El tricitaxista Juan Lorenzo Couoh Calvino habla de la situación laboral en Chablekal a raíz del cierre de Country Club y el Club de Golf La Ceiba

El cierre de clubes por el Covid-19 afecta a Chablekal

Es mediodía en Chablekal y enfrente del parque, junto a la tienda “El principal”, a un costado de la comisaría, un grupo de mototaxistas espera infructuosamente pasaje.

Ya pasaron 45 minutos y Eliezer Tun Tzuc no ha realizado ningún servicio. Sus compañeros están en la misma situación. No son lejanos los tiempos cuando hacían buen dinero, llevando pasajeros al Club de Golf La Ceiba y el Country Club.

Los problemas comenzaron cuando los dos clubes suspendieron actividades debido a la contingencia sanitaria por el coronavirus. La decisión cayó como una bomba, y es que muchos hombres en Chablekal son caddies y muchas mujeres trabajan como empleadas domésticas en las residencias de ambos lugares.

El hecho afectó colateralmente a los mototaxistas. Eliezer, por ejemplo, vio disminuir sus ingresos cuando el pasaje cayó en un 70%. “Nosotros vivimos de esto, económicamente nos ha afectado, y ahora ¿dónde sacamos para la familia?”.

Juan Lorenzo Couoh Calvino es otro afectado. Él ahora, trabajando desde la mañana hasta la noche, sólo consigue ganar $150. Antes se iba con más pues llegaba a Conkal, el Country, La Ceiba, Dzibilchaltún, Temozón o Sac Nicté.

“Ahora el poco pasaje que tenemos es de personas de aquí del pueblo que salen a comprar y son de a $5 el pasaje. Claro que como dicen, de cinco en cinco se junta un poco, pero la verdad no es lo mismo. Sí nos está afectando y no estamos recibiendo ninguna ayuda del gobierno”.

Juan Lorenzo está consciente que las medidas sanitarias son buenas, pero también está seguro que si no trabaja no come. “Nos dicen que no debemos de trabajar, pero ¿quién nos echa la mano a nosotros? Si no trabajamos no tenemos para comer, en este caso lo poquito que sale es para lo que se pueda comprar. No estamos en contra y sabemos que hay que cuidar nuestra salud, pero dónde vamos a sacar para el sustento de la familia”.

Guadalupe Euán, encargada de la tienda “El principal” es de las pocas que no han visto tanta afectación, aunque reconoce que sí han bajado sus ventas y es que, dice, los albañiles que trabajan en las privadas se marcharon.

“Muchos albañiles vienen de lejos y entonces se quedaban acá, pero al quedarse sin trabajo se fueron. Hasta hace dos semanas tú podías ver a la gente hasta las 11 ó 12 de la noche todavía seguía en la calle, pero ahora dan las 10 y ya no hay nadie”.

En el día, aunque sigue habiendo personas afuera de sus casas, quienes viven cerca del parque dicen que también hay menos gente pues ya no están abiertas las canchas, la biblioteca, los templos y la iglesia.

“A la hora donde ves gente es al mediodía porque salen a comprar su refresco o en la cena. La gente solo sale para comprar lo que va a comer”, dice Guadalupe.

Al igual que la tienda “El principal” también está abierta la tienda “El renacimiento”, el Maxicarne, la frutería y el mercado donde solo hay un carnicero.

“Todo lo que está aquí, está operando normal, pero con prevención”, informa Julio Couoh, auxiliar de la comisaría, protegido con un cubreboca.— Iván Canul Ek

Abordado bajo los portales de la comisaría, cuya entrada se obstruyó con un escritorio, Julio dice que una de las acciones de la comisaria es exhortar a la gente que no salga y se quede en su casa. “Los exhortamos a que tengan la prevención y que donde vayan guarden la sana distancia”.

Pero la sana distancia parece no cumplirse del todo pues, al menos en el transporte colectivo, la gente viaja apretujada y espera un metro una de otra.

“A mí sí me da miedo (el Covid-19), pero me da más miedo que no coma mi familia”, dice Herson Isaí Matú, mientras espera, más tiempo que el habitual, el transporte que lo llevará a Xcanatún donde trabaja en un restaurante. Después de treinta minutos, el colectivo llega y Herson, con otras cinco personas, sube al vehículo, dejando temporalmente Chablekal que lucha por sobrevivir a pesar de la pandemia.

Auxiliar

Julio Couoh, auxiliar de la comisaría, habla de la situación en Chablekal por el Covid-19.

Exhortaciones

Abordado bajo los portales de la comisaría, cuya entrada se obstruyó con un escritorio, Julio dice que una de las acciones de la comisaria es exhortar a la gente que no salga y se quede en su casa. “Los exhortamos a que tengan la prevención y que donde vayan guarden la sana distancia”.

Viaja apretujada

Pero la sana distancia parece no cumplirse del todo pues, al menos en el transporte colectivo, la gente viaja apretujada y espera un metro una de otra.

Miedo

“A mí sí me da miedo (el Covid-19), pero me da más miedo que no coma mi familia”, dice Herson Isaí Matú, mientras espera, más tiempo que el habitual, el transporte que lo llevará a Xcanatún donde trabaja en un restaurante. Después de treinta minutos, el colectivo llega y Herson, con otras cinco personas, sube al vehículo, dejando temporalmente Chablekal.

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