Con una trayectoria de 40 años en el magisterio, la mayoría ejercidos en comunidades del interior del estado de Chiapas y Yucatán, la vida de la maestra Genny Guadalupe Carrillo Nieves es un cúmulo de experiencia, anécdotas y recuerdos que nos hablan de amor a la docencia, pasión por la educación y entrega al servicio de la niñez.

Por eso, ayer lunes la destacada maestra presentó en el auditorio de la unidad Mérida de la Universidad Pedagógica Nacional el proyecto “Legado de vocación”.

Se realizará en la UPN local en los próximos 10 o más meses, según lo vayan asumiendo los participantes, y cuyo objetivo es estrictamente motivacional, mediante charlas, conferencias y otros acercamientos entre maestros con trayectoria, nuevas generaciones de educadores, alumnos en formación de docentes, público en general y autoridades educativas.

“Cuando cumplí los 40 años en el sistema educativo, me pegunté si había valido la pena el esfuerzo. Al contestarme a mí misma que sí, encontré el respaldo de colegas que me decían que mi vida como docente está llena de grandes momentos, situaciones, hechos y que bien valdría la pena compartirlas en una suerte de sensibilización en torno al trabajo del maestro, que tanta falta hace a las nuevas generaciones de maestros”, comentó la entrevistada.

“Lo académico, mi formación docente, el ejercicio profesional y cómo he vivido en el sistema educativo son algunos de los temas que me gustaría compartirle a los compañeros de la carrera”, agregó.

Egresada de la Escuela “Evelio González Montalvo”, creada por jubilados y pensionados de normales rurales, la institución tenía por objeto abrir una nueva experiencia del sentido social de la educación.

Esta normal nunca tuvo una sede fija, se fundó en la primaria “José Esteban Solís” de la calle 65, posteriormente se mudó al edificio donde hoy se encuentra la academia “Luis Álvarez Barrett”, donde finalmente desapareció cuando llevaba apenas 10 años formando docentes.

De esta institución se graduó la maestra Genny Nieves a los 18 años de edad, logrando su primer trabajo como docente en una pequeña comunidad rural de Chiapas donde no se hablaba español, hecho que transformó por completo su percepción del deber y la educación.

“Uno egresa como maestro y tiene la ilusión de trabajar para transformar a México desde la educación que se imparte a la niñez, conocimientos, academia, cátedra y lo que descubro al llegar a esta comunidad marginada, lejos de todo y al alcance de nada, es que ni siquiera puedo comunicarme con sus habitantes porque no hablaban español”, recordó.

La transformación de sus prioridades fue necesaria, entendió que para encausar sus estrategias educativas no bastaba transmitir conocimiento, sino involucrarse con la comunidad, convivir, conocer, ser parte de ella, aprender su lengua materna y así marcar la diferencia.

Luego de ocho años en Chiapas, regresó a Yucatán e impartió clases en escuelas de Chemax, Itzincab, Bolom, Kanasín, Chuburná, hasta que luego de 28 años de labor concursó para un ascenso con el que obtuvo el cargo de directora y la supervisión de varias escuelas.

“En muchos momentos estuve a punto de tirar el arpa, no solo porque es difícil educar en medio de limitaciones y carencias, a esto se sumaron cambios en el sistema, la aplicación de programas distintos, las diferenciación de salarios que crean conflictos en el personal docente de las distintas generaciones y formaciones, los conflictos que traen consigo la pérdida de la armonía, los roces con los padres de familia; con todo eso hay que lidiar y continuar”, comentó.

Con todo lo anterior, la maestra Carrillo Nieves aún no piensa en la jubilación.— Emanuel Rincón Becerra

“Estoy convencida de que la tecnología es una valiosa herramienta para la educación, pero como todo es necesario capacitar a quien la usa para darle un fin adecuado y apropiado, de otro modo la tecnología mal empleada es un arma que causa mucho daño”, advirtió.

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