La política a favor de la cultura o la cultura en beneficio de la política
Rafael Alfonso Pérez y Pérez
El presupuesto es la ideología en números redondos —Agustín Basave
Veo con gran pesar que, en lo cultural, se han repetido las formas de legitimación como un esquema que dota a los candidatos y gobernantes de un halo de aparente intelectualidad.
Hay un acercamiento “cuasi coqueto” en enamoramientos con palabras banas y vacías, sin compromiso ni consideración, solo para acallar a aquellos que pudieran dudar de sus capacidades doctas y alejarlos del caudillismo partidista al que representan.
Lo que buscan así los candidatos es la simpatía tan necesaria en las urnas y que, logrado su objetivo, olvidan o repudian al sector cultural castigándolo con recortes presupuestales.
Por lo cual, en momentos de elección como el presente, la comunidad cultural (directores, cantantes, actores, músicos, pintores, escritores, bailarines, artesanos, gestores, etc.) antes de votar deben rescatar las experiencias pasadas, aquilatando y valorando como “garbanzos de a libra” a los políticos que se reconocen y se confiesan desconocedores de los menesteres intelectuales-culturales, así como aquellos cuya trayectoria académica les ha valido el reconocimiento social como verdaderos personajes “cultos” de nuestra sociedad.
Respecto a los primeros, siempre y cuando sus acciones sean acompañadas con otras acciones de rodearse y escuchar a “los que del tema saben”, depositando su apoyo para una gestión adecuada y correcta.
Con respecto a los segundos, siempre y cuando los “egos” de su propia capacidad no los transformen en seres envilecidos, soberbios, sordos y tercos, alejados de la ciudadanía a la que representan o pretenden representar.
No obstante lo anterior, en ambos casos un consejo para los políticos de este tiempo es que en temas culturales es necesario escuchar a más de una voz: colegios, agrupaciones, asociaciones, sociedades, grupos, gremios, colectivos, etc., así como también incorporar a individuos respetados y poseedores de un “expertise”, académico o adquirido en la gestión; con acercamientos modestos de tú a tú (de igual a igual), sin jerarquías y con la convicción de encontrar soluciones a cada uno de los temas, desde lo político a lo cultural o desde lo económico a lo institucional.
Ante la imposibilidad de quienes hoy les toca desde el Ejecutivo y Legislativo (incluyendo a los respectivos asesores) encontrar un arreglo conveniente a la crisis económica-cultural de nuestro Estado, que amenaza con el cierre de instituciones icónicas, tendrían que escuchar al menos algunas voces reconocidas como las de Jorge Esma Bazán, Domingo Rodríguez Semerena, Renán Guillermo González, Raúl Vela Sosa, Roger Metri Duarte.
A éstos les ha tocado dirigir a este sector en distintos momentos. También pueden escuchar la voz de la actual secretaria de Cultura, Erica Millet Corona, a nombre del Ejecutivo estatal, así como de otros actores con reconocida trayectoria en el medio.
En la actualidad las políticas gubernamentales de cultura deben asentar su gestión en la existencia de la “pluriculturalidad” y abrazar las distintas expresiones de diversidad, realizando el ejercicio de intercambio de opinión y establecer mecanismos de entendimiento entre los distintos actores del sector (foros, reuniones, parlamentos abiertos, consultas, etc.), para planear la administración de sus responsabilidades.
Hay que tener presente lo expresado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) al reconocer esta multiculturalidad y llevarla al intercambio intercultural, lo cual se contiene en lo expresado al referirse “como la presencia e interacción equitativa de las diversas culturas, y la posibilidad de generar expresiones compartidas, a través del diálogo y del respeto mutuo”.
Por otra parte, hay que recordar que es una obligación del Estado garantizar el disfrute de los bienes y servicios en materia cultural, y que los particulares (patronatos, asociaciones, fundaciones, mecenazgos, donantes, voluntariados, etc.) son coadyuvantes, o sea, un apoyo en el cumplimiento de esta obligación, por lo cual también deben ser considerados y escuchados en dicha planeación presupuestal para no terminar dictando una imposición arbitraria y sin fundamentos.
Cualquier presupuesto de un gobierno abraza el sentido e interés de quien lo diseña; es decir, el presupuesto para un ejercicio dice más de sus intenciones que cualquier otra declaración y justificación política.
Es por ello que se debe ver y escuchar al medio cultural en general como un actor importante en la identidad y desarrollo (educativo y turístico) de nuestro Estado; en el entendido de que las acciones gubernamentales se valen de este sector, y reiterarles a los de la “política” que, hay que “servir para servirse”.— Mérida, Yucatán.
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Director del Museo Fernando García Ponce-Macay
