De que nos va a pegar, nos va a pegar, pero hay que tomar las cosas con calma”.
Daño severo a la economía
También advierte que el problema no es solo del coronavirus en sí, sino el impacto económico de la epidemia.
“Eso es lo más difícil”, apunta. “El número de muertes que habrá en Yucatán puede ser menor del que causan el dengue y la influenza, pero el mayor problema es el efecto económico: vemos restaurantes vacíos, empresas pequeñas que viven al día y se van a la quiebra, el vendedor que ya no tiene ingresos, negocios que despiden empleados…”
Epidemias contemporáneas
Por número de fallecimientos, la epidemia más letal en Yucatán en los últimos lustros es la influenza H1N1, que llegó al país en 2009 pero tuvo su mayor impacto en la entidad en la temporada interestacional 2017-2018, cuando se reportaron oficialmente 39 muertes.

Esa cantidad representó más de la mitad de los decesos ocurridos por el virus en todo el país en el mismo período, que fueron 75.
Resurgimiento del dengue
Su precedente inmediato es el dengue. Después de reaparecer en México a fines de 1979, en 1980 ese virus desató una gran epidemia en Yucatán ocasionada por el serotipo 1, que dejó 4,672 enfermos.
En 1984 se presentó el serotipo 4, con 5,486 casos, y en 1991 y 1995 llegaron los serotipos 2 y 3, respectivamente.
En 2011 se alcanzó el mayor pico de letalidad del dengue, con 25 muertos en el Estado.
Cólera por el agua de pozo
Antes, en 1995, un brote de cólera causó gran movilización.
Ese año, los feligreses de una procesión que se dirigía a la hacienda Santa Ana, en Maxcanú, bebieron pozole preparado con agua de pozo.
Sin saberlo, esa acción desataría un brote de cólera de alarmantes proporciones.
En total, 400 vecinos se enfermaron en forma simultánea y fueron el primer grupo significativo de 3,597 casos de cólera en todo Yucatán, con ocho muertos.
En aquel entonces, el sector salud tomó una serie de medidas que permitieron controlar el brote.
Así, en 1996 se presentaron 186 casos de la enfermedad —causada por la bacteria Vibrio cholerae— y en 1997 el número bajó a solo cuatro. Desde entonces no se conocen más enfermos de cólera en Yucatán.

Visión epidemiológica
Entrevistado sobre la evolución de la pandemia del coronavirus y sus efectos en la entidad, el doctor Novelo Torres subraya que hay un crecimiento exponencial de los casos, que se pueden controlar cuando se conoce la fuente de contagio.
Por ejemplo, explica, si se detecta el caso de un paciente contagiado en España se le puede aislar y atender la epidemiología.
Que no se ahogue el sistema
Sin embargo, prosigue, llega el momento en que no se sabe de dónde viene el contagio y se pasa a otra etapa, que es la de contención, en busca de que el número de enfermos no sea explosivo y no ahogue el sistema de salud.
Según señala, al rendir frutos la contención se logra que los casos sean escalonados y así se les puede atender con mayor seguridad.
Impacto económico “tremendo”
Más adelante insiste en que el efecto más devastador de la pandemia es el económico.
Además de las consecuencias en la actividad local, regional y local, países como Estados Unidos y China dejan de comprar productos nacionales y el dólar se sigue disparando, con un impacto tremendo en la economía.
Se hace lo correcto
En el aspecto de salud reitera que las autoridades están haciendo lo correcto y la epidemia está en un ritmo adecuado, desde el punto de vista epidemiológico, aunque hay gente que se asusta mucho por información distorsionada que se difunde en las redes sociales.
“Lo que están haciendo las autoridades es correcto. Se ven los resultados, que son bajos si se les compara con otras estadísticas”.
Ventajas físicas y ambientales
Incluso, considera que hay razones para pensar que los mexicanos en general pueden hacer frente a la epidemia con mayor fortaleza gracias a factores ambientales y a cuestiones particulares de la raza, por otras infecciones que les han afectado.
No obstante, dice que es satisfactorio ver que la gente está respondiendo a las recomendaciones de la autoridad, se aísla en sus viviendas y atiende las indicaciones.
Enfermos sin saberlo
A una pregunta, afirma que mucha gente puede estar infectada sin saberlo y sin presentar síntomas. Son los casos subclínicos.
“Unos presentan fiebre y tos… No todos se enferman. Es una parte la que se infecta, pero eso no quiere decir que no estén transmitiendo el virus”, apunta.
“Hay casos subclínicos que solo presentan molestias pero no se desarrollan por alguna situación inmunológica, alimentación o cuestión de edad que tiene que ver con la resistencia”.
También reiteró que hay que tener cuidado con las personas de la tercera edad, que son las más susceptibles de desarrollar la enfermedad o de morir.

Calma, nada de pánico
El entrevistado, quien fue secretario general en Yucatán del Sindicato Independiente Nacional de Trabajadores de la Salud, formuló también los siguientes comentarios:
—No hay que caer en pánico y sí tomar las cosas con calma. Hay que seguir respetando la indicación de no salir a menos que sea muy necesario.
—Hay que estar preparados con respiradores mecánicos y terapia intensiva. Muchos se curan sin llegar a terapia, pero de que va a llegar buen número, sí va a llegar.
—Si se sale de control, la epidemia puede saturar al sistema de salud. Es lo que pasó en Italia, que tiene menos enfermos que China pero más muertos porque su sistema de salud colapsó y no tiene dónde poner a los enfermos graves. ¿Nos puede suceder? Sí, pero espero que no.
Un control necesario
—Sí habrá un aumento de casos, pero lo podremos atender si se presenta de manera controlada y escalonada. Es decir, 150 casos este mes, un número igual en el próximo, y así. Que no se nos enfermen mil en un mes, porque ¿dónde los atendemos?
—Por fortuna el programa (de prevención y contención) está funcionando bien. La gente está consciente de la situación y escucha y atiende las recomendaciones de las autoridades.

Ventaja de la inmunidad
—Este virus genera inmunidad. Cuando me da, no lo vuelve a hacer. Es lo que ocurre con una enfermedad viral, con excepción de la gripe. Con la gripe no es así porque tiene muchas cepas y por eso no se puede hacer una vacuna contra ella.
—La rubeola y el sarampión, por ejemplo, generan inmunidad de por vida. Es lo que pasará con el coronavirus Covid-19, a menos que sea como el virus del dengue, que tiene cuatro cepas. Esto no lo sabemos aún porque se trata de un virus nuevo.
—Ya se han unido los países y muy pronto podríamos tener una vacuna contra el coronavirus. Se está trabajando en ello.
Ciclos de las epidemias
Más adelante el epidemiólogo hace notar que se forman ciclos alrededor de un virus y por eso se ven picos y epidemias en ciertos años.
Esto, explica, se debe a que se va acumulando la población susceptible de contraer la enfermedad.
Por ejemplo, viene una epidemia de dengue y la gente se inmuniza, pero nacen más personas y esos niños no tienen la inmunidad. Por tanto, al crecer resultan afectados también porque son susceptibles.
En el caso del coronavirus Covid-19 afirma que hay evidencias de que no afecta a la generalidad de los niños porque no se puede “pegar” en los pulmones infantiles, pero los menores pierden esa ventaja al crecer y desarrollarse y entonces pasan a formar parte de la población susceptible.
