Paseo de Montejo, pintas
Las actividades de limpieza a la estatua de Los Montejo

Tras las pintas realizadas a monumentos de Mérida durante el 8M, historiadores comentan al respecto

MÉRIDA.– Desde anteayer, trabajadores del Ayuntamiento de Mérida empezaron la limpieza a las estatuas dedicadas a Los Montejo, Andrés Quintana Roo y Justo Sierra -ubicadas en “el Remate”, el parque de Santa Ana y el Paseo de Montejo, respectivamente-. Esto, luego de las pintas con consignas contra la violencia de género que grupos de mujeres realizaron en esas obras el pasado lunes 8 de marzo, en la marcha con motivo del Día Internacional de la Mujer.

Al compartirse las fotografías, especialmente las de la estatua a Los Montejo, las redes sociales se llenaron de comentarios polarizados. Algunos internautas aplaudieron dichos actos y otros externaron su repudio, argumentando que dicho hecho era vandalismo, que se estaban dañando los monumentos y que “esas no son formas de protestar”.

Sin embargo, especialistas entrevistados consideran que una denominación más acorde a dicho acto que algunas mujeres ejecutan en sus manifestaciones es “iconoclasia”. Este término hace referencia a la destrucción de íconos, imágenes, símbolos o monumentos de una cultura por motivaciones políticas, religiosas o sociales.

Movimiento iconoclasta a través de la historia

Un especialista en estudios de arte y arquitectura de la ciudad comentó, en entrevista, que la iconoclasia ha sido parte de la historia de los movimientos políticos y sociales, prácticamente desde el inicio de la organización del hombre.

Recordó que, en la cultura egipcia, cuando una dinastía derrocaba a otra para ocupar el poder, se destruían todos los edificios y monumentos que hacían referencia a la dinastía anterior, como una forma de negar su legado político; y que en la Edad Media, a la llegada del cristianismo, era común la destrucción de figurillas de los dioses nórdicos.

Hizo referencia también a que, en Yucatán, Fray Diego de Landa ejecutó el suceso históricamente conocido como “Los autos de fe de Maní”. El hecho consistió en la destrucción de imágenes de culto, objetos sagrados y códices de la cultura maya.

Afirmó que la destrucción de imágenes es una práctica común y conlleva la modificación del discurso político de lo otro, de lo destruido.  Según el especialista, la imagen muchas veces es la representación del poder, o bien, el poder se consolida a través de ésta.

Por lo tanto, considera que “un monumento es esto, la materialización de un discurso del poder. Los monumentos que produce un gobierno se alinean a los discursos de poder que sustenta y le da fuerza al mismo, al igual que representan a la élite que tiene la posibilidad política de incidir en la ciudad. Cuando un monumento es intervenido de alguna forma, quiere decir que su contenido está siendo cuestionado”.

¿Las feministas recurren a la iconoclasia? Dos perspectivas

Según expertos en la materia, vandalismo e iconoclasia son actos completamente distintos. Rosa Cruz Pech, fundadora de UADY Sin Acoso y estudiante de Historia, enfatizó en entrevista que las acciones del vandalismo consisten en dañar algún material o patrimonio sin ningún objetivo más que ese. “En cambio, el movimiento iconoclasta, como lo están tomando las feministas, es precisamente el resultado final de toda una movilización. Es la acción que nos dejan después de una serie de pasos previos”, señaló.

La entrevistada recordó que “las feministas han buscado otras maneras de alzar la voz, de crear espacios libres de violencia para ellas. Finalmente, al no ser escuchadas, no queda de otra mas que protestar de estas maneras revolucionarias”.

A su juicio, vandalismo sería lo que hacían algunos en Paseo de Montejo durante el Carnaval, “los monumentos quedan dañados con cerveza, orina de personas y vómitos. Ahí sí se está dañando y no hay un objetivo concreto más que el daño mismo. En cambio, lo que las compañeras buscan es expresar este descontento a través de la intervención de estos monumentos”.

Rosa Cruz finalizó señalando que el vandalismo daña, pero considera que en el caso de las acciones de algunas feministas “podemos decir que más bien están interviniendo en ellos -edificios/ monumentos- para poder expresar toda una demanda”.

Otra perspectiva: no es iconoclasia

Por otro lado, el Doctor Iván Franco Cáceres, investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y especialista en patrimonio cultural, no cree que este tipo de protesta sea un ejemplo de iconoclasia. Para él, la iconoclasia es “un movimiento cristiano que rechazaba imágenes consideradas por otros creyentes como sagradas y las destruía”, resaltando que la motivación principal era la destrucción de imágenes de otra religión.

El investigador considera que estas acciones se tratan de “una acción virulenta con la que se pretende obtener visibilidad. Y más específicamente hacer visible una serie de valores relacionados con la manera en que las nuevas generaciones de mujeres jóvenes (y también no tan jóvenes), expresan su rechazo y hartazgo de la estructura patriarcal de dominio y religiosa que implantó Europa a través de conquistadores y clero católico”.

“Es así como entiendo que esos grupos de mujeres interpretan y dirigen sus acciones frente a símbolos que, en este caso la estatua a Los Montejo, representan el quid del poder patriarcal en la entidad”, agregó.

 “No veo pues destrucción en sí, o sea, iconoclasia, sino una afectación visual (no podría juzgar de qué nivel desde luego), que en la lógica de la reglamentación municipal significa que un presupuesto tendrá que destinarse a la reparación del daño. Esto desde luego entra en otro nivel de debate, relacionado con la libertad de expresión”, concluyó el Dr. Franco Cáceres.

Breve historia de la estatua de los Montejo

El “Monumento a los Montejo” muestra a Francisco de Montejo “El Adelantado” y su hijo “El Mozo”, el conquistador de Yucatán y el primer alcalde de Mérida, respectivamente. La estatua fue develada el 30 de junio de 2010. Dicha obra escultórica fue hecha por Reynaldo Bolio Suárez y promovida, entre otros particulares, por El Centro Cultural ProHispen, ubicado en Mérida.

En realidad, nuestra ciudad alberga dos estatuas de los conquistadores. Una ubicada en la Colonia México, en las instalaciones del Centro Cultural ProHispen y la otra, en el Remate de Paseo de Montejo, explicó el historiador Alfredo Blanco Giles.

Por su parte, Franco Cáceres señaló sobre la estatua de Los Montejo que, en términos históricos, “significa el poder europeo que terminó imponiendo una dominación y una religión a pueblos prehispánicos”. Sumando a esto, el grupo de Mérida en la Historia opina que se trata de “un culto a los conquistadores del siglo XVI el cual fue construido en el siglo XIX”.

A su vez, Blanco Giles afirma que dicho monumento en realidad no lo es. “Por ley ni siquiera es considerada un monumento, porque no tiene los 100 años”. A su juicio, la colocación “es extraña” porque “no es muy común encontrar estatuas de los conquistadores en América. En la CDMX no hay una estatua de Hernán Cortés; en Perú no hay ninguna estatua de Francisco Pizarro”.

Por su parte, el investigador del INAH afirmó que la estatua en cuestión “no entra en la categoría de patrimonio histórico, “quizá sí en una lógica patrimonio urbano visual contemporáneo”.

No es lo mismo Paseo de Montejo que otro punto de la ciudad

Uno de los entrevistados, especialista en estudios de arte y arquitectura, considera que una razón la que el descontento por las pintas fue mayor, específicamente en esta obra, es su ubicación. “Paseo de Montejo es uno de los espacios más importantes de la ciudad, lo que lo vuelve objeto del debate público”, señaló.

“Lo que ocurra ahí adquiere mucha más relevancia que si ocurriera en una colonia o lugar periférico de la ciudad. Por lo tanto, las marchas, protestas o eventos que ahí suceden tienen un mayor impacto social”, considera la fuente. También mencionó que este espacio “entraña simbólicamente las disputas raciales y de clase que han marcado la historia del Estado”.

Blanco Giles, por su parte, comentó que para algunos la estatua de Los Montejo representa el orgullo español; sin embargo, considera que dichos personajes no son una buena representación.

Los Montejo vinieron a Yucatán no en favor de la Corona Española, de manera noble, sino por sus intereses. Por eso luego la Corona les quitó sus tierras”, opinó.- Daniela Carrillo Bracamonte, estudiante del séptimo semestre de la Licenciatura en Comunicación Social

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Jessica E. Ruiz Rubio es licenciada en Periodismo y maestra en Gestión de la Mercadotecnia. Comenzó su carrera periodística en 2004, año en que ingresó a Grupo Megamedia. Se especializa en trabajos especiales, análisis de tendencias digitales, temas locales y gestión de redes sociales.