El conflicto entre Fernando Barbachano Herrero y Rodolfo Rosas Moya, que ha sacudido al sector empresarial local, por la posesión del hotel Mayaland, se originó el 30 de octubre de 2020.

Ese día, Barbachano Herrero rescindió el contrato de promesa de compraventa del inmueble que tenía con Rosas, debido, dijo, a la reiterada conducta de éste de no cumplir a tiempo con el calendario de pagos, acordado previamente.

Rosas Moya alegó que no incumplió con los pagos, sino que, por el contrario, el dueño del hotel decidió unilateralmente no recibir el último pago, como pretexto para quedarse con el adelanto que ya le había dado. Por este motivo, Rosas interpuso una demanda de juicio mercantil.

Custodia en el hotel Mayaland

Como informamos ayer, el juez segundo mercantil del estado, Raúl Cano Calderón, ordenó el aseguramiento y embargo del predio, a fin de garantizar el pago a Rodolfo Rosas de seis millones de dólares, de otros diez millones de pesos más los intereses y las costas del litigio.

Este conflicto salió a la luz pública en septiembre. El 29 de ese mes, el Diario entrevistó a Rosas Moya y seis días después, el primero de octubre, hizo lo mismo con Barbachano Herrero.

En esas entrevistas, ambos empresarios dieron su versión de los hechos.

Rosas Moya dijo que en junio de 2020 su empresa Inmobiliaria R4, S.A de C.V., firmó una promesa de compra-venta de los hoteles Mayaland y The Lodge, en Chichén Itzá, propiedad de la familia de Fernando Barbachano Herrero, por una suma cercana a los 19 millones de dólares.

Esa promesa comprendía los dos hoteles, así como los derechos que les correspondían derivados de las autorizaciones, concesiones, permisos, licencias y/o patentes para la venta y consumo de bebidas alcohólicas y funcionamiento de restaurante bar.

La promesa de venta la firmó Barbachano Herrero, en su carácter de usufructuario de los predios y de apoderado de sus hijos John Patrick y Carolina María Barbachano Perschbacher, nudos propietarios.

Exactamente, el precio de venta convenido fue de 18 millones 999 mil 616 dólares más IVA, que se pagarían de acuerdo con el siguiente calendario: seis millones de dólares por concepto de adelanto, a pagar a más tardar el 29 de diciembre de 2020.

Desglose de pagos por el hotel

El hotel Mayaland, aledaño a Chichén Itzá. 

Otros seis millones de dólares mediante 18 pagos mensuales y consecutivos, cada uno por la suma de 333 mil 333 dólares, a partir de enero de 2021.

Además, dos millones 45 mil 430 dólares, que se deberán abonar en el momento en que Barbachano Herrero entregara a Rosas Moya el permiso o autorización vigente del INAH y el permiso de construcción del Ayuntamiento de Tinum, por medio de los cuales se autorice la construcción de 90 cuartos adicionales en la zona.

También se pagarían al promitente vendedor otros cuatro millones 954 mil 486 dólares, cuando el comprador reciba permisos similares para construir 218 cuartos más.

En la entrevista de septiembre, Rosas Moya afirmó que le entregó a Barbachano, en el transcurso del segundo semestre de 2020, por concepto de adelanto, 4.5 millones de dólares y el último pago por 1.5 millones, que debía de hacer el 27 de octubre de ese año, para completar los seis millones, Barbachano Herrero se negó a recibirlo.

(Versiones extraoficiales de fuentes cercanas al caso aseguran que, no obstante, Rosas Moya, acompañado de un notario, logró entrar al fraccionamiento bardeado donde vive Barbachano en Cancún, para entregarle un cheque por la cantidad de 1.5 millones de dólares, pero nadie en esa casa lo recibió, aunque quedó la constancia de que se intentó hacer el pago).

Barbachano desmintió esta versión y precisó que Rosas Moya no cumplió con el calendario de fechas pactado.

Según él, ambas partes habrían convenido en que el promitente comprador debería entregar seis millones de dólares el 3 de junio de 2020, por concepto de arras, como requisito para inscribir a su nombre la propiedad de los hoteles, el 29 de diciembre de ese año. Luego de esa firma, la empresa de Rosas Moya podría tomar posesión de los predios.

Arras es un depósito de dinero que sirve de garantía de que la compra se realizará efectivamente en el futuro.

Versión de Barbachano

Aspectos del hotel en disputa, Mayaland. 

De acuerdo con la versión de Barbachano Herrero, en el contrato de promesa de compra venta se pactó como pena convencional la cantidad de seis millones de dólares, en el entendido de que si la causa de incumplimiento fuera imputable a la parte promitente compradora, ésta perdería el monto de la pena pactada, que sería descontada de la suma entregada en concepto de arras. La parte vendedora tendría además el derecho a reclamar el saldo de la pena en caso de no haberse hecho el pago total de arras convenido.

Según Barbachano, él convino con Rosas, mediante una carta de intención, que el pago de seis millones de dólares por concepto de arras o depósito en garantía sería el 3 de junio de 2020.

Rosas Moya, empero, no cumplió con entregar el dinero y pidió un mes de plazo. Se le concedió, afirmó el empresario, pero tampoco cumplió el 3 de julio y pidió un nuevo plazo, esta vez para el 3 de agosto.

“Dos días antes de esa fecha volvió a decir que no había podido reunir los seis millones de dólares y solicitó un nuevo plazo, ahora para el 27 de agosto. Dijo que en esa fecha entregaría tres millones de dólares y el 27 de septiembre los otros tres millones. Como prueba de que lo haría, nos dio 10 millones de pesos, que el vendedor podría quedarse con ellos si Rosas no cumplía con el pago del 27 de agosto”.

Ese día, Barbachano Herrero recibió tres millones de dólares y le devolvió a Rosas Moya los diez millones de pesos.

Atraso en el pago

Sin embargo, en los primeros días de septiembre el presidente de Inmobiliaria R4 comunica que no cumpliría su promesa de entregar los otros tres millones de dólares el 27 de ese mes, aunque a cambio ofreció entregar 1.5 millones de dólares el dos de septiembre y el resto hasta el 27 de octubre.

Con esto Rosas Moya ya había aportado 4.5 millones de dólares de los seis millones convenidos.

“El 26 de octubre, un día antes del vencimiento del último plazo, Rosas Moya nos manda a decir a través de un Whatsapp enviado con el corredor inmobiliario, que lo esperáramos unos días más, porque no había conseguido el dinero”, dijo Barbachano Herrero en la entrevista de octubre con el Diario.

Argumentó que estaba en negociaciones con fondos de inversiones norteamericanos, “aunque yo pensé que eso era puro cuento”, explicó el empresario.

Él no tenía el dinero para seguir con la operación y lo que ya había entregado como adelanto lo obtuvo de otros inversionistas, por eso decidí cancelar la venta, añadió.

El 27 de octubre, Rosas Moya solicitó una cita con Fernando Barbachano, pero éste lo mandó con uno de sus abogados. A éste le dijo que le daría los últimos 1.5 millones de dólares y le pidió mantener las cosas como estaban planeadas.

El abogado le respondió que no seguirían con el trato, porque ya había incumplido en reiteradas ocasiones, a lo que Rosas Moya respondió que lo estaban haciendo a propósito (la negativa a continuar con el trato) y lo querían fastidiar solo por atrasarse tres días.

En aplicación de una cláusula por los hoteles

 

En la entrevista, Barbachano Herrero afirmó que entendió que Rosas Moya no tenía el dinero para la compra y decidió aplicar la cláusula prevista en el acuerdo de arras y terminar con la operación.

“De lo contrario, en los siguientes meses, Rosas seguiría incumpliendo los pagos, pero ya con la posesión de los hoteles, lo que me hubiese llevado mucho tiempo sacarlo y, al final, habría recuperado los hoteles, pero en ruinas”.

Por eso, desde el 30 de octubre se rescindió el contrato de promesa de venta y se aplicó la pena estipulada. En este sentido se interpuso una demanda por el cobro de los 1.5 millones de dólares faltantes.

Seguir con ese contrato, con los antecedentes ya conocidos, sería ponerme entre la espada y la pared, afirmó Barbachano en la entrevista y añadió: “si yo no entendiera que los continuos atrasos de Rosas Moya en sus pagos era lo que me esperaba en el futuro, pues entonces sería un bruto”.

Te puede interesar: “Carpetazo” a corrupción; sin investigar la venta de licencias en Chichén Itzá