El combate a la violencia de género no es suficiente, las mujeres no están bien informadas a qué tienen derecho, qué es violencia, recomendaciones para que no la permitan desde el noviazgo, que no obliguen a la niñez a lavar trastes mientras el papá juega fútbol, que no permitan que entre mujeres se vean como enemigas entre sí, opina Gina Villagómez Valdés, integrante del Frente por los Derechos de las Mujeres en Yucatán.

“Este tipo de prevención es la gran ausente en el país y en Yucatán”, insiste la académica. “Con este presidente no lo tenemos y en el estado tampoco”.

“¿Se acuerdan de la campaña mediática ‘La familia pequeña vive mejor’, con imágenes de padres con dos hijos? Con ello en pocos años se logró un control de los nacimientos. En la década de los 60 al 80 disminuyó de casi cinco hijos por familia a menos de tres. Eso fue por la buena campaña, que ya se vio, sí cambia la cultura de la gente, aquí en la lucha contra la violencia de género eso no existe”.

La doctora considera que cualquier gobernante que tome como bandera una campaña de prevención bien planeada podrá combatir graves problemas como la violencia femenil, el suicidio, los derechos de pueblos originarios, derechos de los mayas en la ciudad, pero el dinero público se destina para una estrategia de comunicación gubernamental y repartir apoyos.

Ayuda

Otro rubro donde ella ve una acción limitada es en la atención de víctimas. Son muy pocos los centros de atención que funcionan correctamente y que tienen certificación de sus protocolos. El Ayuntamiento de Mérida tiene el mejor centro de atención y refugio de la mujer violentada, cuenta con asesoría jurídica, médica y psicológica con personal altamente capacitada.

Es un modelo que se debería replicar en el estado y afortunadamente ve con buenos ojos que el gobierno del Estado impulse la creación de institutos de la Mujer en los otros 105 municipios.

El otro refugio para mujeres que funciona con protocolos y programas reconocidos es el que maneja la fundación para la equidad APIS del Sureste, lugar donde el gobierno del Estado asigna a mujeres violentadas.

Sobre la impartición de justicia todavía hay un “cuello de botella”, pero las activistas del frente ya vieron que existe un trabajo en la Fiscalía General para resolverlo.

La última parte de la política pública de la ley de combate a la violencia contra la mujer es la erradicación, para ello se requiere una estrategia transversal de la perspectiva de violencia.

En todas las dependencias de gobierno deberían tener esta perspectiva en sus documentos de trabajo y atención. Sabe que es complicado y costoso, pero es obligación del gobierno.

La doctora Gina realiza conjuntamente con su compañera investigadora de la Uady, la también doctora Rocío Quintal, un libro sobre las expectativas y valores de las yucatecas universitarias, en las entrevistas que realizan perciben un cambio de mentalidad en las jóvenes.

“Poco a poco sucederá este cambio de cultura patriarcal. Quizá sea en la siguiente generación cuando se verán los cambios radicales”, vaticina.

“Las mujeres que nacieron en el año 2000 son las chicas que conocemos y no las entendemos porque ya traen otra lógica. Son las chicas que piensan qué más perderán. Pensábamos que exageraban porque ya no quieren nada con las abuelas, traen otra dinámica, habrá diferencias de lo que piensa una mujer de ahora con la nueva generación”.

“Estamos terminando el libro y, no manches, ellas no creen en el amor romántico porque ya tuvieron desilusiones, o ven que le fue tan mal a la madre o sus vecinas en su matrimonio. Ven la violencia en los hogares y le tienen miedo a una relación de dependencia y romántica. Ellas quieren ser independientes, no se quieren casar, si encuentran una pareja democrática quizá vivan juntos, pero tampoco quieren tener hijos”, revela la investigadora.

“Ellas optan por maternar, como dicen, pero quieren tener algún hijo mediante la adopción para ayudar a tantos niños abandonados que están en condiciones de pobreza y para hacer algo por el mundo y el país”.

La nueva generación 2000 tiene una conciencia social distinta, es una nueva generación que está preocupada por la naturaleza, que está enojada con las generaciones pasadas porque no cuidamos el medio ambiente.

“No quieren comprar ropa nueva, ellas se intercambian la ropa y ya tienen una nueva moda, las jovencitas de hoy dicen ‘para qué comprar más ropa de licra si contribuirá a la contaminación’, mejor venden o intercambian su ropa usada. Traen un rollo de austeridad muy estricta porque no tienen opciones de un buen trabajo”.

“Los de nuestra generación, con la edad ya no tenemos, nada tenemos que hacer ante esta nueva generación de chicas”.

 

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