Muy distinto a sus épocas de gloria, cuando sus cincuenta locales funcionaban y recibían la visita de muchos clientes, el Bazar de Fierros, fundado por la Unión de Baratilleros “Andrés Ortega” celebró ayer sábado su 61 aniversario.
En un día acudían cientos de personas buscando tornillos, herramientas o cualquier producto de fierro, lata o metal, recuerda René Flores Ayora, hijo de Rubén Flores Pérez, uno de los fundadores del lugar que oficialmente abrió sus puertas el 19 de junio de 1960.
La apertura del bazar, en la calle 67 entre 58 y 56, a unos pasos del mercado Lucas de Gálvez, sirvió para ubicar a los hojalateros, plomeros, cerrajeros y baratilleros que se instalaban en el parque Eulogio Rosado.
La inauguración la encabezó el gobernador René Franco Aguilar según consta en una placa instalada a la entrada del sitio y encima de la cual el Prohispen instaló otra que dice que en dicho predio nació y vivió el doctor Raúl Hernández y Peón “eminentemente científico neurofisiólogo que descubrió el origen del sueño y la vigilia”.
De la casa original no queda vestigio, pues se derrumbó para construir los 50 locales que comercializaban no solo herramientas y utensilios, sino también aparatos que facilitaron la vida de las personas de aquel entonces, como un pelador de chinas y un extractor de jugo.
“El bazar fue un referente a nivel estatal porque se podía conseguir desde un tornillo milimétrico hasta una veleta que construía y reparaba don Luis Rejón en su puesto”, recuerda Flores Ayora.
El bazar de fierros, que tuvo su auge en los años sesenta, setenta, ochenta y principios de los noventa, comenzó a decaer con la aparición de las grandes ferreterías.
Se pierde la tradición
Además, lamenta, los fundadores del bazar ya fallecieron y algunos herederos vendieron sus puestos por lo que el lugar (que todavía cuenta con locales que ofrecen los servicios de antaño) ya está siendo ocupado por negocios de otros giros. En el mismo estacionamiento hay puestos de tacos.
“Creo que ya es hora de que haya orden en este bazar de fierros y que empiece a florecer otra vez”, señala Flores Ayora, quien aboga porque el lugar recobre el esplendor que una vez tuvo, quizá por eso, para que el aniversario no pase desapercibido, repartió kibis como solía hacer su padre.— IVÁN CANUL EK
