El Lic. Víctor Arjona Barbosa

México tiene una deuda histórica con Iturbide, el verdadero Padre de la Patria, que ningún gobierno ha querido saldar, afirma un profesor universitario.— Vieja pugna

Se cumplen hoy 200 años de la consumación de la Independencia de México, un hecho fundamental, decisivo, pero al que las inconsistencias y abusos de la historia oficial han intentado restarle valor hasta casi hacerlo pasar inadvertido.

Víctor Arjona Barbosa, profesor universitario, insiste en la necesidad de redimir la figura de Agustín de Iturbide, “libertador de México, autor de la bandera, promotor de un orden constitucional”, convertido por versiones manipuladas e intereses de todo tipo en un villano innombrable, un traidor.

Lo primero que causa este desdén por el surgimiento de México como país libre y soberano luego de 300 años de dominio español es extrañeza, dice. No es fácil explicar los motivos por los que esta fecha ha sido relegada de nuestro calendario cívico… “No sé si el Bicentenario pasará inadvertido, entiendo que no, el presidente anunció que va a festejarlo… pero veremos qué pasa”.

Héroe popular

El gran mérito de Iturbide fue hacer triunfar el movimiento independentista cuando antes habían fracasado Hidalgo, Aldama, Allende, Morelos, López Rayón, Francisco Javier Mina…

En el Plan de Iguala —que logró reunir las voluntades más diversas en un mismo movimiento de emancipación nacional— precisó las tres garantías que servirían de fundamento y de programa de la vida nacional independiente: soberanía y libertad, la observancia de la religión católica y la unión de todos los habitantes del país. De todos: peninsulares, criollos, indios, mestizos, negros, mulatos…

“Esta capacidad de ofrecer a todos un objetivo común hizo que el plan fuera aceptado y en sólo siete meses y sin derramamiento de sangre logró su propósito. El viernes 27 de septiembre de 1821, el Ejército Trigarante entró a la capital, entre los acordes de las marchas triunfales y los vítores de la multitud que salió a la calle a recibirlo”.

Iturbide le dio la independencia a México y su símbolo más venerado: una bandera que lo distingue en el mundo y le da identidad como país. Su gesta desató un júbilo popular indescriptible.

Leyenda negra

¿Cómo un héroe aclamado por el pueblo terminó convertido en un traidor? Como todos, Iturbide fue un hombre con luces y sombras, con aciertos y errores, refiere Arjona Barbosa.

“Estudios sobre Hidalgo o Morelos han mostrado también aspectos negativos de sus personalidades. Pero es lo más natural, eran seres humanos. Es un error y una ingenuidad creer que los héroes fueron unos santos y que nunca se equivocaron”.

Las logias masónicas, principalmente las de rito yorkino, comenzaron a incitar al odio y al repudio contra Iturbide, al acusar, sin fundamento, que el Plan de Iguala era conservador y reaccionario, ya que se defendía a la religión católica. Criticaron también el nacimiento de un Estado monárquico constitucional en lugar de una república.

Pero Iturbide consideró peligroso exponer a un país que apenas nacía a una estructura como la de una república y creyó necesario un periodo de transición para evitar una nueva revolución. Su propuesta fue una monarquía constitucional, con separación de poderes, como la que existe todavía en varios países de Europa”.

Luego se le tachó de conservador, traidor, absolutista, enemigo de la independencia y tirano porque, una vez que se constituyó el imperio, disolvió al Congreso, “el cual en realidad representaba los intereses de ciertos grupos, no del pueblo”.

A partir de 1857, los liberales profundizaron esa satanización y en 1917 los revolucionarios reforzaron el mito del primer traidor a la patria. En 1921, en el centenario de la consumación de la Independencia, la Cámara de Diputados aprobó que el nombre de Agustín de Iturbide, grabado en letras de oro, fuera borrado de la sala de sesiones.

En realidad, la historia de México en blanco y negro, con héroes y antihéroes continúa porque con la división ganan los grupos en el poder, que se ponen siempre del lado de los “buenos” para defender y legitimar sus intereses, señala.

La idea no es enaltecer la figura de Iturbide, como hombre caerá bien o mal, sino de reivindicar el hecho de que la Independencia de México se consumó el 27 de septiembre de 1821. Y guste o no, el autor de esta gesta histórica fue Iturbide.

Sin embargo, admite, no será fácil rehabilitarlo, rescatar lo positivo de sus aportaciones cuando México mismo, 200 años después de su nacimiento como nación libre y soberana, no logra ponerse de acuerdo.

“A los mexicanos nos falta esa visión superior de integridad, unidad, solidaridad. Nos asiste el derecho de tener opiniones diferentes, pero encima de ellas debe estar el bien superior de la Patria. El camino es el diálogo, si queremos que el país supere sus problemas tenemos que ponernos de acuerdo”.

“Que si conservadores y liberales, reaccionarios y demócratas… esas etiquetas no le hacen bien a México, lo hunden. Desgraciadamente esas rencillas no son cosa del pasado, las estamos viviendo ahora”.

Luego de la entrada del Ejército Trigarante, Iturbide se dirigió al pueblo: “Mexicanos ya estáis en el caso de saludar a la Patria independiente como os anuncié en Iguala. Ya sabéis el modo de ser libres, a vosotros os toca señalar el de ser felices”.

Bueno, después de 200 años no hemos encontrado el modo de ser felices como nación. Y aun ni siquiera el de ser libres, dice. ¿Cómo puede haber libertad cuando una persona va a votar y esta coaccionada porque le dan dinero, una despensa o promesas imposibles por su voto, que debería ser racional, libre? “Esos pobres, no tienen la culpa, tienen necesidades”.

Un buen gobierno

Para que México prospere se necesita que el gobierno se ocupe de cuatro cosas fundamentales: salud, educación, seguridad y empleo, opina. “Un buen gobierno se ocupa de impulsar la economía a través del impulso a la creación de empresas privadas y si la inversión nacional resulta insuficiente, invitar a la inversión extranjera… Y no gastar tiempo y energía en profundizar las divisiones, en atacar a sectores de la población, ponerse en contra de los científicos, de los que piensan diferente”.

Y esto es importante porque cuanto más polarizada está una sociedad menos capaz es de avanzar, concluye.— Megamedia

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